Juntos en un mismo saco IV

Fragmentos del discurso pronunciado por el entonces ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias general de ejército Raúl Castro Ruz, al conmemorarse el décimo aniversario del ataque a Playa Girón. / 20-04-2017

No vacilaron en emplear una fuerza compuesta por esbirros, batistianos que habían escapado a la justicia revolucionaria, burgueses y ricachones que solamente de los participantes en la invasión venían a recuperar: 27 mil 556 caballerías, o sea, 369 mil 801 hectáreas de tierra; 10 centrales azucareros; 3 bancos comerciales; 5 minas; 12 cabarets; 9 mil 666 edificios de apartamentos y casas; 70 industrias; 2 periódicos reaccionarios, etc. Los imperialistas como para tener bien definidos desde el comienzo cuáles serían los objetivos de la invasión, incorporaron a la brigada mercenaria a más de cien latifundistas, a 24 grandes propietarios, 194 ex militares y esbirros de la tiranía, 112 lumpens y demás elementos de igual ralea moral, asesinos y explotadores de nuestro pueblo. Todos juntos en un mismo saco.

Pero tendrían que batirse con todo el pueblo.

La CIA los entrenó con el mayor esmero, los dotó de tanques, morteros, cañones, ametralladoras y lanzacohetes, fusiles y subametralladoras, buques de guerra, lanchas de desembarco y una aviación tres veces mayor que la nuestra.

Pero carecían de moral para luchar.

Pretendían basarse en la contrarrevolución interna, que realizaría alzamientos y acciones diversionistas en la retaguardia, pero no contaron con que los Comités de Defensa de la Revolución en colaboración con la Seguridad del Estado, sabrían aplastar esas actividades y mantener a raya a los traidores que la CIA había preparado para esta ocasión.

El preludio de la invasión fue el bombardeo a los aeropuertos, realizado en la mañana del 15 de abril. Fue un ataque destinado a eliminar nuestras posibilidades de defensa aérea y lograr ellos el dominio total del aire. En el bombardeo, varios compañeros cayeron víctimas de la sorpresiva agresión. Uno de ellos, el miliciano Eduardo García Delgado, de poco más de 20 años de edad, al morir escribió con su sangre el nombre de Fidel, como símbolo mayor de su devoción a la causa revolucionaria y su combatividad llevada hasta el mismo minuto de la muerte, ejemplifica el valor de nuestros jóvenes y la inquebrantable moral de nuestro pueblo. El imperialismo carece de sensibilidad para comprender que un pueblo capaz de dar jóvenes como este, es un pueblo imposible de vencer.

En el entierro a las víctimas del bombardeo, realizado el 16 de abril de 1961, el compañero Fidel proclamó el carácter socialista de la Revolución, ante decenas de miles de obreros que con los fusiles en alto proclamaban su adhesión militante y su inquebrantable decisión de defender a la Patria al costo que fuera necesario.

Referencia:

Tomado de la revista Verde Olivo , edición 17, 25 de abril de 1971.

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