Sorpresa uniformada

Por Sonia Regla Pérez Sosa / 17-07-2017

La mayor parte de los trajes fue adquirida por el cabo del ejército Florentino Fernández, enfermero captado para el movimiento, quien también ayudó a comprar las gorras, viseras y los grados de sargento. Otra pequeña cantidad la confeccionó un grupo de compañeras en la casa de Melba, entre las cuales estaba Haydée.

Únicamente los zapatos negros de corte bajo y el tipo de armas, los distinguirían entre los guardias, narró posteriormente el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz al describir los hechos.

El cuidado en el aspecto textil se debió a que muchas de las acciones previstas tuvieron como principal factor sorpresa el “camuflaje” caqui de quienes no dejarían morir las ideas del Maestro.

De esta manera, los jóvenes hicieron más difícil su descubrimiento y permitieron que durante los combates, volaran las versiones, al no saberse bien si se fajaban los guardias entre ellos o si realmente eran “elementos revolucionarios que atacaron el cuartel”.

La similitud del vestuario admitió también que se diesen actos como el de los “sargentos” asaltantes Pepe Suárez, Ramiro Valdés y Jesús Montané, quienes pudieron quitarles a los integrantes de una posta los Springfield de las manos cuando estos se pusieron en atención y presentaron armas para saludar al “general” que entraría.

Una vez ocurrido el acontecimiento, sus ropas sirvieron para desmentir a las autoridades cubanas del momento pues, a excepción de los caídos en combate, los asesinados estaban vestidos con uniformes nuevos y limpios, sin un hueco, ni una mancha de sangre, a pesar de las muchas heridas observadas a simple vista en los cadáveres.

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