Espionaje aéreo contra Cuba

El inicio de los vuelos espías sobre nuestro país se remonta a los primeros años de la Revolución. Documentos desclasificados de la CIA revelan que en el verano de 1960, esa agencia solicitó al Grupo Especial del Consejo de Seguridad Nacional que aprobara los vuelos de los aviones U-2 Dragon Lady sobre Cuba.

Esos vuelos, realizados en octubre y noviembre de 1960, recibieron el nombre clave de Operación KICK OFF , y su objetivo era obtener información de inteligencia sobre el despliegue y el nivel de disposición combativa de las unidades aéreas y terrestres de Cuba, y proveer datos geográficos para escoger el lugar por donde se llevaría a cabo la invasión mercenaria que estaba en preparación.

En vísperas de la invasión por Playa Girón, un destacamento de aviones U-2 realizó quince sobrevuelos a nuestro país. Estos continuaron días después de la aplastante derrota de los invasores.

El episodio más relevante en relación con los vuelos de espionaje ocurrió durante la Crisis de Octubre de 1962, cuando un U-2, violando nuestro espacio aéreo el 14 de octubre, descubrió los cohetes de alcance medio en Cuba. Posteriormente, casi al final de la crisis, uno de esos aviones fue derribado mientras volaba sobre Banes, en la antigua provincia de Oriente.

Además de los U-2, contra Cuba han operado casi dos decenas de aviones espías de diferentes tipos, incluidos los supersónicos SR-71 Black Bird, bajo el llamado proyecto Skylark, que relevaron a los U-2 en la década del setenta y violaron sistemáticamente nuestro espacio aéreo, rompiendo la barrera del sonido en múltiples ocasiones.

Los aviones espías se dividen en dos grandes grupos: los de reconocimiento de imágenes (fotográfica, infrarroja y por radar) y los de exploración radioelectrónica.

El adelanto tecnológico alcanzado por las fuerzas armadas de Estados Unidos, permite que los aviones espías puedan cumplir sus misiones sin necesidad de penetrar en los límites de nuestro espacio aéreo. Esos son los casos de los aviones EC-121, RB-47, RC-130, RC-135, EP-3, TR-1, RC-12, RU-21 y otros, algunos de los cuales realizaron misiones de espionaje contra Cuba en décadas pasadas.

En julio de 1999, cuando tuvo lugar la Demanda del pueblo de Cuba al gobierno de los Estados Unidos por daños humanos, los vuelos espías contra el Estado cubano sumaban más de ocho mil 626. De ellos, más de mil cuatrocientos fueron sobrevuelos a nuestro territorio. En 1971, uno de los años de mayor actividad, efectuaron cuatrocientos vuelos. Ello representa más de uno diario, como promedio.

A partir de la década del noventa, disminuyó la frecuencia de los vuelos de espionaje contra Cuba. Esto no significa que se haya reducido la exploración, sino que ampliaron las posibilidades técnicas de los medios de espionaje, dotados con radares de barrido lateral, que le posibilitaron explorar países adversarios sin sobrevolarlos. Añadieron además, sensores en los satélites espías KH-11 Key Hole, Lacrosse y otros, los cuales se mantienen operando ininterrumpidamente.

Aunque el empleo de aviones sin piloto no es nuevo en las actividades de espionaje por las fuerzas armadas de los EE.UU., en las últimas dos décadas han introducido en sus inventarios nuevos modelos de diferente designación, empleados masivamente en las últimas guerras en las que están enfrascadas -Afganistán e Iraq-, lo cual les posibilita obtener datos de inteligencia de las naciones hostiles, sin exponer a sus pilotos.

EE.UU. mantiene en operación, además de decenas de satélites, más de cien aviones espías de diferentes tipos y más de 150 aviones sin piloto (grandes), utilizados en las guerras que desarrollan en la actualidad y para explorar algunos de los oscuros rincones del planeta, como denominó Bush a los países y regiones que se oponen a los intereses hegemónicos del imperio.

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