Una carga para matar bribones

Comentario / 22-07-2017

Cuando parecía que el Apóstol iba a morir en el Año de su Centenario y que de Rubén Martínez Villena no se hablaría jamás, un grupo de jóvenes encabezados por Fidel Castro Ruz se impuso la misión de que Martí no fuera más de mármol y de piedra y que Rubén volviera a la tribuna con su Mensaje Lírico Civil.

Otro poeta, Raúl Gómez García, había leído ante los valientes sus vibrantes versos en aquel amanecer del 26 de julio de 1953, que bien pudo ser el de Yara o el de Baire: Ya estamos en combate, cantaba el Poeta de la Generación del Centenario en la Granjita Siboney, minutos antes de partir todos a tomar el cielo por sorpresa.

Los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, de Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente, fueron los objetivos de aquella acción, demostrativa de que con escopetas de cazar pájaros se puede enfrentar a un ejército profesional armado hasta los dientes por los yanquis, para que de nuevo la rebeldía enarbolara sus banderas en aras de la libertad, trunca cuando Estados Unidos frustró las ansias independentistas, que nos vienen en la sangre a los cubanos desde la Demajagua.

Torturada, apresada, vejada y humillada la Patria por todos los tiranos de turno desde 1902, aquella gesta épica fue el motor pequeño que echó a andar definitivamente el motor grande de la Revolución, quizás el único del mundo que no tiene marcha atrás.

En su alegato de autodefensa La historia me absolverá, Fidel Castro expresaba: [...] en el mundo actual ningún problema se resuelve por generación espontánea”. La vida le ha dado la razón a aquel joven abogado de ideas mambisas, porque está harto demostrado que solo la lucha constante y la resistencia tenaz frente al más poderoso enemigo de la especie humana pueden abrir las puertas del futuro y convertir en realidades los sueños.

Hablan los enemigos de “transición”. Y a veces, en la premura de las respuestas, les afirmamos que dicha transición en Cuba comenzó el 1 de enero de 1959.

Pero lo cierto es que los cubanos iniciamos nuestra transición hacia formas de vida más justas en el mismo amanecer de aquel 26 de Julio, que al decir de la heroína Haydée Santamaría, “Es el día más alegre de la historia”.

Fue cuando supimos que los cambios ansiados no solo eran necesarios, sino también posibles. Y a partir de esa fecha, todo comenzó a cambiar para siempre con aquellos disparos contra los muros del oprobio, la traición, el crimen y el latrocinio, en aras de nunca más retornar al pasado que solo debe servirnos para no olvidar ni perdonar a los asesinos, ladrones, torturadores y mafiosos, muchos amparados en la complicidad sangrienta y terrorista del Norte revuelto y brutal que nos desprecia.

Hoy, a 64 años de la epopeya inicial, seguimos en combate y cambiando todo lo que tenga que ser cambiado, con vistas a perfeccionar y hacer mejor nuestro socialismo, tan cubano como las palmas y la sangre de los héroes y mártires, ninguna de cuyas tumbas será nunca ultrajada ni mancillada, y cuyos nombres queridos permanecerán eternamente en fábricas, escuelas, hospitales, granjas, cooperativas, parques y poblados.

“A Cuba no la tendrán jamás”, porque las ideas han tomado forma de pueblo unido en torno a Fidel, a Raúl y al Partido. Ya Fidel afirmó en una ocasión que el 26 de Julio había sido la carga que pedía Rubén.

Y ahora que avanzamos en pos de nuevos logros, si se nos impusiera la disyuntiva de volver a las armas, saldremos una vez más a la pelea, como dignos herederos de aquellos jóvenes heroicos que en 1953 no vacilaron en hacer de carne y hueso los versos de Rubén:

Hace falta una carga para matar bribones,

para acabar la obra de las revoluciones;

para vengar los muertos que padecen ultraje,

para limpiar la costra tenaz del coloniaje...

Para que la República se mantenga de sí,

para cumplir el sueño de mármol de Martí;

para guardar la tierra, gloriosa de despojos,

para salvar el templo del Amor y la Fe,

para que nuestros hijos no mendiguen de hinojos

la Patria que los padres nos ganaron de pie [...]

Enlaces directos