Título: La respuesta del pueblo III

Fragmentos del discurso pronunciado por el entonces ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias general de ejército Raúl Castro Ruz, al conmemorarse el décimo aniversario del ataque a Playa Girón. / 19-04-2017

El pueblo no soportó estas agresiones mansamente. Supo organizarse en defensa de la Revolución y de la Patria. Se crearon las Milicias Nacionales Revolucionarias, que fundieron en el crisol de la defensa de la Patria a hombres y mujeres, obreros, campesinos y estudiantes. Lo mejor y más decidido de nuestro pueblo tomó el uniforme miliciano y la subametralladora y ocupósu puesto, tanto en las montañas del Escambray, junto a sus hermanos del Ejército Rebelde, para combatir a los bandidos, como para cuidar minuto a minuto, sus fábricas y respectivos centros de trabajo y estudio contra los posibles ataques.

Se creó la Federación de Mujeres Cubanas para incorporar organizadamente a las mujeres al proceso revolucionario. En cada cuadra se organizaron los Comités de Defensa de la Revolución, celosos y entusiastas defensores de los intereses del pueblo, escudo surgido de las propias masas para paralizar toda actividad enemiga.

El ataque a Girón fue decidido más de un año antes de su ejecución. Durante la administración de Eisenhower, la Agencia Central de Inteligencia comenzó a planearlo. El propio Eisenhower lo reconoció en sus memorias, donde expresó:

“En cuestión de semanas, después que Castro entró en La Habana –confesó el entonces presidente yanqui– nosotros en el gobierno comenzamos a examinar las medidas que podrían ser efectivas para reprimir a Castro[...]”, “otra idea fue la de que comenzáramos a construir una fuerza anti-Castro dentro de la propia Cuba. Algunos pensaban que debíamos poner la Isla en cuarentena, argumentando que si la economía cubana declinaba bruscamente los propios cubanos destruirían a Castro[...] ”, “[...]y que a principios de 1960 el gobierno de Estados Unidos había decidido que tenía que hacer algo con respecto a Cuba, la cuestión era qué, cuándo y en qué circunstancias, por lo que el 17 de marzo de 1960 – concluye el propio Eisenhower yo le ordené a la CIA que comenzara a organizar el entrenamiento de los exiliados cubanos, principalmente en Guatemala”.

Las palabras de quien ocupaba en aquella fecha la presidencia de los Estados Unidos son un testimonio desvergonzado pero históricamente exacto. La administración de Kennedy sustituyó a Eisenhower y a su vicepresidente Nixon. Eran hombres de partidos distintos, pero para nosotros no había diferencias sustanciales. Kennedy heredó el plan, lo conoció e introdujo en él algunas variantes, dando órdenes a la CIA de que lo llevara a cabo.

El entrenamiento final de la brigada mercenaria fue similar al que se imparte a las fuerzas armadas de los Estados Unidos. Las bases en que se prepararon son las siguientes: la infantería se preparó en Louisiana, Miami, Fort Gulic (en la zona del Canal de Panamá) y en la finca Helvetía, donde estuvo la base principal y en Quetzaltenango, estas dos últimas situadas en Guatemala. La marina se preparó en Nueva Orleans y en las Islas Vieques, en Puerto Rico. La aviación en Puerto Cabezas, Nicaragua; Retalhuleu en Guatemala y Opalocka, cerca de Miami, en los Estados Unidos. Los tanquistas recibieron su entrenamiento en el estado de Virginia, los paracaidistas se entrenaron en la finca La Suiza y en Quetzaltenango, ambas bases radicadas en Guatemala. La invasión partiría de la Nicaragua tiranizada por los Somoza. La CIA, como se ve, contó con la colaboración de títeres latinoamericanos que prestaron tierras de nuestra América para agredir a Cuba. La entonces nueva administración de Kennedy demostraba, con hechos, que era igual a las demás. Los pueblos saben que Eisenhower o Kennedy, Jhonson o Nixon, tienen entre sí pocas diferencias porque todos representan fielmente los intereses del imperialismo yanqui.

Kennedy quería destruir a la Revolución cubana y al mismo tiempo, aparentar que los Estados Unidos eran ajenos a la agresión. Para ello crearon la brigada mercenaria reclutada en las filas de la burguesía y sus detritus.

Referencia:

Tomado de la revista Verde Olivo, edición 17, 25 de abril de 1971

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