Planes yanquis que condujeron a la invasión

Andrés Zaldívar Diéguez y Pedro Etcheverry Vázquez / 12-04-2018

Encontrarnos a medio siglo del triunfo de las armas y las ideas revolucionarias en Playa Girón, es momento propicio para rememorar antecedentes de la agresiva política de Estados Unidos hacia nuestro país; apreciar cómo el proyecto invasor fue gestado y
preparado; valorar su verdadero contenido y alcance; así como precisar algunas de las secuelas dejadas por aquella primera gran operación subversiva.

Las actividades del Gobierno norteamericano contra la Revolución comenzaron desde mucho antes de enero de 1959. Durante 1958, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Departamento de Estado se esmeraron a fondo en aras de encontrar una “tercera fuerza” que conjurara la posibilidad del triunfo revolucionario, realizando numerosas acciones encaminadas a “evitar la victoria de Castro”, según las palabras del director de la CIA Allen Dulles, en reunión del Consejo de Seguridad Nacional, el 23 de diciembre de 1958.

Al resultarles imposible impedir el avance arrollador y la victoria indiscutible del Ejército Rebelde, el primer semestre de 1959 fue el escenario temporal de una primera connivencia subversiva. Esta, bajo el argumento de impedir el incremento de la influencia de las ideas comunistas –fundamento de la política exterior de Estados Unidos durante la denominada Guerra Fría–, implicó la realización de una decena de acciones para desviar la Revolución de su rumbo.

Entonces, el Gobierno norteamericano desarrolló una virulenta campaña de propaganda; las primeras medidas de guerra económica; los intentos de aislamiento internacional en el marco de la Organización de Estados Americanos y la estructuración de la contrarrevolución, tanto en el interior del país como allende nuestras fronteras.

Como colofón, el levantamiento en las montañas del Escambray y la invasión procedente de Santo Domingo, “mostraría” la supuesta fuente de desestabilización que Cuba representaba en el Caribe. Asimismo, la V Reunión de Consulta de Cancilleres de la Organización de Estados Americanos, convocada para agosto de 1959 en Santiago de Chile, hubiese creado las condiciones para una intervención militar que acabara con el proyecto revolucionario cubano.

La radicalidad de la Revolución, evidenciada con la aprobación de la Ley de Reforma Agraria en mayo de 1959, y la derrota del primer complot en agosto, provocó el comienzo inmediato en la CIA del proceso de gestación de una nueva operación subversiva contra Cuba –derrotada en Playa Girón– como parte de un proyecto de contrainsurgencia que abarcaría todo el continente.

Para ejecutarlo, según aparece en los documentos de la denominada Comisión Taylor –que por indicación presidencial analizó las causas de la derrota estadounidense en dichas acciones– entre septiembre y diciembre de 1959, la CIA, hizo un estudio sobre “inteligencia básica, información política y psicológica, datos operacionales, información geográfica, selección de áreas potenciales para operaciones clandestinas y otros datos requeridos para las operaciones”.

Tanto bajo los rubros de “inteligencia básica”, “datos operacionales” u “otros datos requeridos para las operaciones”, es lógico que se priorizara la búsqueda de información sobre las medidas de respuesta militar que la Revolución estaba en capacidad de ofrecer
al proyecto subversivo, en aras de limitarla a la mínima expresión. Ello explica la presión diplomática norteamericana sobre las autoridades de Gran Bretaña, para impedir que Cuba adquiriera aviones de combate en ese país.

En octubre de 1959, cuando la situación interna en el país era estudiada detalladamente por la CIA, el vapor francés La Coubre descargaba en puerto habanero un importante cargamento de equipamiento militar, adquirido en Bélgica. Para suspender tales envíos, el Departamento de Estado también realizó presiones diplomáticas sobre el gobierno belga, pero no prosperaron. Ello resultó suficiente para que, en aras de asegurar su proyecto subversivo y afectar las posibilidades defensivas del país, se evitara por otros medios que Cuba adquiriera material bélico.

La Coubre se convirtió en objetivo de uno de los hechos terroristas más horrendos jamás perpetrados, acaecido el 4 de marzo de 1960, cuando en un viaje posterior descargaba en la rada habanera 75,36 toneladas de municiones y granadas antitanque y antipersonales para fusiles FAL. Las víctimas mortales rebasaron el centenar de personas, dentro de ellas seis marineros franceses que integraban la tripulación. Se registraron alrededor de cuatrocientos heridos y lesionados.

Según aparece en un texto de la autoría del inspector general de la CIA, Lyman Kirkpatrick, quien intenta profundizar en las causas de la derrota en Playa Girón, la propuesta para destruir la Revolución había sido concluida en diciembre de 1959 y discutida en los meses subsiguientes con el Grupo Especial (Comité 5412), encargado de evaluar las posibles acciones clandestinas de la CIA contra gobiernos extranjeros.

