Tumbasiete. Una escuela revolucionaria

Por: Georgina Duvallón / 17-09-2018

Al conmemorarse, próximamente, el aniversario 60 de la revista Verde Olivo, sus integrantes hemos querido rescatar algunos trabajos que por la trascendencia del tema merecen ser leídos una vez más.

Aquí le proponemos una historia de lomas y saberes, relacionada con las actividades que se desarrollaron en el Segundo Frente Oriental Frank País, específicamente, vinculada con la Escuela de Capacitación Cívica José Martí, que funcionó en un sitio conocido por Tumbasiete.

La labor realizada por este centro fue altamente satisfactoria. De sus cursos egresaron hombres que sumaron a su valiente decisión de combatir por restituir la libertad a la Patria oprimida, la certeza de conocer la verdadera necesidad de la lucha.

La primera escuela

Transcurría el segundo año de la lucha insurreccional en las montañas.

El Segundo Frente Oriental Frank País acorde con el pensamiento de su jefe comandante Raúl Castro, funcionaba como un verdadero estado.

La comandancia central, regía todas las actividades del Segundo Frente y junto a ella funcionaban los distintos departamentos.

El Departamento de Educación fue el encargado de crear escuelas para enseñar a leer a las tropas rebeldes, a los adultos y a los niños de aquellos contornos. Más de doscientas escuelas oficiales que se encontraban inactivas por falta de maestros, muchos de los cuales vivían en las ciudades, fueron puestas a funcionar y se crearon además 300 aulas.

Estos datos demuestran claramente la preocupación que siempre existió -aún en los días de lucha- en nuestros líderes de proporcionar los medios de superación cultural al Ejército Rebelde y al pueblo en general.

Junto a este criterio prendió la idea de crear una escuela que sirviera para ampliar estudios a los rebeldes, de manera que los hombres que formaban el Ejército Rebelde, -campesinos en su mayoría- supieran el verdadero objetivo de su lucha; pues muchos sabían que debían pelear contra la tiranía por lo que significaba, pero no tenían una convicción clara de la mecánica, y curso de una revolución verdadera. Este desconocimiento era notorio aun en los propios estudiantes combatientes, por la mixtificación que se le daban a los problemas históricos y geográficos de Cuba.

Por esta razón el jefe del Segundo Frente Oriental Frank País, comandante Raúl Castro concibió la idea de crear una escuela para impartir conocimientos sobre los problemas de la Revolución al Ejército Rebelde, a fin de convertir a los combatientes en revolucionarios conscientes.

Funcionamiento

El sitio escogido para el establecimiento de esta primera escuela de Capacitación Cívica -o escuela para Maestros de la tropa Rebelde- como originalmente se llamó, fue un lugar conocido por Tumbasiete, regado por las aguas del río Mayarí, a unos quince o veinte minutos en yipi del pueblo de Mayarí Arriba.

Se le llamó José Martí porque la esencia de la doctrina que allí se impartía era martiana.

Para integrar el alumnado se seleccionaron integrantes de las distintas columnas del Segundo Frente; muchos extraídos de las propias trincheras de combate; con la finalidad de prepararlos, de manera que al regresar a su columna y territorios donde operaban, fungieran de maestros sin perder su condición de combatientes, pues la tarea la realizaban en las avanzadas, en las trincheras o en lugar donde estuvieran combatiendo.

Hay que destacar que los primeros soldados rebeldes que fueron escogidos para participar en los cursillos lo tomaron con desagrado, ya que para un rebelde el peor castigo era que le negaran la posibilidad de combatir; por lo cual la aptitud en un principio no era de mucho agrado ni para la escuela ni para los profesores. Sin embargo al concluir los cursos, la aptitud había cambiado totalmente y todos se mostraban muy agradecidos, porque habían tenido la oportunidad de comprender los verdaderos motivos de su lucha.

Así, al regresar a sus respectivas unidades se sentían orgullosos de haber sido seleccionados y poder comunicarles a sus compañeros los conocimientos adquiridos. La razón de dicho orgullo se comprende fácilmente; serían los pioneros de la patriótica tarea de ir haciendo conciencia Revolucionaria, divulgar los objetivos de la lucha, dar a conocer las metas de la revolución lo cual le daba nuevos bríos para arreciar su acometividad en el combate y ser en lo adelante los más esforzados soldados de la Patria.

