Perenne símbolo de lucha

Por primer teniente Dalia Isabel Giro López / 13-09-2018

Para evocar al hombre que murió el 10 de septiembre de 1979, no basta pensarlo solamente como el mandatario de la nación angolana; sino también como el médico y el excelso poeta que reveló en su prosa el sentir más profundo del pueblo.

Fue precisamente la publicación de poemas patrióticos, una de las actividades revolucionarias por las que Agostinho Neto sufrió detención en tres ocasiones durante sus años de estudiante.

A la edad de 25 años partió a Portugal para matricularse en la Facultad de Medicina, antes había reunido dinero durante un largo tiempo, con el propósito de preservar el sueño de convertirse en médico.

Tras colaborar en 1955 en la fundación del Movimiento Popular Para la Liberación de Angola (MPLA) regresó a su país cuatro años más tarde, como funcionario del Servicio Sanitario Colonial Portugués y por un periodo, laboró como asistente en un leprosario.

Por su militancia anticolonialista resultó nuevamente prisionero en 1960 y deportado, primero a las islas de Cabo Verde y luego a la prisión lisboeta de Aljube; de donde en 1962 escaparía a Marruecos con la ayuda de la oposición democrática portuguesa. Comenzaron así catorce años de una guerra larga y silenciosa que puso a prueba la determinación del futuro líder.

El 10 de noviembre de 1975 asumió la Presidencia de la República Popular de Angola. Desde entonces se desató una guerra civil abierta; el colonialismo y el imperialismo trataron de impedir la independencia de esa nación y de otros países del continente; pero la extraordinaria dirección de Neto fue decisiva en la victoria angolana.

En ese resultado estuvo también la mano fraterna de los cubanos, quienes prestaron ayuda militar al agredido pueblo de Angola. Los soldados del MPLA, ayudados por la solidaridad internacional, combatieron heroicamente. Y en toda esta contienda sobresalió el extraordinario mérito, la claridad política y la firmeza revolucionaria de Neto, quien se mantuvo sereno y convencido de la justeza de la causa y de la seguridad del éxito.

El 10 de septiembre de 1979, después de haber sido trasladado gravemente enfermo a Moscú, falleció Agostinho Neto, el jefe que había iniciado la lucha y conducido a su pueblo al triunfo. La muerte significó una pérdida enorme para el movimiento progresista y revolucionario del mundo y en especial para Angola, que recién alcanzaba su independencia.

Ya aquejado de la enfermedad que lo conduciría a la tumba llamó a los intelectuales y artistas angolanos al rescate de su cultura nacional, de manera que simbolizara la vida y formas de expresión del pueblo.

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