¿Por qué debe preocuparnos el nuevo asesor de Seguridad Nacional de EEUU?

Por: Katherinne Díaz Pérez / 17-04-2018

Pareciera trivial seguir los cambios dentro del Gabinete de Donald Trump, si lo miramos desde la perspectiva de que esta Administración en un año y un poco más de dos meses ha tenido más inestabilidad en las posiciones del Ejecutivo que 14 presidencias de EE.UU. en dos años completos1. De manera que Trump está rompiendo récords, y por sus declaraciones el pasado 15 de marzo –“siempre habrá cambios, yo pienso que ustedes (en referencia a los estadounidenses) quieren verlos […] y yo también quiero ver ideas diferentes”- se avizoran nuevas salidas y llegadas a la Casa Blanca.

Tal es el caso que el 23 de marzo anunció la sustitución del teniente general, Herbert R. McMaster, por el exembajador de Naciones Unidas, John Bolton, en el cargo de asesor de Seguridad Nacional. De esta decisión se infiere que para el Mandatario “algo” no le está funcionando en el ámbito de la “seguridad nacional” o, al menos, desea escuchar “nuevas” ideas.

Retomando la pregunta inicial, el presente artículo no se dedicará a relatar el icónico historial biográfico de Bolton que dicho sea de paso es sumamente revelador; más bien decidió abordar qué funciones legalmente tiene dicho cargo dentro del Ejecutivo para comprender luego sus implicaciones en Washington y para el mundo.

El asistente del Presidente para Asuntos de Seguridad Nacional, como es el nombre del puesto en realidad, constituye uno de los principales asesores del Presidente. Radica en la Ala Oeste de la Casa Blanca y, por curiosidad, su oficina se encuentra a unos metros de la del Mandatario.

No solo participa en las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional (NSC, por sus siglas en inglés), sino que tiene una silla en el Comité de Principales junto al Secretario de Defensa y de Estado. Cuando Trump llegó al poder, una de sus primeras acciones presidenciales fue reformar el NSC. El 4 de abril de 2017 estableció que el asesor “será responsable de determinar la agenda de NSC o del Consejo de Seguridad Interna, asegurando que la documentación necesaria esté preparada y recordando las acciones del Consejo y decisiones presidenciales de manera oportuna”. Además, determinó que participaría de forma permanente en las reuniones, por encima del Director de la Agencia Central de Inteligencia o el Jefe del Gabinete que estarán presentes si son invitados, por ejemplo2.

Solo añadimos a este asunto que el propio sitio web de la Casa Blanca publica: “El Consejo de Seguridad Nacional es el foro principal del Presidente para considerar la seguridad nacional y la política exterior” de EE.UU3.

Ello adquiere un matiz adicionalmente especial cuando el Presidente coloca a sus asistentes sin necesitar la aprobación del Senado; a diferencia de los cargos para secretarios de departamentos o para dirigir importantes agencias dentro del Ejecutivo. Por ley, ninguna de las estructuras gubernamentales puede influir en esta elección. De modo que el presidente es libre de optar por una persona de confianza, con la cual mantiene una relación personal directa.

Muchos ejemplos hay sobre qué principios un Mandatario elige a su asesor. Por ejemplo, John F. Kennedy nominó a McGeorge Bundy, primero para que fuera su consultor de política exterior para la campaña presidencial y luego su asesor de seguridad nacional; debido a que en Brookline, Massachusetts, fueron vecinos en los 10 primeros años de vida y coincidieron en el Dexter School. Los estudiosos de la Presidencia de JFK señalan que ambos compartían el origen y la pertenencia a una misma generación, lo que le permitió establecer una estrecha relación de trabajo en la Casa Blanca. De hecho, fue en esta Administración que se consolidó su figura.

Cuando en 1947, Harry S. Truman firmó la Ley de Seguridad Nacional y con ello estableció el Consejo de Seguridad Nacional, no previó las funciones de un asesor de esta rama. Fue en 1953, la Administración de Dwight David Eisenhower la que constituyó dicho puesto con el objetivo de sobrepasar la autoridad del antiguo Secretario Ejecutivo que se dedicaba a los asuntos de política exterior. Pero, no es hasta la década de los años sesenta que el consejero deja de ser un simple administrador, para convertirse en un formulador de políticas.

Su nivel de influencia dependerá de cada administración, de las cualidades personales para el cargo o de la propia filosofía del presidente. No maneja un presupuesto como el Secretario de Estado o de Defensa, ni su agenda necesita coincidir con la de esos entes ejecutivos; lo que en la práctica conlleva a un triángulo de entes que determinan en la política exterior.

El asesor tiene posibilidades de ofrecer briefings diarios sobre eventos de actualidad independientemente de la burocracia y los horarios establecidos para ello. Puede intervenir en la agenda del Mandatario: decide por qué personas debe ser informado y desde luego con qué perspectiva.

De modo que hasta la prensa y muchos funcionarios estadounidenses están asustados con John Bolton, el nuevo “hombre del Presidente” (como le llaman a estos asesores). Su elección quizás estaba ya en mente cuando en una entrevista el 1 diciembre de 2016 en el programa “Fox News' Fox and Friends”, el entonces candidato presidencial, Donald Trump, afirmó que podría ser su Secretario de Estado. Solo que, en el contexto actual, la propuesta de ser asesor de seguridad nacional superará con creces las posibilidades de influir y “retorcer” la política del mundo. Ya lo veremos.

Referencia:
1. Ver Trump Cabinet Turnover Sets Record Going Back 100 Years por Tamara Keith, publicado el 19 de marzo de 2018, disponible en http://www.npr.org.

2. Ver National Security Presidential Memorandum, piblicado el 4 de abril de 2017, disponible en https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/national-security-presid....

3. National Security Council, disponible en https://www.whitehouse.gov/nsc/

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