Un héroe de carne y hueso

Por Yirenia Ferrer Ysern / 27-08-2018

El 23 de agosto de 1988, Orlando Cardoso Villavicencio, entonces teniente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, fue liberado tras diez años, siete meses y un día de prisión en una cárcel de Somalia. Al regresar a la Patria, el Gobierno le otorgó la medalla de Héroe de la República de Cuba.

Cumplió su primera misión internacionalista en la República Popular de Angola, donde contribuyó a instruir a los combatientes de este país y con solo 17 años de edad, fue ascendido a teniente.

Al regresar a la Patria, es asignado a una unidad de Artillería reactiva en La Habana. A penas seis meses después, en su unidad escogen a varios oficiales que cumplirían una misión internacionalista.

El tiempo solamente le alcanzó para visitar a un amigo en la Habana Vieja, al doctor Alberto Edreira Pérez, a quien le pide localice a su familia, porque estaba por viajar y no sabía lugar ni fecha. A los pocos días, un grupo de oficiales, entre ellos Orlando, marcharon a Etiopía.

Una vez en esa nación africana, es emboscado con sus hombres en las cercanías de Harar un 22 de enero de 1978. Villavicencio resulta el único sobreviviente y se encuentra herido. Lo toman prisionero y sufre una cruel e inhumana encarcelación durante más de una década.

No olvida los horribles primeros años en prisión, la soledad, la carencia total de bienes materiales, las torturas a apenas tres metros de la celda. Mas a través de los años, su organismo fue creando mecanismos de defensa basados esencialmente en la indiferencia.

Descubre en la lectura una manera de supervivencia para enfrentar el encierro y la hostilidad. Los años de aislamiento también le valen para aprender inglés, italiano, francés y alemán. Además conquista el mundo de las letras, pues la totalidad de las ideas desarrolladas por quien posteriormente devino escritor surge durante el largo presidio.

Han trascurrido tres décadas de su regreso a la Isla. El hoy coronel Orlando Cardoso Villavicencio, narra en su libro Reto a la soledad, las vivencias del tiempo que estuvo como prisionero de guerra de los somalíes.

Durante el proceso de creación del texto resultó difícil revivir ese periodo. Tenía fuertes pesadillas en las madrugadas, pues no era agradable recordar escenas de su realidad por aquella época. En varias entrevistas ha afirmado que la prisión ya no lo afecta, no está en sus sueños y no puede modificar su vida, pues según Villavicencio, solo uno mismo es capaz de modificar su vida con sus propias acciones.

La importancia de esta obra literaria está en la reafirmación de la fuerza de voluntad, la disciplina, la confianza indelegable en las vivencias estremecedoras narradas en este texto y vividas en condiciones increíbles. Todo ello le permitió desafiar victoriosamente la lejanía de la Patria y de la familia, vencer terribles ataques de malaria y soportar ofensas sin perder su dignidad.

Fuentes consultadas:

Ecured

Entrevista: Orlando Cardoso Villavicencio: prisionero de guerra por casi once años, tomado de Radio Cadena Agramonte.

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