¿A qué fue John Bolton al Pentágono?

Por: Máximo Ramírez Samper / 04-04-2018

La noticia no tardó en conocerse en la prensa y las redes sociales: tan pronto como eI 29 de marzo, a escasos días de su designación, el próximo asesor de Seguridad Nacional de EE.UU., John Bolton, visitó la sede del departamento de Defensa para reunirse con James Mattis, el general retirado que se desempeña en esa cartera.

A juzgar por las declaraciones de ambos a medios locales, se trató de la primera vez que se encontraban. Al parecer, todo transcurrió en un ambiente de cordialidad, e incluso el Secretario de Defensa bromeó al señalar que deseaba conocer a quien ha sido identificado por algunos como “Ia encarnación del diablo”.

Sin otro análisis, la visita forma parte de un procedimiento característico de alguien que se prepara en la difícil responsabilidad de aconsejar al Presidente de EE.UU. en temas de Seguridad Nacional, en particular si este se llama Donald Trump.

Sin embargo, para quienes tenemos la obligación de buscar más allá de las formalidades y los trascendidos de prensa, pueden surgir varias interrogantes e hipótesis.

EI estado real de las Fuerzas Armadas de EE.UU., los planes para recuperar las capacidades perdidas o dañadas después de más de dieciséis años de guerra en Oriente Medio y ¡cómo no! los planes bélicos contra Rusia, China, Irán, Corea del Norte y Cuba, pudieron estar en la agenda y los objetivos de la visita de Bolton al Pentágono, más allá de conocer personalmente a Mattis.

Una digresión necesaria: a quienes duden de los planes guerreristas de EE.UU. contra Cuba, les invitamos a buscar en Internet los documentos desclasificados a finales de 2017, vinculados con el asesinato del presidente Kennedy. Podrán constatar que fueron, no uno sino varios, los planes de invasión militar de EE.UU. contra la Isla en la década de 1960. Y conste que aquellos no han sido los únicos.

De vuelta al tema que nos ocupa. En materia de hipótesis, también podemos pensar que los acontecimientos que a corto plazo se avecinan justifican la visita de Bolton al departamento encargado en EE.UU. de planificar y realizar las guerras. Por ejemplo, a finales de abril, se prevé un encuentro entre Trump y el líder norcoreano, Kim Jong-un, para abordar el proceso de desnuclearización en la península de Corea.

Asimismo, a mediados de mayo, Trump debe decidir si mantiene o no la moratoria de sanciones sobre Irán, en vigor desde 2015, cuando la nación persa firmó un acuerdo con EE.UU., Rusia y China, entre otros países, con respecto a su programa nuclear.

Es público que Bolton y Mattis difieren sobre cuál debe ser la respuesta de EE.UU. en relación con ambos temas. Bolton ha defendido -como analista y comentarista en medios de prensa- el uso de la fuerza contra los dos países para detener sus respectivos programas nucleares. Es que, desde las gradas, cualquiera sabe cómo debe ganarse un juego.

En cambio Mattis, como secretario de Defensa, defiende las negociaciones y la aplicación de otras herramientas del poderío estadounidense, como son el aislamiento y las presiones, tanto políticas como económicas, igualmente dañinas. Es consciente, y no ha dudado en admitirlo, que una guerra en la península de Corea tendría consecuencias desastrosas para todas las partes y que el número de bajas civiles sería inmenso.

Ojalá la visita haya ayudado a Bolton a entender los peligros de sus posiciones de fuerza, al tener de primera mano la información y los criterios de alguien que ha sido calificado de “moderado”, en lo que planes de guerra respecta.

En breve conoceremos la posición de EE.UU. con respecto a Irán y la República Popular Democrática de Corea, dos temas que pueden tener un impacto directo en la paz global. De tal postura conoceremos si la visita de John Bolton al Pentágono Ie ayudó a moderar su belicosidad.

Un pensamiento objetivo, realista, debería convencerlo de que “no hay camino hacia la paz”, sino que “Ia paz es el camino”, como sentenció Ghandi.

Sin embargo, los antecedentes no invitan al optimismo. Esperemos que esta nueva “encarnación del diablo” no tenga que “carbonizarse”, para aprender la lección.

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