La Habana en sus 500

Fotos y texto: Roberto Garaicoa Martínez / 03-06-2019

Cinco siglos cumple nuestra capital. Ocasión para disfrutar de los múltiples eventos que inundarán de fiesta y música a muchos de sus rincones, pero, sobre todo, para conocer el corazón de esta ciudad que, sin perder su encanto anacrónico, lleva tiempo embelleciéndose con parte de su patrimonio monumental rehabilitado.

“Habana, porque tu perfume tan extraño me apasiona”. Estas palabras de Fito Páez, músico argentino, a la capital de los cubanos evoca la intensidad que despierta la Mayor de las Antillas. Sobre todo su corazón, la llamada Habana Vieja, dueña y señora de un encanto y un ambiente único que se siente, aún más, cuando nos asomamos al balcón que mira al océano de su Malecón.

A La Habana solo se la puede querer con intensidad y a primera vista. Todo se lo ofrece al que se asoma a su alma. Los habaneros improvisan un fandango, una conga...

Se observan tan bien acotada por un coqueto entramado de callejas empedradas y plazas: la Plaza de Armas, la más antigua; la de la Catedral, a apenas unas cuadras, rodeada de mansiones del XVIII, y la de San Francisco y la Plaza Vieja.

Muchas de sus fachadas coloniales, sus caserones de galerías porticadas, balaustradas y columnas, además sus patios casi sevillanos se han remozado para la celebración, aunque siguen conservando ese aire deliciosamente viejo.

El Malecón, ese balcón al Océano de cinco kilómetros de largo, invita a sentarse a refrescar el calor, conversar de todos los tópicos inimaginables o a las parejas jurarse amor eterno.

Esa es nuestra Habana, legendaria y llena de historia.



La Habana en sus 500.
El Capitolio de La Habana.
Espacio para la cultura en la Plaza Vieja.
El Morro.
La Plaza de San Francisco de Asis.
El banco más largo, el Malecón habanero.
El Arco de Belén.
Calle del casco histórico.
Otra vista del Morro y el Malecón habanero.
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