Yo fui el primer fotógrafo de Verde Olivo

Por: Héctor Arturo / 28-05-2019

El mayor (r) Perfecto Romero Ramírez fue el fotógrafo de la columna 8 del Ejército Rebelde que se incorporó a la revista desde su fundación, y antes, sin saberlo, había sido ya corresponsal de guerra.

La vida coloca a veces a las personas en situaciones [difíciles]*en las cuales el vocablo [para describirlas]* es inexistente. Y tal situación la tuvo que enfrentar Perfecto Romero en varias ocasiones.

Primero fue cuando se le ocurrió venir al mundo el 25 de enero de 1936, como el último de 14 hermanos, allá, en la pequeña finca La Sierrita, cercana a Santa Clara.

Después le sucedió siempre que toda la familia se veía obligada a liar los matules y desandar caminos polvorientos o fangosos, para asentarse temporalmente en otras zonas […]

Más tarde tampoco pudo negarse a laborar en el campo, […] pues había que llenar demasiados estómagos, y ya él era todo un hombre de ocho añitos. Nada de libros, libretas ni lápices. Y mucho menos juguetes.

Corrían malos tiempos con peores gobernantes […] la situación era como para no recordar, porque nada hay más malo en este mundo que acostarse con las tripas interpretando un concierto, solo acalladas por un mendrugo o un trozo de boniato, en ocasiones inexistentes en las casas humildes.

Perfecto aprendió a leer y a escribir cuando ya sobrepasaba los diez años […]

Nunca supo hasta cuál grado escolar llegó, porque no había exámenes ni pruebas, pero sí mucho conocimientos imprescindibles para enfrentarse a la vida.

Cuando Fulgencio Batista dio el golpe de Estado en 1952, acababa de cumplir 16 años. Tras el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, no vaciló en incorporarse a la gesta revolucionaria, como miembro de una célula del Movimiento 26 de Julio […]

Ya había sido campesino, limpiabotas y aprendiz de cuanto apareciera: chapistería, carpintería... “Pero nadie tenía dinero para hacerse un mueble […]

“Lo de la fotografía era distinto, pues la gente que daba fiestas en su casa o en los salones privados sí tenían con que pagar esos lujos.

“Y yo caminaba y caminaba quilómetros y quilómetros para fotografiar a las parejas en un baile de sociedad, una boda, un bautizo o un cumpleaños.

“[…]”

[…] la situación continuó empeorando. Los crímenes de la tiranía estaban al orden del día y los combates del Ejército Rebelde contra las tropas de la dictadura se habían trasladado desde la Sierra Maestra hacia el centro del país, con la llegada de las columnas invasoras dirigidas por los comandantes Camilo Cienfuegos y Ernesto Che Guevara.

A fines de octubre de 1958, El Perfe fue orientado por su jefe en el 26 de Julio, a incorporarse a la tropa del Che junto a otros jóvenes de la zona, con el objetivo de reforzarla.

Sin pensarlo dos veces, partió con su cámara y ocho o diez rollos fotográficos en busca de los rebeldes. Si la guardia rural lo atrapaba, la evasiva hubiera sido decirles que andaba buscando bautizos, matrimonios o cumpleaños para retratarlos y buscarse algo.

Mas ya los soldados batistianos casi no salían de sus cuarteles, después de las derrotas sufridas ante el Ejército Rebelde, y en la zona de Santa Lucía, como a veinte quilómetros de Cabaiguán, topó con una avanzada de la Columna 8.

Lo primero, tras los saludos fue fotografiar a aquellos barbudos junto a una palma atravesada en la carretera para impedir el paso del ejército. Sin embargo, dos aviones B-26, bombardeando y ametrallándolo todo, casi logran que aquellas imágenes hubieran sido las últimas.

Una enorme ceiba fue su refugio y al concluir el ataque se percató de un perro asustado que lo había acompañado durante el bautismo de fuego.

Poco después, dos oficiales del Ejército Rebelde lo trasladaron hacia el campamento de la Columna en Los Gavilanes. Al llegar le dijeron: “aquel que está sentado allí es el Che; ve y preséntate, y a lo mejor te acepta”.

Se acercó y escuchó al Che conversar, uno por uno, con otros jóvenes que también habían sido enviados a reforzar su Columna.

Las preguntas y respuestas, y las indicaciones del Che, siempre eran las mismas:

“¿Trajiste algún arma…?”

“No, Comandante…”

“Pues andá y buscáte una, que aquí hay muchos hombres y muy pocas armas…”

El Perfe se acercó y la plática fue similar.

“Pero me salvó mi camarita. Che, fotógrafo muy bueno, enseguida comenzó a conversar conmigo acerca de mis experiencias en este oficio. Le dije la verdad y me habló de la importancia de dejar constancia gráfica de aquella contienda.

