Aquellos artilleros de Girón

Revista Verde Olivo / 17-04-2018

El comandante Enrique Oropesa nos habla de aquellos adolescentes que en abril de 1961 manejaron las cuatrobocas y los cañones antiaéreos.

“El 2 de noviembre de 1960 llegaron a la base Granma el grupo de jóvenes que iba a formar las primeras unidades de artillería antiaérea”, nos dice el comandante Enrique Oropesa, que a la sazón era capitán y trabajaba en la base.

“El recorrido desde La Habana hasta el lugar donde recibirían su entrenamiento debían hacerlo a pie: setenta kilómetros en total. Esta caminata constituía el primer requisito, otros: tener veinte años de edad o menos (hubo algunos que hicieron el recorrido, pero al llegar allí se comprobó que tenían más de veinte años, y se les devolvió); y completar doscientos kilómetros con dos caminatas más”.

El comandante Oropesa agrega que a los veinticinco días de entrenamiento del primer contingente se efectuaron las primeras prácticas de tiro.

“De diciembre de 1960 a enero de 1961 se realizó la primera movilización ante la inminente agresión del imperialismo a nuestro país. Las unidades de artillería antiaérea formadas por jóvenes combatientes, fueron emplazadas fundamentalmente para la defensa de la ciudad de La Habana y de los aeropuertos militares
“Después de esta movilización se escogió un grupo de ellos para pasar a los cañones antiaéreos. Se organizó un segundo curso de ametralladoras con personal recién incorporado a la artillería antiaérea y algunos de los grupos de las ametralladoras fueron emplazados en la defensa de los aeropuertos militares, en las refinerías, en el aeropuerto de Cienfuegos y en la zona de Trinidad. Simultáneamente con estos cursos de que hablamos se desarrollaron en Oriente* otros para ametralladoras, que con la movilización se emplazaron en el aeropuerto de Santiago de Cuba”.
¿Cuál era la extracción social de estos jóvenes combatientes? –pregunta el reportero.–Fundamentalmente, obreros y estudiantes... algunos procedían de la rama de la construcción –responde Oropesa, pasando revista a su memoria. Enciende un cigarro mientras ordena cronológicamente el breve recuento que nos hace, y añade:“Fidel estuvo en la base unos días antes de la agresión e hizo una selección de grupos de artilleros para la Marina de Guerra Revolucionaria. Allí les habló de la confianza que la Revolución ponía en ellos para fortalecer nuestra marina”.

Nuestro entrevistado señala que los que pasarían a la marina completaron su adiestramiento artillero, y en tanto se preparaban las condiciones para entrenarse en la técnica de la nueva arma, estuvieron sembrando eucaliptos en la región occidental. “Ante la inminencia de la agresión se les trajo para formar con un grupo de ellos las unidades de cañones antiaéreos”.

El ataque de la aviación mercenaria, el 15 de abril, a las bases de Ciudad Libertad y San Antonio de los Baños, y al aeropuerto de Santiago de Cuba, preludio de la invasión, fue el bautismo de fuego y de sangre para estos jóvenes combatientes. De aquellos aviones que el enemigo pintó con los colores y las insignias de nuestra fuerza aérea, uno fue derribado, cayendo frente a las costas habaneras y otros tuvieron que huir sin poder perpetrar en toda su dimensión la agresión planeada y dirigida por el imperialismo yanqui. En la base de San Antonio, dos baterías de ametralladoras, con su fuego cerrado, impidieron que los aparatos enemigos destruyeran nuestros pocos aviones de combate de entonces.

Cuando el ataque a Girón

“Teníamos algunas unidades desconcentradas. En la madrugada del día 17 Fidel llamó a la base Granma. Habló con Álvarez Bravo por teléfono, impartiéndole órdenes de que fueran trasladadas cuatro baterías al central Australia. Posteriormente llamó de nuevo para disponer el envío de otras unidades a otros lugares y que el resto se dirigiera al Australia.

