La mirada sagaz II parte

Por capitán Boris E. González Abreut / 10-07-2019

El apartamento está pintado de blanco. Sus paredes semejan un extenso lienzo donde resaltan pinceladas de afamados artistas, entre ellos, Flora Fong con sus paisajes autóctonos, girasoles... A Marta le gustan las artes plásticas. Tiene obras de artesanía situadas por toda la casa. Otros de sus placeres son: el cine, el mar, nadar, la música y el baile. Si no hubiera sido por aquellos carnavales santiagueros del juicio se conocerían pocos detalles.

Si algo no puede faltarle es un libro. La lectura la llena de oxígeno, al igual que conversar. Necesita comunicarse constantemente. Quizás en la sala realice tertulias porque entre sillones, butacas y demás muebles pueden sentarse doce personas.

Ante la simple pregunta da respuestas largas. Ve al periodista que tiene delante como a uno de sus alumnos y también lo interroga. Tal vez de realizar tantas coberturas junto a Fidel tomó el hábito de tantear a su interlocutor. El joven periodista aprovecha y lanza incógnitas, por muy ingenuas que parezcan, sabe que serán respondidas por consideración o porque a Marta le resulta ajeno el silencio.

En 1965 fue como corresponsal de guerra a Vietnam, la primera profesional latinoamericana del gremio en acudir a ese escenario y la segunda del mundo. Además, presenciaría la ayuda vietnamita que contribuyó al fin del régimen de Pol Pot en Cambodia. De aquella experiencia le comentaría al periodista:

—Cuando llegué por primera vez al sur de Vietnam, donde estaba el Estado Mayor del Frente de Liberación Nacional, enfrentando a los norteamericanos, compré un par de tenis, mochila, cámara fotográfica, grabadora…, pero me dijeron que no valía la pena llevar estas cosas por las condiciones difíciles del frente. Las lluvias y el cruce por los ríos las echarían a perder. Muchas las dejé en la selva.

“Usábamos sandalias para que se secaran rápidos los pies. Esto afectaba al enemigo porque las botas que usaban guardaban la humedad. De las libretas de apuntes solo salvé una. Me habían dicho que la memoria sería lo último que perdería y debía ejercitarla. Vería y escucharía cosas que tendría que recordar”.

Cumplió dos funciones en la tierra de Ho Chi Minh: la de reportera y la de atender lo vinculado con la divulgación del acontecer del país a petición de la heroína del Moncada Melba Hernández Rodríguez del Rey, quien era presidenta del Comité Cubano de Solidaridad con esa nación asiática. Después del triunfo sobre las tropas estadounidenses, en 1975, la organización llevaría su apoyo hasta Laos y Cambodia. Todavía hoy Marta es vicepresidenta de la Asociación de Amistad Cuba-Vietnam.

La semana de la resistencia

Cuando estudiante hizo prácticas en un canal de televisión dedicado al deporte, atendiendo la sección del fútbol, específicamente, el rugby. Este parecía ser su futuro profesional. Sin embargo, ella prefería leer, leer y escribir. Comenzó la labor periodística en Bohemia, al terminarse los sucesos del Moncada. Luego trabajaría en el diario Revolución.

En 1959 Raúl Castro, entonces comandante del Ejército Rebelde, le pidió su colaboración para fundar un periódico militar, Verde Olivo, que después pasaría a formato revista. Estaría alrededor de un año y seguiría publicando en esas páginas, de manera esporádica, por muchos más.

Lo aprendido en las prácticas le permitió realizar documentales en el equipo de los directores José Maldavsky y Gonzalo Arijón, para la televisión francesa, y en el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos junto a Santiago Álvarez, quien llevó al cine su novela testimonio La cueva del muerto, que por sí sola es una obra cinematográfica.

—Casi nadie tenía bien claro lo que pasó en la semana del 26 de julio al 1o. de agosto de 1953, que capturan a los moncadistas. A ese período lo llamo La semana de la resistencia.

