Pasiones de Celia

Por capitán Sonia Regla Pérez Sosa / 08-05-2019

Todo recuerdo y amor. Así podría definirse el libro de Eugenia Palomares Ferrales: Celia. Mi mejor regalo, realizado por la Casa Editorial Verde Olivo en 2015.

Una obra en la cual la autora evoca cómo la Heroína de la Sierra Celia Sánchez Manduley, enrumbó su vida “y enderezó no solo mi cuerpo deformado de niña, sino también mi entendimiento y espíritu, vírgenes aún cuando me trajo para cumplirle, a su compañero de combate —mi padre—, la palabra empeñada” .

Así se muestra una de las facetas más importantes y poco conocidas en la vida de la guerrillera, que, a pesar de sus obligaciones después de 1959, se responsabilizó con la educación de varios niños, hijos o no de mártires de la Sierra Maestra, a quienes había bautizado al nacer o sus progenitores se los encargaron “para formarlos como personas de bien”.

Entonces, lo que empieza siendo un recuento personal, se amplía, y las evocaciones adquieren edades y sexos diversos, en dependencia de los participantes en cada tarea y las miradas de estos.

Mas todos hablan con orgullo de su Celia, fundamentalmente después de convertirla en mamía, manina, tía o madrina, en aquella casa de la calle 11 del Vedado habanero transformada en su hogar. Allí, donde aprendieron de respetos y costumbres, disciplina y libertades, sueños y fidelidades, desintereses y atenciones.

Recopilar los testimonios de quienes como Palomares Ferrales, crecieron al abrigo de esta mujer; o de aquellos que interactuaron con la combatiente, hermana, amiga, compañera, jefa, por la que toda Cuba sentía un cariño especial, plantea la creadora ser de las tareas difíciles pero más placenteras realizadas.

Apreciamos asimismo, la capacidad de la heroína de alargar las horas y los días de la semana, hasta hacer perder —a sus seres queridos y lectores—, el orden de los actos, pero no la esencia de cada labor, la cual prevalece en esta investigación.

Constituye este texto, además, la vía imperecedera encontrada por la autora para enseñar a los descendientes su procedencia, y, al mismo tiempo, mostrarle a su madrina “esté donde esté”, los logros de todos esos pequeños que la vieron enorgullecerse por tenerlos y quererlos “como regalos de la vida”.

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