Eterno Fidel

primer teniente Dalia Isabel Giro López / 28-11-2017

Una melodía diferente acompaño la ceremonia de inhumacion de los restos del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. Compuesta específicamente para la ocasión por el teniente coronel Ney Miguel Milanés Galvez, director por más de tres décadas de la Banda de Música del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, esta composición rindió tributo al eterno Fidel.

Dicen que las piedras concentran la fuerza de la naturaleza. En el corazón de una de ellas, ubicada en el cementerio de Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, descansa el líder histórico de la Revolución Cubana.

Acordes únicos acompañaron el momento. Las palabras de aquel silencio solemne se convertían en título y esencia de una obra musical: Eterno Fidel. Cada instrumento habló del dolor, la firmeza y la gratitud a ese hombre inmenso para quien el maestro Milanés encontró, a través de la música, su forma de honrar.

Se unieron prosa y armonía para revitalizar este lugar, hoy más solemne que nunca, se siente una energía estremecedora.

—Maestro, en muchas ceremonias de homenaje a grandes personalidades se suelen interpretar títulos conocidos. ¿Cómo imaginó usted esta composición para acompañar las honras fúnebres de Fidel?

—Conocí la noticia a la una de la madrugada del 26 de noviembre. Quedé desconcertado y muchos pensamientos se agolparon en mi mente. Me pregunté qué podía hacer desde mi posición. ¿Qué podría interpretar la Banda de Música del Estado Mayor General que estuviera a la altura del Comandante en Jefe y lo acompañara en ese momento? Con certeza debía ser una obra original dedicada a él.

“En media hora llegué a la Unidad de Ceremonias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y me senté al piano. Una mezcla de tristeza, dudas y dolor generaron los primeros acordes. Me abstraje al lugar donde supo nía los interpretaríamos para ajustar la distancia al tiempo del tema y que no quedaran espacios de silencio durante el tributo. A las siete de la mañana había logrado concluir la orquestación e instrumentación para una banda de 75 músicos”.

— ¿Qué sucedió cuando comenzó a ensayar?

—Al componer pensé en una banda grande. Junto a la nuestra se encontraba la Banda de Música del Ejército Oriental que realizaba las prácticas para el desfile por el aniversario 60 de las FAR, nos unimos y comenzamos el ensayo en la mañana sin revelarles el destino de esta composición.

“Cuando concluí la orquestación, quería sentir si realmente impactaba a los muchachos. La familia de viento madera inició, luego viento metales y finalmente la percusión. Mientras trabajábamos hubo elogios, pero cuando agrupé a todos los músicos, vi que uno comenzó a llorar y posteriormente otros. Me di cuenta de que el tema los había conmovido. Entonces les dije: ‘No se pongan así, lo que debemos hacer es interpretar esta melodía como merece el Comandante y expresar a través de ella lo que sentimos’.

“Al fusionarse las cuerdas hubo silencio. Jefes, soldados y trabajadores de la unidad y los propios músicos se emocionaron. Todos supieron entonces a quien estaban dedicadas las notas interpretadas. Entendí definitivamente que la obra podía llegar al corazón de la gente”.

—Comenta usted que aunque en el cementerio Santa Ifigenia interpretaron solamente la parte instrumental, ¿también compuso su letra y que de ella derivó el título?

—Cuando llegué a la casa para que la familia escuchara la obra, mi esposa Vivian me sugirió el nombre Eterno Fidel. Siempre tuve la idea de ponerle letra para un coro o solista, por ello se denomina cantata.

“No conciliaba el sueño pensando en lo que escribiría. Me vinieron muchas ideas, entre ellas la fortaleza y grandeza de Fidel. Todos debemos morir, pero en él veía la inmortalidad y por eso llegó la letra a mi mente con los conceptos que él encierra.

“Al ver el homenaje por la televisión encontré un denominador común en las expresiones de los entrevistados, Fidel siempre estará vivo, y esta idea la utilicé. Comprobé entonces que la música aceptara la escritura y efectivamente así fue.

“Obtuve la primera y segunda estrofas, cortas, porque mientras más sencilla y objetiva es la letra más rápido le llega a la gente y no le quita el encanto a la música que tiene esa mezcla de lirismo y fuerza”.

—¿Cómo quiere usted que se perpetúe esta composición?

—Escribir una obra única para el Comandante en Jefe es lo menos que podía hacer y constituye una satisfacción realizada con dolor. Imaginé un coro en el cementerio y la banda de música acompañándolo; por eso cuando llegué a Santiago de Cuba en vísperas del sepelio le di la cantata al coro Madrigalista para que la ensayara. Finalmente fue la Banda de Música del Estado Mayor General la que ejecutó la interpretación instrumental. Aún trabajo para que la idea se conforme de esa manera y podamos materializarla en otros tributos a Fidel.

“La letra ayuda a comprender la música y da una mayor intención a la melodía, cuya fortaleza militar se mezcla con la parte lírica y sublime. A través de las tubas se ratifica que Fidel está vivo. Sí, también se evidencia el dolor, mas cada acorde convida a seguir su legado al pie de la letra”.

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