Caprichos en enero

Por Sonia Regla Pérez Sosa / 06-01-2017

Marlon, Alejandra, Carlos, Edry, Laritza, Melissa y Yoelvis, amanecieron en la Plaza de la Revolución este 2 de enero. Ellos integraban algunos de los bloques que desfilaron frente al monumento de José Martí y bajo la mirada del Presidente de la República de Cuba, General de Ejército Raúl Castro Ruz en conmemoración al Aniversario 60 del desembarco de los expedicionarios del yate Granma, Día de las FAR y al levantamiento armado en Santiago de Cuba.

Desde su posición vieron salir el sol. Para entonces ya habían escuchado los veintiún disparos salvas de la artillería y saludado con un ¡Venceremos! al Oficial Revistador y al Jefe de las Tropas, los generales de cuerpo de ejército Leopoldo Cintra Frías y Ramón Espinosa Martín, respectivamente.

Los primeros rayos sobrepasaron la caballería mambisa. De manera caprichosa solo iluminaron el camino de los ciento veintiocho jinetes, esos que se alinearon en escuadras y ubicaron sus corceles según colores, para “que compaginara el bloque. Primero los moros, detrás los alazanes, los dorados…”, explicó Edry Turiño Salabarría, miembro de la granja Manuel Oviedo de la Empresa Unión Agropecuaria Militar Villa Clara-Cienfuegos.

Ni siquiera el sonido del clarín mambí, aquel que llamaba a las cargas libertarias, y esa mañana anunció la llegada de la cabalgadura y el inicio del desfile, desvió el arbitrario recorrido del astro solar.

Los nacientes destellos iluminaron directamente a quienes mejor saben querer, los más sinceros, tal vez como premio por batir sus pañoletas azules hasta crear olas capaces de mover la réplica del yate Granma por toda la plaza. Pequeños que este día prefirieron aprender historia fuera de sus aulas, “porque desde aquí se entiende mejor”, afirmó la estudiante de sexto grado Alejandra del Toro Espinosa, de la escuela Mario Muñoz Monroe.

“Además, apreciamos los valores de esta embarcación, la valentía de sus expedicionarios y el deseo del Comandante en Jefe porque la conociéramos, por ello también la custodiamos de cerca para que nadie la dañe”, continuó Carlos García Álvarez, alumno de sexto grado del mismo centro educativo.

Por estos motivos, a viva voz expresaron su voluntad de multiplicar a Fidel en cada uno, de saberlo amigo y padre eterno. Poco a poco, el volumen de sus voces se elevó y entre las estrofas de La Lupe, canción que acompañaba el recorrido, insertaron sus lemas.

Gradualmente, los trescientos integrantes de cada bloque, fueron sintiendo el calor y la luz en la medida que se acercaban a la tribuna, donde observaba Raúl.

Quizás por esta razón Melissa Martínez Almaguer, integrante de la Escuela Militar Camilo Cienfuegos de Mayabeque, mantuvo la mirada fija, el paso alto, una buena oscilación y correcto porte y aspecto. Su responsabilidad como guía de línea en el bloque no le permitió que fuese diferente. “Por ello resistir es la palabra clave, pues representar a los camilitos del país constituye un orgullo que implica mi dedicación y entrega”, precisó.

La guardiamarina Laritza Muñoz Rodríguez, integrante de la Academia Naval Granma, Orden Antonio Maceo, compartió, dos bloques más atrás, el mismo compromiso como futura oficial de las FAR. “Sobre todo porque admiramos la fuerza, el valor, la decisión de los jóvenes que desembarcaron aquel 2 de diciembre. Y para nosotros, más de medio siglo después, esta constituye una forma de manifestar el deseo de seguir haciendo Revolución”, explica.

Su bloque blanco desfila entre el verde olivo de otras Instituciones Docentes de Nivel Superior de las FAR. A pesar de la vistosidad de su vestuario, dice sobresalir fundamentalmente por la correcta ejecución de los procedimientos de infantería y la cohesión lograda.

Confiesa que el esfuerzo contante y la integración de todos ha permitido la realización del desfile como el pueblo merece, por ello esta constituye también una muestra de la preparación, unidad y firmeza de cada estudiante, combatiente internacionalista, de Girón, de los ejércitos y de las diferentes tropas.

Resultado del compromiso “con los principios aprendidos del Comandante en Jefe, el General de Ejército y otros principales jefes, quienes nos han guiado en la salvaguardia de nuestra Cuba libre, independiente, socialista”, manifestó el capitán Yoelvis Díaz Mató de la especialidad de Mando Táctico de Tropas de Infantería Mecanizada de la Escuela Interarmas de las FAR General Antonio Maceo (EIGAM), Orden Antonio Maceo.

Advirtió el honor de participar en esta ceremonia, la cual veía como un estímulo cuando era cadete, capaz de motivarlo para continuar estudios y hoy, como profesor, reconoce el honor de contar las experiencias a sus alumnos, ayudarlos a concentrarse en la tarea y mostrarle su significación, pues como escolta de la bandera que representa su unidad, se siente como uno de aquellos mambises, guardianes de la enseña nacional en las guerras de independencia.

Entonces repasa sus procedimientos tras escuchar la voz de ¡Puestos! Nada debe perturbarlo cuando marche frente a la tribuna. Sabe lo que representa y eso lo desafía. Así se lo ha hecho saber a sus discípulos, a quienes mira de reojo y corrige, mientras se imagina al pueblo que a varios metros de su bloque se prepara para hacer suya también esta Plaza.

Esa misma sensación de estrechez en el pecho cuando se sabe observado desde la tribuna, experimenta el cadete de tercer año de Artillería Terrestre Marlon Marrero Marrero de la EIGAM, al disparar su obús para dar comienzo a la ceremonia, mucho antes de que el sol los descubriera.

Este 2 de enero, el astro rey esperó voluntarioso, las veintiuna detonaciones y solo después brilló, como un participante más mostró disciplina y respeto.

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