Paralelamente, la Agencia creaba una estructura organizativa que dirigiría las acciones contra Cuba, la Rama 4 de la División del Hemisferio Occidental de la Dirección de Planes (WH-4). Finalmente, el plan fue aprobado por el presidente Dwight D. Eisenhower, en reunión del Consejo de Seguridad Nacional del 17 de marzo de 1960. De acuerdo con un comentario expresado por el presidente, él “no conocía mejor plan que aquel”.

Este plan establecía la formación de un frente político de opositores a la Revolución en el exterior, para actuar a nombre de ellos; la creación de una red interna de Inteligencia y acción, en forma de organizaciones contrarrevolucionarias en las ciudades y bandas de alzados en las montañas; entrenamiento de una fuerza paramilitar en bases situadas fuera de Cuba, la cual debía infiltrarse en el país y encabezar los focos de resistencia; y acciones propagandísticas para enajenar apoyo de la población a la Revolución.

Entre las propuestas originales de la CIA, plasmada en el informe del jefe de la División del Hemisferio Occidental J. C. King, del 11 de diciembre de 1959 –resumen de las propuestas resultantes del estudio realizado– se enfatizaba la necesidad de eliminar físicamente al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, como garantía del éxito de la operación.

Tal propuesta se suprimió del plan aprobado en marzo, para no comprometer al Presidente norteamericano, sin dejar de ser una de las líneas agresivas principales de la CIA poco tiempo después.

Otra dirección fueron los intentos para precipitar la participación directa de las fuerzas armadas estadounidenses en el conflicto, contraria a la opinión del presidente John F. Kennedy, quien no veía tal escalada con buenos ojos. Sin embargo se ideó el fallido intento de desembarco por el sur de Oriente de una fuerza diversionista entrenada por la CIA al norte de Nueva Orleans, que debía atacar la base naval de Estados Unidos en Caimanera, simulando la respuesta del ejército cubano a la invasión que paralelamente se efectuaba.

Una séptima dirección fue el incremento de la guerra económica, tanto en las medidas públicas de bloqueo –adoptadas al calor de esta operación, en octubre de 1960– como en las agresiones encubiertas contra la economía por parte de la CIA. En la reunión del Consejo de Seguridad Nacional del 17 de marzo, se valoró la propuesta subversiva que culminó en Playa Girón, mientras las presiones contra la economía cubana fueron discutidas con mayor profundidad que las restantes medidas.

A lo anterior se sumó el atenazamiento diplomático de la Isla, para lo cual la Organización de Estados Americanos (OEA) fue un dócil instrumento. La VII Reunión de Consulta de Cancilleres, realizada en San José, Costa Rica, en agosto de 1960, fue una importante escalada en aquella dirección, si se analiza dentro del contexto subversivo en marcha, que requería de la complicidad de los gobiernos oligárquicos de la región. La Primera Declaración de La Habana, del 2 de septiembre de 1960, viril respuesta cubana a la Declaración de San José, devino factor de unidad entre el pueblo cubano y su Revolución.

Todos aquellos componentes sentaron las pautas para el incremento de la agresividad de Estados Unidos que dura ya medio siglo. El “frente político” fue el embrión de la actual mafia terrorista, con sede en la ciudad de Miami.

La propaganda continúa intentando, infructuosamente, el aislamiento internacional de nuestra Patria. Vencida desde mediados de 1965 con la captura del último grupo beligerante de bandidos en las montañas del Escambray, la red interna de Inteligencia y acción, intentó ser restablecida desde los años 80, en nuevas modalidades subversivas alentadas por estimables abastecimientos financieros desde el exterior.
Hoy se mantiene inalterable la voluntad de nuestro pueblo de defender las conquistas alcanzadas, al igual que en los momentos heroicos cuando faltaban pocas horas para la proclamación del carácter socialista de la Revolución.

Algunas fuentes consultadas:

Central Intelligence Agency: Inspector General ́s Survey of the Cuban Operation, October 1961.

Peter Kornbluh: Bay of Pigs Declassified. The Secret CIA Report on the Invasion of Cuba, The New Press, New York, 1998.

Memorando para el Director de la Agencia Central de Inteligencia, a través del Subdirector de Planes, de parte del Jefe de la División del
Hemisferio Occidental J. C. King, 11 de diciembre de 1959. Tomado de Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington.

Informe de la Comisión Taylor, 13 de junio de 1961.

Manuel Hevia Frasquieri y Andrés Zaldívar Diéguez: Girón. Preludio de la Invasión: el rostro oculto de la CIA, Editora Política, La Habana, 2006.

Andrés Zaldívar Diéguez y Pedro Etcheverry Vázquez: Una fascinante historia. La conspiración trujillista., Editorial Capitán San Luis, La Habana, 2009.

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