“A la una de la tarde del 17, en la Vía Blanca, Fidel nos pasó a la altura de Boca de Jaruco. A la columna de artillería se le sumaron dos baterías en Matanzas.

Aquí rellenamos de combustible, seguimos rumbo al central Australia. Recibimos orden de emplazar una batería en el central Australia, una en la Laguna del Tesoro y que llevara el resto de las baterías adelante, para ubicarlas a lo largo de la carretera en apoyo a las unidades que estaban combatiendo.

“En las proximidades de Playa Larga fueron emplazadas una batería de ametralladoras y una de cañones. “Las condiciones del terreno, con excepción de la carretera, eran muy malas para el emplazamiento de piezas de artillería, pero había que hacerlo sorteando el suelo cenagoso a ambos bordes del asfalto.

“Hacia Covadonga fueron enviadas otras piezas. Al amanecer del 18 ya estaban emplazadas. Algunas ametralladoras, montadas en camiones, apoyaban nuestros tanques.

“Al amanecer del 18 apareció un avión nuestro. Lo supimos después, porque el enemigo usaba las insignias de la Fuerza Aérea Revolucionaria. Se le abrió fuego, afortunadamente se retiró a tiempo. Todos nuestros artilleros querían disparar para dar su merecido a la aviación mercenaria. Hubo necesidad de coordinar el fuego para no gastar indebidamente el parque.

“Los mercenarios empezaron a tirarle con bazucas a las piezas de artillería más cercanas a ellos.

“A las 09:00 horas del día 18 un mercenario hecho prisionero, con una herida en el pecho, dijo que la artillería de campaña les había ocasionado mucho daño e informó, entre otras cosas, que la fuerza mercenaria contaba con seis tanques y mil seiscientos hombres.

“Cuando las primeras piezas de artillería antiaérea entraron a Playa Larga, de donde había huido el enemigo, disparaba nuestra artillería de campaña y un Sea Fury de las FAR tiraba a la cabeza del Houston. Eran aproximadamente las diez de la mañana. Las unidades de artillería antiaérea más adelantadas fueron emplazadas en Playa Larga. “A las 17:00 horas aparecieron tres aviones, aparentemente F-9, de la marina yanqui. Nuestras piezas abrieron fuego contra ellas, ahuyentándolos. Parece que le daban cobertura a otros.

“Se nos dio la misión de emplazar las piezas donde se combatiría, próximo a Girón. Era la mañana del 19. Dividimos la batería de cañones en dos pelotones: uno delante, donde se combatiría, y otro detrás. Debíamos darle cobertura a los tanques, que entrarían
en acción.

“Apareció un avión de transporte, encendiendo las luces, no se le disparó, pensando que era nuestro. Este avión fue el que aterrizó en la pista de Girón y en él se fueron algunos mercenarios.

“A las 06:00 de la mañana apareció un B-26 que volaba de Girón a Playa Larga. Venía lentamente, listo para descargar su metralla sobre las tropas revolucionarias. Esperamos a que se acercara. Casi a boca de jarro, por así decirlo, se le abrió fuego, cayó. Simultáneamente apareció un avión en lo que era nuestra retaguardia y tiró varios cohetes, se le abrió fuego y se retiró.

“Cuando el avión que aterrizó en Girón prendió los motores para el despegue, creíamos que podría tratarse de tanques enemigos por lo que las piezas fueron cargadas con proyectiles perforantes para luchar contra ellos si se acercaban.

“Esa misma mañana un B-26 voló sobre el central Australia y fue blanco de una batería antiaérea (la que habíamos dejado emplazada). El avión llegó a realizar tres pases, haciéndose difícil el blanco porque las piezas estaban emplazadas en forma circular y el aparato venía en dirección de la playa hacia el central, girando hacia atrás. Todas las piezas no le pudieron tirar al mismo tiempo, pero en el cuarto pase fue derribado.

