Una mujer en el corazón de miles

Por: Lissel de la Caridad Pino Ceballos / 22-08-2018

La historia de la Revolución cubana está llena de mujeres consagradas, capaces de darlo todo por su país y así lograr una República “con todos y para el bien de todos” como la soñó el Apóstol, José Martí. Un ejemplo de valentía y patriotismo fue Vilma Lucila Espín Guillois, merecedora de las órdenes Ana Betancourt y Francisco Miranda, además del título de Heroína de la República.

Nació en Santiago de Cuba el 7 de abril de 1930. Criada bajo los ejemplos de austeridad, sensibilidad humana y comprensión. Sus padres José Espín y Margarita Guillois le inculcaron, a ella y a sus hermanos, el amor al estudio, la lectura, la cultura y la afición por los deportes.

Según el trabajo del periodista Pedro García Antonio sobre la vida de Vilma planteó: “Comenzó a participar en actividades políticas, sobre todo a partir de la instauración de la tiranía batistiana el 10 de marzo de 1952, a la cual se opone desde el primer día. En el libro Contra todo obstáculo, ella califica la asonada batistiana como la gota que colmó la copa, en cuanto a los males de la neocolonia, para su generación y que posiblemente le creó de verdad un espíritu de rebeldía”.

Participó en el alzamiento armado de Santiago de Cuba el 30 de noviembre de 1956, bajo las órdenes directas de Frank País García y en apoyo a los expedicionarios del yate Granma, convirtiéndose su vivienda, después de esta acción, en cuartel general del movimiento revolucionario.

En el año 1957 asumió la jefatura del Movimiento 26 de Julio en la entonces provincia de Oriente. Se le ordenó, en julio de 1958, incorporarse al Ejército Rebelde y allí devino la legendaria guerrillera del Segundo Frente Oriental Frank País, bajo el mando de Raúl. También, a la vez se desempeñaba como eficaz coordinadora de los combatientes clandestinos con la agrupación guerrillera.

Cuando triunfa la Revolución Cubana, el 1ro de Enero de 1959, fue de las principales defensora de los derechos de la mujer y por su labor encabezó la unificación de las organizaciones femeninas al constituirse la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) el 23 de agosto de 1960, a cuya organización, se consagró hasta el último minuto de su vida.

Mediante esta organización se logró incorporar a las mujeres al trabajo y obtuvieron un mayor protagonismo social. Su inclusión en las nuevas políticas en la Educación y la Salud en el país, permitió que se abrieran otras opciones para el sector femenino. Los cursos de capacitación fueron uno de los primeros pasos dados.

Como parte de este sueño, se crearon los círculos infantiles, idea esbozada en el acto constitutivo de la FMC. Al año siguiente, el 10 de abril de 1961, el sueño devino realidad con la apertura de los tres primeros, para los hijos de las mujeres trabajadoras. La federación se encargó de su disposición y cuidados, y también de hacer que surgieran más.

Vilma integró el Comité Central del Partido en 1965 y resultó elegida miembro suplente del Buró Político (1980) y miembro efectivo de esa instancia, en el tercer congreso, responsabilidad que asumió hasta 1991. Diputada a la Asamblea Nacional desde la primera legislatura y miembro del Consejo de Estado, presidió la Comisión Nacional de Prevención y Atención Social, y la Comisión de la Niñez, la Juventud y la Igualdad de Derechos de la Mujer, de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Como máxima representante de las mujeres cubanas supo demostrar en todo el mundo la importancia de estas en la construcción del socialismo. Encabezó la delegación cubana al Primer Congreso Latinoamericano sobre Mujer y Niños que se realizó en Chile en 1959. También encabezó las delegaciones de la Isla a las Conferencias de la Mujer realizadas en México, Copenhague, Nairobi y Pekín.

Según la combatiente Asela de los Santos, en Vilma “sobresalía un sentido muy alto de la justicia, el compromiso con la verdad, su rechazo tajante a la mentira, su alejamiento de lo banal y superficial […] Transformar mentalidades, modificar costumbres, educar, fue una razón de ser de su vida”.

Siempre mantuvo su espíritu transformador, pues nunca se conformó con los logros obtenidos. Siempre demostró o probó que las mujeres podían superarse cada día más e imponerse a las dificultades de la sociedad machista. Así, siempre mantuvo su carácter intransigente, como el de aquella Deborah, a que dio vida en su lucha clandestina, pues bajo este seudónimo supo imponerse a los rigores de la sociedad del siglo XX. Por ello, recordarla siempre es una manera para las mujeres cubanas y del mundo de reconocer sus derechos y de ser ejemplos.

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