La forja del soldado (segunda parte)

Por coronel (r) René González Barrios / 04-08-2017

Cayo Confites

Desde 1946, un grupo de emigrados dominicanos con Juan Rodríguez y Juan Bosch a la cabeza, organizaban en Cuba con apoyo del gobierno de Ramón Grau San Martín, una expedición internacional para derrotar al tirano Chapitas, como era llamado el dictador dominicano. A mediados de 1947, la travesía era prácticamente un hecho, y en cayo Confites, a unas sesenta millas al norte de la provincia de Camagüey, 1 200 hombres se entrenaban militarmente para partir al combate. La inmensa mayoría eran dominicanos, venezolanos, puertorriqueños, guatemaltecos y cubanos.

El gobierno de Grau, que gestaba y apoyaba la expedición, permitió la introducción de lumpens, antisociales y oportunistas de todas las tendencias políticas. Desde su concepción y organización, aquel proyecto, tan acaloradamente acogido por los patriotas dominicanos y los hombres de bien que allí se reunieron, estaba condenado al fracaso.

Al llamado del deber, sin terminar los exámenes de tercer año, marchó Fidel al cayo como soldado de fila. Allí fue testigo de las ambiciones personales de sus organizadores y de la falta de unidad de lucha entre las fuerzas participantes. En los entrenamientos demostró cualidades de mando y lo nombraron teniente, jefe de un pelotón. La situación era tensa, llegando incluso a la violencia entre los grupos allí representados, entre los que se encontraban enemigos políticos del propio Fidel, sin embargo, respetaron su imponente personalidad. Cuando muchos desertaban ante el desorden, el peligro y el incierto futuro, se mantuvo firme en su puesto y fue nombrado entonces jefe de una compañía.

A fines de septiembre el gobierno cubano, fuertemente presionado por los Estados Unidos, traicionó el proyecto revolucionario y envió sus aeronaves y buques de guerra a detenerlos. Ante la noticia, los expedicionarios decidieron partir de inmediato a su destino. Durante la travesía, los buques fueron interceptados en altamar y detenidos prácticamente todos los combatientes; el joven Fidel, para no caer prisionero “[...] más que nada por una cuestión de honor [...]”¹ en gesto temerario se lanzó al mar llegando a nado a cayo Saeitía, en la bahía de Nipe. Algunos le imitaron. Le dieron por muerto; pero reapareció en La Habana a los pocos días, ante la mirada atónita de sus compañeros de expedición.

Referencia:

1 Colectivo de autores: Antes del Moncada, Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 1986, p. 54.

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