“Un compañero me trajo el casco del piloto, al lado izquierdo de este aparecía pintada un águila con un letrero que decía Los fantasmas, al lado derecho tenía una foto de mujer e inscrito el nombre de Esther.

Cuando leí el libro El gobierno invisible, vi que una de las viudas de los pilotos mercenarios tiene ese nombre (suponemos que se trate de este).

“Ese día 19 los tanques y el batallón de la Policía Nacional Revolucionaria avanzaron más allá, donde estaban los cañones. Sacamos dos baterías de ametralladoras antiaéreas para situarlas más próximas a Girón. En los momentos en que estaban siendo emplazadas aparecieron dos aviones yanquis casi a ras del mar. Aquellos artilleros aceleraron el emplazamiento bajo una lluvia de morterazos del enemigo desde Girón, pero los aviones se retiraron antes de que tuvieran listas las piezas.

“A eso de las dos de la tarde se observó un movimiento de barcazas frente a Girón y se veía un barco yanqui, parecía que se trataba de un desembarco, pero no era más que un intento de fuga. Nuestras piezas se mantuvieron preparadas para el fuego antiaéreo, pues es lógico que la aviación enemiga tratara de proteger el aparente desembarco. Mas, vino entonces el capitán José Ramón Fernández con el aviso de que a las tres atacarían nuestros aviones y que tuviéramos cuidado.

“A la hora señalada aparecieron los aviones nuestros que atacaron a las lanchas que trataban de irse, y bombardearon y ametrallaron el reducto del enemigo en la playa. El último tanque del enemigo que disparaba sobre nuestras posiciones, fue rechazado por los lanzagranaderos.

“Minutos después aparecieron unos civiles levantando banderitas blancas, informaron que los mercenarios estaban desconcertados y que trataban de huir y que ellos eran vecinos del lugar. Precisados por el interrogatorio, el que resultó ser ciertamente vecino dijo que los otros eran mercenarios que intentaban escapar del cerco.

“Poco después dos cañones de artillería llegaron a la posición de donde el batallón de la Policía desalojó al enemigo y abrió fuego sobre la playa.

“Esa noche del 19 ya había una batería de ametralladoras antiaéreas emplazadas en el aeropuerto de Girón”.
Dos aviones fueron derribados y varios averiados: fue el resultado del fuego antiaéreo de los combatientes artilleros, más el avión derribado y los demás averiados el día 15.

Después de la victoria de Girón, el grupo que había sido seleccionado para la marina, cumplió la orden. El comandante Oropesa recuerda emocionado cómo en cada ocasión en que la Patria ha estado en peligro, los artilleros que han vuelto a la producción se presentan sin demora a la jefatura de la artillería antiaérea, prestos a ocupar sus puestos.

“Otros jóvenes llegaron al arma después, en mayo de 1961: procedían de los Jóvenes Rebeldes que escalaron cinco veces el pico Turquino. Con nuevas armas y nueva técnica, varios de aquellos veteranos formaron esas baterías, otros pasaron a ser instructores de los nuevos artilleros”.

Hoy muchos de aquellos artilleros –jóvenes porque en aquel entonces tenían veinticinco años o menos, aunque se les llame veteranos– son cuadros de mando y oficiales en la artillería antiaérea; otros, los del grupo que fue seleccionado por Fidel para pasar a la marina, permanecen en ella; el resto está en la producción y antes de que se les llame responden presente cuando la Patria está en peligro.

“Todos estuvieron movilizados cuando la Crisis de Octubre. Al Fidel hacer el llamado para manejar la nueva técnica, vimos con regocijo caras conocidas entre los compañeros seleccionados” –enfatiza Oropesa cuando se refiere a los que se encuentran en la producción.

* Por la división política administrativa anterior el país se dividía en seis provincias; Oriente incluía las hoy provincias de Las Tunas, Holguín, Guantánamo, Santiago de Cuba y Granma.

Referencia:
Verde Olivo, No. 15, 17 de abril de 1966, pp. 12-13 y 57.

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