Un antimperialista convencido

Por: Héctor Acturo / 04-02-2017

Todavía los hay que buscan y rebuscan, para tergiversar el pensamiento del Apóstol, en el afán de doblar la cerviz e hincar las rodillas ante todo lo que huela a yanqui.

Sin embargo, misión imposible la de estos que padecen desde la cuna del pecado original y son sietemesinos, porque no tienen fe en su Patria.

Han llegado, incluso, a la desvergüenza de rendir homenaje al Bin Laden de Nuestra América en la fecha del natalicio del Autor intelectual del Asalto al Cuartel Moncada.

Otros piden a gritos que las bombas yanquis y de la Otan caigan sobre las cabezas de sus propios familiares, con tal de sumarse como una estrella más a la bandera del imperio.

Martí los clavó para siempre: “los flojos: respeten; los grandes: adelante. ¡Esta es tarea de grandes!”.

Y nos alertó a todos, con su verbo y acción, sobre la inexcusable necesidad de la unidad más monolítica, porque aún hoy vivimos en “la hora del recuento y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de Los Andes […] para que no pase el Gigante de las Siete Leguas”.

Pero nada más elocuente para demostrar el antimperialismo consecuente de Martí que la carta que escribió a su amigo mexicano Manuel Antonio Mercado de la Paz, fechada el 18 de mayo de 1895, e inconclusa porque horas después, en la tarde del domingo 19, tres balas enemigas lo hicieron caer en combate, de cara al Sol, cuando ya llevaba sobre sus hombros la estrella de Mayor General del Ejército Libertador, formado entonces por los pinos viejos y nuevos, que logró unificar para hacer la Guerra Necesaria.

Martí, que tanto había luchado desde su más temprana juventud por esa gran Patria que él mismo definió como Humanidad, manifiesta sin cortapisas su ideología política:

“[…] impedir a tiempo, con la independencia de Cuba que se extiendan por Las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy y haré es para eso […]”

Y condena a los que se contentan “solo de que haya un amo, yanqui o español, que les mantenga, o les cree, en premio de su oficio de celestinos, la posición de prohombres […]”

Porque vivió en el monstruo y le conoció las entrañas, y su honda fue la de David, jamás perdió un minuto de su incansable existencia en denunciar la voracidad del poderoso vecino, lo cual demuestra que El Mayor General José Martí fue un antimperialista convencido.

Podrán vivir eternamente genuflexos los que afuera o adentro añoran la anexión, pero jamás lograrán su macabro anhelo, porque somos millones de cubanos los que tenemos lista y engrasada la honda de David para que la Patria siga siendo libre, sin tutelas ni vasallajes, guiada hasta siempre por la estrella del Mayor General José Martí.

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