Una ruta Arcoiris

Por Isaura Diez Millán / 28-07-2017

Sobrevolamos el edificio de 25 y O en el Vedado, montados en un arcoíris rojo y negro. Por un tragaluz nos introducimos en los pasillos. Casi caemos cuando la profe frena de repente ante el apartamento 603 y comienza a llamar: “¡Abel, Abel!”

Traspasamos la puerta y damos con la sala. Reunidos, un grupo de jóvenes escuchan hablar a una estatuilla de Martí situada sobre el buró. Uno de ellos camina hacia el librero, extiende sus largos brazos hasta el almanaque de pared y arranca la hoja del veinticuatro, deja el 25 de julio de 1953 a la vista de todos.

Súbito, los demás comienzan a salir de la casa. Antes de cerrar la puerta, el joven me mira. Tras sus espejuelos grandes y cuadrados, descubro los ojos más expresivos conocidos en mi vida. Tanta luz salió de ellos que terminé ciega, y desperté...

Nerviosa, corrí en busca de mi álbum de fotos. Ahí encontré recuerdos sobre la ruta Arcoíris, paseo creado por el museo Abel Santamaría para enseñarnos lugares de la capital relacionados con los jóvenes del centenario.

La familia Santamaría Cuadrado estuvo muy vinculada con el proceso revolucionario.

Todos preguntamos cómo pudo un muchacho de 25 años organizar la preparación militar, el hospedaje en Bayamo y Santiago de Cuba, la eficacia de las células, entre otras acciones que lo convirtieron según Fidel, en “el alma del movimiento”.

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