“Los asaltantes sobrevivientes, durante su huida, recibieron la ayuda de muchos pobladores de los alrededores de Santiago de Cuba. Conocía a algunos por la tradición oral, los entrevisté y me mencionaron a otros implicados. Luego del triunfo cubano de 1959 los volví a contactar. Estuve en los lugares que describo, lo cual me posibilitó mayor veracidad en las historias. Es una novela por la estructura. Narro varios sucesos en un mismo momento”.

Dentro de su obra testimonial también encontramos Tania, la guerrillera inolvidable en coautoría con Mirtha Rodríguez Calderón. Homenaje a Haydée Tamara Bunke Bíder, quien perteneció a la guerrilla de Ernesto Guevara de la Serna, Che, en Bolivia y cayó en combate. Otro libro del género es El que debe vivir, Premio Casa de las Américas 1978, que aborda la figura de Abel Santamaría Cuadrado, segundo al mando de las acciones del Moncada y que sostuvo, en ese hecho, un combate con su grupo desde el Hospital Civil Saturnino Lora de Santiago de Cuba.

La galardonada con el Premio Nacional de Periodismo José Martí, sin dejar a un lado la vida reporteril, ha plasmado su creatividad en la literatura de ficción y suma seis novelas: El columpio de Rey Spencer, Santa lujuria, El harén de Oviedo, El equipaje amarillo e Inglesa por un año, la cual obtuvo el Premio Alejo Carpentier.

Las campanas de Juana la Loca es la última. Trata sobre las minas del Cobre, primeras en descubrirse en América. Juana, la Loca** ordenó que se explotaran con la intención de hacer campanas para las parroquias del Nuevo Mundo. Me propuse abordar en las novelas temas de la historia de Cuba poco conocidos.

Serena, imperturbable

Marta es negra, mulata, india. Oriunda de Santiago de Cuba. Baja de estatura. Luce cabello corto, algo despeinado, con aire juvenil. Cuando levanta la cabeza y sonríe, de perfil, parece una vedette. Ante situaciones complejas asegura no afligirse. Se impone. Siempre ha sido así.

—Todos los momentos son difíciles, depende de uno la manera de asumirlos. Supero el miedo. No tengo capacidad de asombro. Acostumbro a convertir el revés en victoria. Si algo sale mal digo: Ahora lo voy a hacer mejor —le expresa al periodista con una voz serena, imperturbable, sin dar margen a otro intento de hurgar en su interior.

El color amarillo del pulóver que viste resalta en ella. De ese matiz son los pendientes, las sortijas en el dedo anular de ambas manos…

—¿Le gusta lo dorado?

—¿El oro? Sí —y comienza a reír levantando la cabeza mientras acaricia la sencilla cadena que lleva en su cuello con la mano izquierda. Sostiene el dije con forma de elefante.

Me lo regalaron los amigos vietnamitas —refiere.

—Lo digo por la combinación de su ropa con las joyas —aclara el periodista.

—El problema es que en mi familia todos eran modistas; sastre. Espérate…

Se levanta del balance y va al dormitorio. Regresa con unos zapatos rojos con pasadores dorados.

—Estos eran los que tenía puesto cuando salí por la mañana

—ahora lleva unas zapatillas negras— y las hebillas combinan con los botones de la zaya —de mezclilla azul— y las prendas. Si no se tienen esos detalles uno parece un remendado—dice medio risueña.

—Una última pregunta —expresa el joven— ¿por qué siempre ha firmado sus obras como Marta Rojas y no con el nombre completo?

—Porque es corto. Los nombres largos son muy pesados de aprender, salvo excepciones. Además, se dice más rápido que Marta de la Ascensión Rojas Rodríguez.

Nota:

*Juana I de Castilla, la Loca, segunda hija de los Reyes Católicos, nació en Toledo el 6 de noviembre de 1479. En 1504 es nombrada reina de Castilla hasta su muerte en 1555.

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