Puro Che, Arte, ciencia y sentimiento

Por Lucía Caridad Sanz Araujo / 16-10-2018

Fue un poema, un muy conocido poema de Nicolás Guillén: Che comandante, amigo, el que inspiró al artista Milton Bernal Castro para nombrar a su saga de retratos dedicados al Guerrillero Heroico.

“Juego con un doble significado, por una parte, los versos del Poeta Nacional, y por otra, con uno de los materiales que utilizo: las hojas de tabaco cubano natural”, dice mientras nos muestra toda una galería realizada a partir de las fotografías tomadas por verdaderos maestros del lente —forman parte indisoluble de la iconografía de la Revolución Cubana—, imágenes que cobran con su sensibilidad, modo de hacer y talento, una nueva vida.

“Me apropio de estas fotos y mediante mi pintura intento darle un significado nuevo. Ello resulta complicado por distintas razones, una de ellas es que cada persona, en particular los cubanos, es un crítico, todo el mundo se torna un evaluador de tu obra, con su propia percepción del Che, de su Che”.

En 2006 el artista, autodidacta, de fina sensibilidad, oriundo de la villa de Guanabacoa, realizó la primera pieza dedicada al héroe indiscutible de Santa Clara. Seleccionó, entonces, la archiconocida foto de Alberto Díaz Korda, y puso manos a la obra. Una vez, dos, muchas veces hizo, rehízo y volvió a rehacer su creación primigenia dedicada y representativa del argentino-cubano. Ello pone de manifiesto dos características esenciales de Bernal Castro: su búsqueda de la perfección, así como su perseverancia; ambas se aúnan y dan como resultado piezas vivas, auténticas. Su serie Puro Che es muestra fehaciente de ello.

CIEN POR CIEN CUBANAS

Nos referíamos al inicio a uno de los materiales empleados por Milton, se trata de hojas de tabaco natural, mas no de un tabaco cualquiera, sino del cubano, considerado desde hace siglos el mejor del orbe.

Alguien, desconocedor, podría pensar en un arte efímero dadas las características de las hojas —igual sucedería con otras partes de cualquier planta (flores, frutos, tallos, raíces)— sometidas a los embates del tiempo, sin embargo…

“Procesamos las hojas con mucílagos y otros compuestos químicos que permiten su conservación, plasticidad y pigmentación. ¿La fórmula? es una preparación de un bioquímico amigo, se trata de un secreto que ambos guardamos muy bien”.

“Con dichas hojas ya tratadas realizo incrustaciones en algunos elementos de la composición del cuadro. Puedo decir, sin presunciones, que mis obras son arte: incluso antes de comenzarlas —asegura el creador—, porque las pinturas al óleo con las incrustaciones de las citadas hojas las hago sobre cartulinas a partir de fibras vegetales recicladas, fabricadas en el taller de papel manufacturado radicado en La Habana Vieja, perteneciente a la Oficina del Historiador.

“No exagero al decir que cada pieza adquiere un carácter único”.

Al indagar acerca de por qué la imagen del Guerrillero Heroico resulta recurrente en su quehacer, Milton, locuaz, responde presto: “El Che es un hombre que los cubanos identifi camos como nuestro, tanto es así que casi olvidamos que es argentino.

“Me fascina su presencia en un gran número de fotografías de los primeros años de la Revolución, como las de Liborio Noval y, especialmente, aquella legendaria de Korda, considerada, según dicen, la segunda más reproducida del mundo”.

China, Austria, Francia, España, México, Rusia, Alemania, Hungría, Panamá, colecciones privadas, Casas del Habano en otros países y, por supuesto, Cuba, han servido de escenario para difundir a los cuatro puntos cardinales las piezas de Puro Che en las cuales arte, ciencia y sentimiento se dan la mano.

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