Mausoleo de Julio Antonio Mella

Por Bega / 16-01-2018

Antes de partir hacia el exilio en México, Julio Antonio Mella dejó una estela revolucionaria con miles de adeptos. Su actitud agitadora y rebelde en la Universidad de La Habana tenía revuelta a la masa estudiantil. El aula, las plazas, la escalinata fueron tribunas de aquella lengua incisiva contra el régimen del entonces presidente Gerardo Machado.

En 1923 lo expulsaron de la universidad. Su pensar discordaba con los intereses de la clase burguesa. Después lo apresaron y ante la infamia se declaró en huelga de hambre durante 19 días. El reclamo popular llenó de temor a la tiranía hasta ser liberado.

El 10 de enero de 1929 fue asesinado en tierra azteca por agentes de Machado. Sus cenizas se trasladaron hacia Cuba el 25 de septiembre de 1933. Fueron conducidas al local de la Liga Antimperialista de Cuba –fundada por Mella– en Reina y Es-cobar. Durante varios días el pueblo le rindió guardia de honor.

Al mismo tiempo se erigía un obelisco, en aras de perpetuar su memoria, en el Parque de la Fraternidad, sitio donde depositarían los restos. Cuatro días después miles de personas asistirían al lugar para la inhumación, pero la policía impidió la ceremonia. A las tres de la tarde comenzaron los disparos, cuando cesaron yacían en las calles cadáveres y heridos.

Parecía que el creador de la Fede¬ración Estudiantil Universitaria (FEU) y el organizador del Primer Congreso Nacional de Estudiantes no descansaría. Cuarenta años después de haber fundado junto a Carlos Baliño y otros revolucionarios el primer Partido Comunista de Cuba (PCC) le rindieron honores, desde el 16 hasta el 22 de agosto de 1975, en el Aula Magna de la universidad del Alma Máter. Luego llevaron las cenizas hacia el Museo de la Revolución.

Los restos de Julio Antonio se depositaron en el memorial frente a la escalinata de la casa de altos estudios el 10 de enero de 1976. Un año atrás comenzó la construcción del monumento que evoca la estirpe de quien hizo mucho en tan poco tiempo. Un monolito de 16 m simula la personalidad revolucionaria y el legado de su ideología.

Los materiales empleados fueron hormigón con cemento blanco, en aquel entonces novedoso en el país; esta era una tendencia de los países desarrollados. Además, resultaron necesarios áridos claros para alcanzar la tonalidad deseada y contribuir a la conservación.

Diversas aristas rotas en los alrededores semejan un terreno abrupto, que hacen alusión a las numerosas dificultades enfrentadas durante la lucha. En uno de los extremos se encuentra el busto de bronce, obra del escultor Tony López, el mismo que se colocó en el parque que existió en ese espacio, y fue ultrajado con tinta y chapapote en 1953. Ello generó una protesta, donde intervino la Policía y en la refriega cayó el estudiante Rubén Batista Rubio.

Integran el Complejo Monumentario, además del mausoleo, el parque de ambiente republicano, situado a varios metros, y el sitio donde cayó el líder estudiantil José Antonio Echeverría, en la confluencia de las calles 27 de Noviembre y L.

Circundan el conjunto letreros –de ellos solo quedan vestigios– pintados por los jóvenes en las viviendas, en desacuerdo con los gobiernos republicanos. Estas consignas murales se rescataron –en 1975– de las sucesivas capas de pinturas y quedaron restauradas en arduas jornadas. Ellas hacen recordar las manifestaciones estudiantiles, encabezadas por Mella en 1920, Rubén Martínez Villena, Rafael Trejo y reeditadas por José Antonio Echeverría, Fructuoso Rodríguez y otros dirigentes.

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