Materias de estudio

Componían el cuadro de las materias impartidas, Historia de Cuba, Geografía, Economía, Cívica Martiana, Problemas y objetivos de la Revolución Cubana y Derecho Constitucional.

Luego la asignatura de Derecho Constitucional se suprimió y en su lugar se introdujo la Reforma Agraria, que por su importancia merecía un estudio especial.

En general estas asignaturas no se mantenían estáticas, pues las experiencias más importantes del diario acontecer eran incorporadas, de modo que los alumnos que pasaban el curso pudieran tener perfecta comprensión de todo el desarrollo de nuestra Revolución.

En la escuela de Tumbasiete, se utilizaban frecuentemente el método de las mesas redondas, para analizar acontecimientos políticos pasados o presentes y en general el aprendizaje estaba caracterizado porque todas las cuestiones se plateaban y resolvían en un ambiente de libertad y todos los alumnos participaban de manera activa en las discusiones.

La escasez de textos

Uno de los mayores problemas que confrontaron los organizadores de la primera escuela de Capacitación Cívica, fue la escasez de textos apropiados, debido a las dificultades antes mencionadas; sin embargo, cuando el centro comenzó a funcionar todas las materias ya habían sido impresas en mimiógrafos, las cuales se les facilitaban a los alumnos.

Entre los textos escogidos se encuentran el de Geografía del capitán Núñez Jiménez y los folletos de Historia de Cuba de Emilio Roig de Leushering.

La escuela de Capacitación de Tumbasiete, funcionó por espacio de tres meses consecutivos y los cursos intensivos duraban quince días, sólo eran alterados por la presencia maléfica de los aviones de la dictadura; ya que Mayarí Arriba, era bombardeado casi a diario, porque existía la confidencia de que allí estaba la Comandancia del Segundo Frente.

Fueron profesores de esta primera escuela Vilma Espín de Castro, el ingeniero Manuel Cruz Muñoz, el doctor Juan Escalona, capitán del Ejército Rebelde; las doctoras Zoila Ibarra y Asela de los Santos, así como Ramona Ruiz; teniente Jorge Risquet y como director el capitán José Causse.

Al finalizar los cursos se entregaban diplomas que iban firmados por el capitán Causse y por el comandante Raúl Castro como jefe del Segundo Frente Oriental Frank País.

Muchos de los compañeros que pasaron por esta escuela piloto, tuvieron oportunidad de poner en práctica los conocimientos adquiridos, al intervenir como poder moderador en los problemas laborales que surgían en las fincas de los alrededores; además de asistir a las concentraciones revolucionarias que se daban en esa parte del territorio libre de Cuba.

Cuando las tropas rebeldes iniciaron la ofensiva y de las lomas bajaron primero a los llanos y después a los pueblos, la escuela de Tumbasiete fue trasladada al poblado de Songo, y los trabajos para ponerla a funcionar estaban tocando a su fin, cuando se produjo la estrepitosa caída de la dictadura, por lo cual allí no se puso en marcha.

Casi inmediatamente la escuela José Martí fue nuevamente trasladada hacia Santiago de Cuba en el reparto Ciudamar, donde continuó trabajando y de cuyas promociones salieron los maestros que luego fueron a construir nuevas escuelas en los distintos escuadrones, hasta Camagüey.

Un hecho que se puede tomar, para señalar la diferencia ostensible que se aprecia en la conducta de los compañeros que han pasado el curso y los que aún no lo han hecho, es lo ocurrido en los distintos campamentos rebeldes, cuando se supo la noticia de la huida cobarde del tirano en la madrugada del primero de enero de 1959.

Los que no habían pasado el curso mostraron su alegría con júbilo extraordinario en los otros la noticia fue acogida con mesura, calculando lo que podía ocurrir detrás de aquella escapada y en el mejor de los casos disponerse acometer las grandes tareas de la paz, la verdadera Revolución.

Referencia:

-Duvallón, G. Tumbasiete, Verde Olivo, Ed. 1, 17 de marzo de 1960, pp. 14 y 15.

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