Girón: escuela de todos los tiempos

Casa Editorial Verde Olivo / 11-04-2018

El bombardeo artero sobre tres aeropuertos preludia la invasión. Mensajeros del odio salivan con fuego el rencor acumulado. Mas en una puerta, grabada como convicción de victoria y fidelidad, la “sangre numerosa” de un soldado abre el épico camino hacia la leyenda. Sin perder un instante, la alarma de combate pone al país en pie de guerra. En cualquier sitio donde aparezca el enemigo recibirá, con coraje y metralla, el saludo de Patria o Muerte.

Cuando los mercenarios de la Brigada 2506 se lanzan a la aventura de Bahía de Cochinos, inician la crónica de un gran descalabro. La cabeza de playa para el gobierno provisional resulta una quimera; los buques norteamericanos jamás cruzan la línea del horizonte; la intervención extranjera pervive solo en los deseos frustrados de los mentores del plan, consternados padrastros de una derrota “huérfana” menos de setenta horas después.

Aquel 17 de abril de 1961 la Revolución era muy joven; pero, además de martiana, desde el día anterior había comenzado a apellidarse socialista. Compulsión ética y de principios para defender la independencia y evitar que Ms. companieso la Embassy of the United States, con la ayuda de marines, recolonizaran a Cuba y revirtieran el proceso iniciado en 1959.

Dos días después, tras encarnizado pulso, sobreviene el triunfo sobre los invasores. La nación se estremece de júbilo. Sin embargo, alumbrar la victoria cuesta ciento setenta y ocho vidas e innumerables lesionados. Imagen inmortalizada en versos de la trovadora: “canto y llanto de la tierra”, porque la libertad se talla al precio de muchos sacrificios.

La primera gran derrota del imperialismo en América cristalizó gracias al coraje de hombres y mujeres, decididos a defender sus posibilidades de realización plenas; y al liderazgo certero de Fidel, quien previó los pasos del adversario y en el mismo foco de los combates, condujo las maniobras para vencerlo sin dilaciones.

Medio siglo después, la epopeya de abril de 1961 sigue hablando a los cubanos y al mundo. No existe enemigo, por poderoso y al parecer invencible, que no se estrelle contra la voluntad y los sueños de un pueblo. Aquella coyuntura adversa, ofreció la oportunidad de probar fuerzas, vencer escollos para revolucionar el futuro y crecer.

Playa Girón es un acto de responsabilidad histórica con quienes fraguaron la nacionalidad cubana y desde los días en la manigua, han opuesto ante la injerencia extraña, la virtud doméstica. El mandato constitucional de hacer irrevocable el socialismo lleva en su esencia el espíritu de tal gesta.

Luego de 57 años, los más jóvenes recuerdan con orgullo a padres y abuelos. Para honrarlos y ser dignos de ellos, advierten al mismo enemigo de antaño que la actual, no es una generación de “siervos futuros” ni de “aldeanos deslumbrados”, y que el primer deber será siempre defender la Patria.

Porque, martianos al fin, “ni los tiempos nos han cansado, ni las equivocaciones; y en cuanto en estas columnas aparezca se habrá de ver el sosiego de quienes no tienen más consejero que la devoción al país, ni más apremio que el que ordena, en horas difíciles, la indispensable vigilancia”.

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