“Incluso me dijo que entre sus planes se concebía editar un periódico en esa zona, para informar al pueblo la verdad de todo lo que ocurría.

“Me dijo que su cámara se había descompuesto durante la Invasión y recordó pasajes de su actividad fotográfica en México y otros países latinoamericanos; me contó que él había comenzado también como yo, para ganarse la vida.

“Entonces me ordenó que sería el fotógrafo de su Columna. Le expliqué que yo había sido enviado a reforzar su tropa para combatir y no para fotografiar, y me respondió que en la guerra cada combatiente tiene una misión que cumplir: unos disparan, otros curan a los heridos, cosen las ropas, arreglan los zapatos, cocinan o custodian a los prisioneros, y que la mía era fotografiar y punto.

“Así, sin saberlo, me convertí de pronto en corresponsal de guerra, nada más y nada menos que a las órdenes del Comandante Che Guevara.

“Ordenó que se me diera dinero para que en Sancti Spíritus comprara lo necesario para preparar un buen estudio fotográfico. Uno de sus oficiales, el también combatiente internacionalista caído en Bolivia, Orlando, Olo, Pantoja, me entregó quinientos pesos […]

“Ya se iban tomando uno a uno los poblados de Santa Clara. Capté imágenes de los combates de Zulueta, Guinía de Miranda, Fomento, Cabaiguán y otras localidades […]

“Pero sí marché hacia La Habana con la columna 8 y entré en la cabaña, junto al Che y sus rebeldes, el 2 de enero de 1959”.

A los pocos días, […] fue enviado al departamento de Prensa y Radio de la Marina de Guerra, donde […] le entregaron equipos y otros medios necesarios, y pudo fotografiar toda la épica de los primeros días del triunfo revolucionario.

El tiempo transcurrió deprisa, y a comienzos de abril, uno de los ayudantes del Che le informó que el Comandante pensaba editar de inmediato el periódico del cual le había hablado; le indicó que se trasladara hacia Ciudad Libertad, para ponerse a las órdenes del capitán Sidroc Ramos, del departamento de Instrucción del Ejército Rebelde, encabezado por el Che.

“Sidroc me explicó la idea y allí vi nacer a Verde Olivo y lo que es actualmente el Instituto de Arte e Industria Cinematográficos, el ICAIC, pues los pocos cineastas de la época se habían incorporado a aquel proyecto y realizaron varios y valiosos documentales y películas.

“En Verde Olivo no había cámaras ni transporte, y ni siquiera teníamos presupuesto. Recuerdo que Camilo entregó su primer salario como Jefe del Estado Mayor, lo cual imitamos nosotros para sufragar los gastos de la impresión.

“Revelábamos e imprimíamos en el departamento de Prensa y Radio del antiguo ejército […]

“Al fin, el 10 de abril de 1959, salió la primera edición de Verde Olivo, nombre propuesto por un español combatiente de la Guerra Civil y que fue aceptado por el Che, ya que era el color de nuestro uniforme y el símbolo de la Revolución.

“Cambiamos a cada rato de locales: Ciudad Libertad, el desaparecido Buró de Represión de Actividades Comunistas, La Habana Vieja, Infanta, y en 1961, nos asentamos en su sede actual compartida desde entonces con la ya centenaria revista Bohemia.

“Antes, en 1960, se habían incorporado como fotógrafos […] Gilberto Ante y Sergio Canales, […] Pero con orgullo puedo decir que el primer fotógrafo de Verde Olivo fui yo, y la permanencia en esta revista ha constituido la mejor escuela de toda mi vida.

“Trabajábamos mucho y prácticamente vivíamos en sus locales. De vacaciones, ni hablar. Cuando contraje matrimonio, en 1962, le pedí un descanso al director para la luna de miel y su respuesta fue muy rápida y sencilla: vete por cuatro días…

“En Verde Olivo, donde todos hacíamos de todo y éramos una gran familia, tuve la oportunidad de relacionarme con los principales jefes de la Revolución y de cubrir importantes actividades, especialmente con el General de Ejército Raúl Castro Ruz.

“Fui fotorreportero en la Lucha Contra Bandidos, en enfrentamientos a grupos de infiltrados de la mafia miamense, en incontables ejercicios y maniobras militares, en Angola, en cortes de caña y otros trabajos voluntarios y cubrí las incidencias del vuelo conjunto espacial cubano soviético, en el cual viajó nuestro compatriota Arnaldo Tamayo Méndez.

“En 1986 pasé a la jubilación con el grado de mayor de las FAR, y me incorporé a la redacción de la publicación humorística Palante, también como fotógrafo, y allí permanezco […]

“En Verde Olivo, desde abril de 1959, estuve 27 años, que reitero, son los mejores de mi vida y los más inolvidables […]”.

Nota: Se respetó la ortografía y redacción del original.

*Nota del editor.

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