Rumbo a la eternidad

Por primer teniente Boris E. González Abreut / 01-08-2017

Cuando un joven se propone un fin son pocas las razones que lo hacen desistir de su empeño. ¿Y si suman veinte, treinta, cien los inquietos? Se convierten en una fuerza indetenible hacia sus propósitos.

Obligados a mentir por sus riesgos revolucionarios en una sociedad gobernada por tiranos, el 24 de julio de 1953 un grupo de jóvenes utilizaron pretextos para ausentarse varios días de la casa. Salieron del municipio de Artemisa rumbo a La Habana sin conocer el verdadero destino. Dos días después, atacarían junto a otros compañeros la segunda fortaleza militar del país, el cuartel Moncada, en Santiago de Cuba.

Tiempo atrás decían que jugarían pelota y terminaban en un campo de tiro. Ahora, ¿qué sentirían al disparar en un combate real, al ver acribillado a uno de los coterráneos, al ser perseguidos, torturados, asesinados?, ¿por qué sería necesario pagar con vidas las aspiraciones de los justos ideales?

Ningún precio es exagerado para los mártires si logran arrancar de raíz las causas del tormento. Para ellos, ofrendar la vida resulta una sencilla decisión, saben que se multiplicarán en otros cuerpos, y esos en muchos otros, hasta ser eternos sus ejemplos como una profecía milenaria.

Más que augurios es una realidad. Hoy miles de cubanos o extranjeros, desde niños hasta ancianos, depositan flores en el Memorial Mausoleo a los Mártires de Artemisa a modo de recordatorio, agradecimiento y compromiso de seguir sus pasos, de ser preciso.

Así lo manifiesta el joven Jonierly Hernández Rodríguez: “Escogimos este lugar para celebrar el aniversario 51 de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), porque la mayoría de los caídos el 26 de julio de 1953 tenían veintitantos años, sus legados nos hacen sentirnos defensores de nuestra Patria; si hubiera nacido en 1930 estaría aquí, igual que ellos, o quizás vivo, pero aquí”

Luz de justicia

En 1976, a petición de los familiares y demás revolucionarios, comenzó la construcción, en el reparto La Matilde, donde nacieron varios de los asaltantes. Los arquitectos Augusto Rivero, Marcial Díaz y María Dolores Espinosa tuvieron la tarea de proyectar una obra que recobrara vida con el despertar de cada mañana.

Con motivo del vigésimo cuarto aniversario de los hechos, el 16 de julio de 1977, se inauguró el mausoleo. La última guardia de honor la rindieron los miembros del Buró Político Fidel Castro Ruz, Juan Almeida Bosque, Ramiro Valdés, Armando Hart, Blas Roca Calderío, Osvaldo Dorticós y Pedro Miret; también presenciaron el acto Haydée Santamaría y otros asaltantes a los cuarteles.

Este recinto mortuorio es atípico, está soterrado y, sin embargo permanece abierto; en su interior circula el aire, llega el sol, se escuchan las voces de los transeúntes, el murmullo de los automóviles, como si quienes descansaran ahí todavía continuaran con vida. Aun así, reina la solemnidad que hace al visitante hablar en voz baja para no perturbar el sueño de los mártires y héroes.

Para acceder al local se debe atravesar un túnel lúgubre semejante a la época de estos jóvenes, compuesto por seis paneles, los cuales recogen en barro barnizado: manifestaciones contra el régimen existente, la logia Evolución donde acudían para reunirse y la finca Sánchez, uno de los lugares de las prácticas de tiro.

También se muestra la Marcha de las Antorchas en ocasión del centenario del nacimiento del Apóstol de los cubanos; las acciones del 26 de Julio y una gigante figura de José Martí como autor intelectual del ataque a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo.

El negror del techo evidencia los duros años después del golpe de Estado de 1952, encabezado por Fulgencio Batista, y al caer la mirada se observa bajo los pies el rojo de la sangre derramada para extirpar la explotación, desigualdades, pobreza, corrupción y demás males imperantes; a su vez, el contraste de colores hace alusión a la bandera de la lucha clandestina.

Pero todo tiene un límite, la oscuridad de los horrores muere cuando choca con la luz de la justicia. Sucede así ante los ojos del visitante, el cual al concluir el túnel halla la claridad de la victoria en el recinto mortuorio. Aquí las paredes en forma de talud dejan una abertura en la parte superior, que permite la entrada del mundo exterior.

Los nichos sobresalen de las paredes como si detestaran el encierro, no podemos olvidar que atesoran almas de combatientes; estos están hechos de mármol y portan en metal la efigie de los venerados; son materiales duros, bellos, semejantes a la actitud de los jóvenes.

En los diecisiete cubos con los restos hay imágenes de valentía, solidaridad, patriotismo similar al de Flores Betancourt Rodríguez quien murió sin conocer a su hija, su mujer estaba embarazada y él a cientos de kilómetros peleando; o al de Marcos Martí Rodríguez, el más lozano de los caídos artemiseños, con apenas diecinueve años le apuntan con un fusil al ser capturado y responde: “¿Cómo tú tiemblas si llevas armas?”

Cubo de la Victoria

Es difícil pensar que bajo tierra habite tanta historia; este espacio muestra una convulsa etapa, necesaria para poder disfrutar hoy de los logros de la Revolución.

Las nuevas generaciones de cubanos acuden a este sitio en cada fecha conmemorativa o cuando una clase lo requiera. Al final del recorrido en la sala museo descubren fotos que narran cronológicamente la preparación de los hechos y la continuidad de la lucha. También vitrinas con piezas personales de los combatientes desnudan el lado sensible de estos hombres, así lo refleja el corazón de madera realizado por Emilio Hernández Cruz perteneciente a una novia.

Desde esa sala se asciende mediante una escalera, en forma de espiral, hacia el Cubo de la Victoria, el cual desprende de sus vitrales una felicidad de colores. Por fuera el visitante observa una fotografía del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz levantando su fusil junto a otros rebeldes.

Este símbolo atrae la atención del visitante. Se escogió porque constituye una figura geométrica pura, con gran carga visual y contiene líneas rectas empleadas en todo el proyecto. El cubo persiste como si flotara sobre una lápida de grandes proporciones, revestida de granito, que cobija los restos.

El memorial posee un panteón inaugurado el 17 de enero del 2000 a solicitud de los sobrevivientes, quienes pidieron descansar junto a sus compañeros. Tuvo una concepción similar a la del recinto mortuorio: la pared en forma de talud y los nichos emergen de la tierra, con la diferencia de tener las efigies de mármol. Guarda los restos de tres combatientes.

Toda la belleza natural circundante al mausoleo se inserta conceptualmente, le rinde homenaje a los asaltantes.
Del mismo modo que la labor del mausoleo se extiende por la comunidad, este se convierte en un Complejo Monumentario al ubicar en la avenida conducente hasta él y en la Carretera Central, a la salida del municipio hacia La Habana, cubos de mármol sobre túmulos, con una sola cara pulida donde aparece el nombre, y el resto está sin pulir como diamantes en bruto.

El sagrado deber

De esta tierra, a sesenta kilómetros al oeste de la capital, salieron veintiocho jóvenes rumbo a la eternidad: [...] de Artemisa nadie nos traicionó [...], [...] no están ni olvidados ni muertos [...] señaló el Comandante en Jefe.

Dada su organización contaban con uno de los mayores números de células clandestinas bien compartimentadas, que representaron la mayor fuerza del líder Fidel Castro Ruz durante los preparativos y en el asalto a las fortalezas, los sobrevivientes fueron compañero del Granma, en la Sierra Maestra y después del triunfo hasta el presente.

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