Cuarteles para la historia

Por María Luisa García Moreno / 14-07-2017

El término cuartel procede del francés quartier y, en su primera acepción, significa “cuarta, cada una de las cuatro partes iguales en que se divide un todo”, sentido en el que se alude a la Heráldica y da nombre a “cada una de las partes de un escudo dividido en cruz”, o a “cada una de las divisiones o subdivisiones de un escudo”. Por otra parte, vinculado con la Náutica puede significar “compuesto o armazón de tablas con que se cierran las bocas de las escotillas, escotillones, cañoneras, etcétera” o “posición de una vela cuando se acuartela”.

Cuenta esta palabra con varias acepciones relacionadas con la vida militar, algunas referidas al término propiamente dicho: “cada uno de los puestos o sitios en que se reparte y acuartela el ejército cuando está en campaña o en el sitio de una plaza, y se distribuye por regimientos”, “alojamiento que se señala en los lugares a las tropas al retirarse de campaña”, y también unidades pluriverbales como cuartel general, “departamento u organismo en que se establece el mando superior de los ejércitos o de la armada; cuartel maestre o cuartel maestre general, “oficial general que se encargaba de prevenir y arreglar los mapas, planos y noticias instructivas de las circunstancias, calidad y situaciones del país en que se había de hacer la guerra, y de formar el plan de batalla y el de la marcha y campamentos del ejército”; cuartel general, “población, campamento o instalaciones donde se establece con su estado mayor el jefe de división, ejército o mando superior”, entre otras.

Sin embargo, como más lo usamos es como el antiguo “edificio destinado para alojamiento de la tropa”, de sólida construcción y con varios elementos necesarios para su defensa, tales como fosos –del italiano fosso, “hoyo”, “excavaciones que protegen la fortaleza”–; aspilleras–del catalán antiguo espillera, “abertura larga y estrecha para disparar por ella”, las cuales pueden ser apaisadas “tienen su mayor dimensión en sentido horizontal” o invertidas “más anchas por la parte exterior que por la interior del muro o pared”–;tambores–“pequeñas defensas circulares que se ponen ante las puertas”–; alambradas–“redes de alambre de espino que se emplean en campaña para impedir o dificultar el avance de las tropas enemigas”– y otras obras ingenieras.

Entre sus derivados, los más usados son cuartelero, -a –“perteneciente al cuartel” y “soldado destinado a cuidar del aseo y seguridad del dormitorio de su compañía”– y cuartelazo, “pronunciamiento militar”.

La República heredó de la metrópoli muchas de esas fortalezas–“recinto fortificado”– para defender poblados e ingenios o cafetales de los mambises. El cuartel Reina Mercedes, donde estuvo ubicado el Regimiento No. 1 de Santiago de Cuba, que durante la República cambió su nombre por el de Moncada, en honor a Guillermón, y el Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, asaltados –de asalto, del italiano assalto, “acción y efecto de asaltar”, “acometer impetuosamente una plaza o fortaleza”– el 26 de julio de 1953 están entre esos cuarteles, fuertes y fortines que han quedado como testimonio pétreo de la historia.

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