Palabras del Che a la juventud

Por: comandante Ernesto Guevara / 19-10-2017

[…] Yo creo que lo primero que debe caracterizar a un joven comunista es el honor que siente por ser joven comunista, ese honor que lo lleva a mostrar ante todo el mundo su condición de joven comunista, que no lo vuelca en la clandestinidad, que no lo reduce a fórmulas sino que lo expresa en cada momento, que le sale del espíritu, que tiene interés en demostrarlo porque es su timbre de orgullo; junto a eso, un gran sentido del deber, un sentido del deber con nuestra sociedad que estamos construyendo, con nuestros semejantes como seres humanos y con todos los hombres del mundo, eso es algo que debe caracterizar al joven comunista, al lado de eso su gran sensibilidad ante todos los problemas; su sensibilidad frente a la injusticia, su espíritu inconforme cada vez que surge algo que está mal, lo haya dicho quien lo haya dicho.

Plantearse todo lo que no se entienda, discutir y pedir aclaraciones de lo que no esté claro; declararle la guerra al formalismo, a todos los tipos de formalismos, estar siempre abiertos para recibir las nue-vas experiencias, para conformar la gran experiencia de la humanidad que lleva muchos años avanzando por la senda del socialismo a las condiciones concretas de nuestro país, a las realidades que existen en Cuba y pensar, todos y cada uno cómo ir cambiando la realidad, cómo ir mejorándola. El joven comunista debe plantearse ser siempre el primero, en todo, luchar por ser el primero, sentirse molesto cuando en algo se ocupa otro lugar, y luchar por mejorar, por ser el primero, claro que no todos pueden ser los primeros, pero sí entre los primeros; en el grupo de vanguardia; eso de ser un ejemplo vivo, de ser el espejo donde se miren los compañeros que no pertenezcan a las juventudes comunistas, de ser el ejemplo donde se pueden mirar los hombres y mujeres de edad más avanzada que han perdido cierto entusiasmo juvenil, que han perdido cierta fe en la vida y que frente al ejemplo, reaccionan siempre bien, esa es otra tarea de los jóvenes comunistas. Junto a eso, un gran espíritu de sacrificio, un espíritu de sacrificio no solamente para las jornadas heroicas sino para todo momento, sacrificarse para ayudar al compañero en las pequeñas tareas, para que cumpla su trabajo, para que pueda hacer sus deberes en el colegio, en el estudio, para que pueda mejorar de cualquier manera, estar siempre atento a toda la masa humana que lo rodea, es decir, hay algo que se plantea, la exigencia a todo joven comunista de ser esencialmente humano y ser tan humano que se acerque a lo mejor de lo humano, que se purifique lo mejor del hombre a través del trabajo, del estudio, del ejercicio de la solidaridad continuada con el pueblo y con todos los pueblos del mundo, que se desarrolle al máximo la sensibilidad para sentirse angustiado cuando se asesine a hombre en otro rincón del mundo y para sentirse entusiasmado cuando en algún rincón del mundo se alza una nueva bandera de libertad.

El joven comunista no puede estar limitado por las fronteras de un territorio, el joven comunista debe practicar el internacionalismo proletario y sentirlo como cosa propia y acordarse y acordarnos nosotros, jóvenes comunistas y aspirantes a comunistas aquí en Cuba, que somos un ejemplo real y palpable para toda nuestra América y más aún que para nuestra América para otros países del mundo que luchan también en otros continentes por su libertad, contra el colonialismo, contra el neocolonialismo, contra el imperialismo, contra todas las formas de opresión de los sistemas injustos; acordarse siempre de que somos una antorcha encendida, de que nosotros todos somos el mismo espejo que cada uno de nosotros individualmente es para el pueblo de Cuba y somos ese espejo para que se miren en él los pueblos de América, los pueblos del mundo oprimido que luchan por su libertad y debemos ser dignos de ese ejemplo, en todo momento y a toda hora debemos ser dignos de ese ejemplo. Eso es lo que nosotros pensamos que debe de ser un joven comunista, y si se nos dijera que somos casi unos románticos, que somos unos idealistas inveterados, que estamos pensando en cosas imposibles y que no se puede lograr de la masa de un pueblo el que sea casi un arquetipo humano, nosotros le tenemos que contestar una y mil veces que sí, que sí se puede, que estamos en lo cierto, que todo el pueblo puede ir avanzando, ir liquidando las pequeñeces humana como se han ido liquidando en Cuba en estos cuatro años de Revolución, ir perfeccionándose como nos perfeccionamos todos día a día, liquidando intransigentemente a todos aquellos que se quedan atrás, que no son capaces de marchar al ritmo a que marcha la Revolución cubana. Y tiene que ser así y debe ser así y será así, compañeros, será así porque ustedes son jóvenes comunistas, creadores de la sociedad perfecta, seres humanos destinados a vivir en un mundo nuevo, donde todo lo caduco, todo lo viejo, todo lo que represente la sociedad cuyas bases acaban de destruirse habrá desaparecido definitivamente.

Para alcanzar eso, hay que trabajar todos los días, trabajar en el sentido interno de perfeccionarse, de aumentar los conocimientos, de aumentar la comprensión del mundo que nos rodea, de inquirir y averiguar, y conocer bien el porqué de las cosas y el de plantearse siempre los grandes problemas de la humanidad como problemas propios, así, en un momento dado, en un día cualquiera de los años que vienen, después de pasar muchos sacrificios sí, después de habernos visto al borde de la destrucción muchas veces quizás, después de haber visto quizás, cómo nuestras fábricas son destruidas y haberlas reconstruido nuevamente, después de asistir al asesinato, a la matanza de muchos de nosotros y de reconstruir lo que es destruido, al fin de todo esto, un día cualquiera, casi sin darnos cuenta, habremos creado junto con los otros pueblos del mundo la sociedad comunista, nuestro ideal.

Compañeros, hablarle a la juventud es una tarea muy grande, uno se siente en ese momento capaz de transmitir algunas cosas y siente la comprensión de la juventud, hay muchas cosas que quisiera decirles de todos nuestros esfuerzos, nuestros afanes, de cómo sin embargo, muchos de ellos se rompen ante la realidad diaria y cómo hay que volver a iniciar de los momentos de flaqueza y de cómo el contacto con el pueblo, con los ideales y la pureza del pueblo nos infunde nuevo fervor revolucionario, habría muchas cosas de qué hablar, sin embargo, hay que cumplir también nuestros deberes, y aprovecho para explicarles por qué me despido de ustedes, con toda mala intención si ustedes quieren, me despido de ustedes porque voy a cumplir con mi deber de trabajador voluntario a una textilera.

Referencia:

Revista Verde Olivo, 1965, pp.15-20

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