El alma de la Revolución (II parte)

Por teniente coronel (r) Oliver Cepero Echemendía, Doctor en Ciencias Históricas. / 14-08-2018

Aún estamos en pie

En el verano de 1958, aprovechando la costosa derrota de la huelga política del 9 de abril de ese año, la dictadura consideró que había llegado el momento oportuno para acometer una campaña de exterminio contra el movimiento guerrillero; para ello concentró sus esfuerzos principales en el Primer Frente, sede de la Comandancia General del Ejército Rebelde.

Con el asesoramiento de la Misión Militar norteamericana, el Estado Mayor del Ejército elaboró el plan FF, denominado Fase Final, que comprendió el acordonamiento de la Sierra Maestra con alrededor de diez mil hombres organizados en catorce batallones y siete compañías independientes, apoyados por aviación, fuerzas de la Marina de Guerra, Artillería, medios blindados y diversos aseguramientos.

Entonces, el alto mando del ejército dictatorial estaba convencido de que en esta ocasión el movimiento guerrillero sería aniquilado irremediablemente. En vísperas de la ofensiva, el jefe enemigo que dirigía las operaciones le escribió a Fidel advirtiéndole que tenía tropas y medios suficientes para arrasar los bosques y las montañas, y aniquilar a todos los combatientes rebeldes. En la respuesta del Comandante en Jefe se resumía la intransigencia y el espíritu revolucionario heredado de los hombres de Baraguá:

“Tal vez cuando la ofensiva pase, si aún estamos en pie, vuelva a escribirle para exponerle mi pensamiento y lo que creo que usted, el ejército y nosotros podemos hacer en bien de Cuba sobre la que tiene puestos sus ojos la América entera; mas si los hombres que han armado sus brazos contra la idea justa que representamos encuentran ardor suficiente en la causa infamante que están defendiendo para vencer la tenaz resistencia que van a encontrar y pueden exterminar hasta el último rebelde, no se entristezca usted de nuestra suerte porque dejaremos a la Patria un ejemplo que hará palidecer las páginas más heroicas de la historia y algún día hasta los hijos de los mismos soldados que hoy nos combaten mirarán con veneración los picos de la Sierra Maestra.

Con gran previsión militar, la Comandancia General elaboró el plan estratégico para el rechazo y la derrota de la Ofensiva de Verano. En las instrucciones a los jefes de columnas se valoró la envergadura de las acciones que debían desarrollarse y se dieron, al mismo tiempo, indicaciones tácticas concretas acerca de cómo actuar en cada momento y qué objetivos parciales era necesario alcanzar.

Con la aplicación de este plan, el Ejército Rebelde mostró su capacidad para sostener una flexible guerra de posiciones. El salto cualitativo fue observado con sorpresa por el alto mando militar de la dictadura. Así, el contralmirante José E. Rodríguez Calderón escribió: “Aprovechando el terreno el enemigo ha pasado de la guerra de guerrillas a la guerra de posiciones, atrincherándose con un sistema de trincheras escalonadas para varios hombres sobre todo en los estribos o subidas posibles al firme de la Sierra Maestra, minando los caminos habituales, construyendo numerosos refugios antiaéreos.

En el rechazo de la Ofensiva de Verano, iniciada el 24 de mayo de 1958, las fuerzas del Primer Frente, bajo el mando directo del Comandante en Jefe, se pusieron en máxima tensión y dinamismo y desarrollaron con éxito una operación estratégica defensiva que incluyó la realización de numerosos combates y batallas de envergadura culminantes en una contraofensiva que se caracterizó principalmente por el empleo de los métodos de la guerra irregular.

Gran victoria

En el prólogo al libro Un triunfo decisivo, el General de Ejército Raúl Castro Ruz valoró el papel de Fidel en esta epopeya con las siguientes palabras:

“[...] Fidel fue un maestro en el empleo de las pequeñas fuerzas disponibles. Supo poner a cada hombre en el lugar y el momento preciso y, sobre todo, evitar que le causaran bajas. O sea, nos enseñó a combatir lo mucho con lo poco, lo fuerte con lo débil, la superioridad tecnológica con la inteligencia […] Muchos en el mundo no se explican cómo Fidel, un joven abogado sin prácticamente ninguna preparación militar previa, fue capaz de desarrollar un pensamiento estratégico que le permitió conducir exitosamente no solo batallas, sino una guerra de liberación en que se derrotó un ejército profesional. Además de su talento innato, haber sido siempre un insaciable estudioso de la historia militar explica su capacidad en tal sentido. En el pensamiento político-militar del Comandante en Jefe se resume lo mejor de la experiencia combativa de nuestro pueblo, desde los brillantes generales mambises hasta los comandantes rebeldes […]

Legado de un ejército

A partir del desastre sufrido por el ejército de la tiranía, la Comandancia General del Ejército Rebelde elaboró el plan estratégico conducente a la victoria definitiva de la Revolución, el cual contemplaba numerosos lineamientos dirigidos a la organización y puesta en práctica de una contraofensiva ininterrumpida en todos los frentes de combate.

A menos de seis años de la gesta del Moncada, después de incesantes combates en campos y ciudades el Ejército Rebelde, bajo la jefatura del Comandante en Jefe, logró extender la guerra revolucionaria por toda la antigua provincia, de Oriente, a través del establecimiento de cuatro frentes de combate organizó la heroica invasión a la región occidental con el envío de las columnas rebeldes de Camilo y el Che y de otras fuerzas guerrilleras que establecieron nuevos frentes en Camagüey, Las Villas y Pinar del Río. Igualmente llevó a cabo la arrolladora contraofensiva estratégica, que luego de intensas batallas y combates, colocó a Oriente bajo el control de los cuatro frentes guerrilleros, con el Comandante en Jefe a las puertas de Santiago de Cuba y la realización de múltiples acciones en las provincias centrales, culminantes en la toma de importantes ciudades como Santa Clara, Placetas, Yaguajay y otras que aislaron las fuerzas del régimen opresor y lo colocaron en total bancarrota.

En tal situación, ante los intentos del imperialismo y la reacción por escamotear la victoria mediante un golpe de Estado y la instalación de una junta militar, Fidel ordenó al Ejército Rebelde continuar ininterrumpidamente la contraofensiva en todos los frentes de combate y llamó a los trabajadores a la Huelga General Revolucionaria, acciones que garantizaron el triunfo el primero de enero de 1959.

Al significar el rol del Ejército Rebelde en este proceso, el Informe Central al Primer Congreso del PCC señaló:

“El Ejército Rebelde fue el alma de la Revolución. De sus armas victoriosas emergió libre, hermosa, pujante e invencible la patria nueva. Sus soldados reivindicaron la sangre generosa vertida en todas las contiendas por la independencia y con la suya propia cimentaron el presente socialista de Cuba. Las armas arrebatadas a los opresores en épica lucha las entregaron al pueblo y con el pueblo se fundieron, para ser desde entonces y para siempre el pueblo armado”.


Fuentes consultadas:


Colectivo de autores. Causas y factores de nuestros reveses y victorias, Pueblo y Educación, La Habana, 2001, p. 116.

Centro de Estudios de historia Militar de las FAR: 25 años de luchas y victorias, Editora Militar, La Habana, 1983, p. 11.

Selección de lecturas, tomo 1 (2.a parte), Edición del Ministerio de Educación Superior, 1983, p. 270 y 272.

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