Descargas de honor

Por Sonia Regla Pérez Sosa / 28-11-2016

A las nueve de la mañana de este 28 de noviembre, como parte del homenaje póstumo al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, una batería de salvas de la Escuela Intermas Antonio Maceo, Orden Antonio Maceo, realizaron veintiún disparos desde el Parque San Carlos de La Cabaña.

Una ceremonia con la que se rinden los máximos honores a personalidades excepcionales por su jerarquía, ser protagonista de grandes hazañas y ostentar méritos ante la Patria. Características y normas desbordadas por nuestro Fidel a lo largo de sus noventa años.

Desde entonces y hasta las seis de la tarde, por disposición del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias a cada hora se dispara una salva. Los cuarenta y cinco cadetes miembros de las dotaciones escogidas, saben el significado internacional de esta formalidad, sin embargo, les gusta creer que es la oportunidad concedida a ellos para hacer presente al líder de la Revolución.

“Esto nos llena de orgullo porque sabemos que desde donde esté escucha a estos jóvenes militares rindiéndole tributo a nombre de nuestro pueblo”, expresa el capitán Rassiel Camejo Hernández, segundo jefe de batería de salvas, mientras mira la hora de su reloj.

Plantea que cuando los cadetes y oficiales conocieron la designación para integrar las dotaciones todos se sintieron estimulados, saben de la profesionalidad con la que deben realizar sus maniobras, pero están seguros de la preparación adquirida, “pues nos forjamos en una institución docente, caracterizada por formar oficiales capaces de cumplir las misiones plateadas por la Revolución”, señala la estudiante de tercer año de la especialidad de Artillería Terrestre Ana Ivis León Oropeza.

Para el oficial esta no constituye la primera vez que lleva un brazalete negro sujetado a su brazo izquierdo, sin embargo, ahora dice sentirlo diferente, como si se le ajustara más. “Tal vez sea la demostración de esta mezcla de dolor con emoción que se siente en el pecho. Pues se nos ha muerto un padre, ese que nos enseñaron a querer desde pequeño”, afirma el oficial mientras se acomoda el uniforme.

La joven, por su parte, sí lleva por primera vez la pieza negra. Dice que el sonido de la primera salva mañanera y el recorrido de unas lágrimas le demostraron su verdadero significado, pues despedían físicamente al Comandante en Jefe.

A quince minutos de la hora exacta, como buenos artilleros, los integrantes de la batería forman en composición de pelotón y tras las voces de mando de su jefe se trasladan hacia el área de las piezas en paso ordinario.

Mientras se desplazan, dice León Oropeza pensar en la responsabilidad de todos, “pues representamos a nuestra especialidad y a toda esa juventud que de una forma u otra ha cumplido el legado del Comandante, y llevamos adelante sus conquistas e ideales”. Entonces no se siente el sol y los adoquines de la instalación no los hacen tropezar, ya conocen sus pasos.

A las menos cinco, ocupan puesto para efectuar la salva y repasan mentalmente la actividad, pues concentrarse, plantean ser la base del éxito para desempeñarse bien, mantener la cohesión y concebirse en el papel que les corresponde.

Cuando faltan solo dos minutos el jefe de la batería ordena cargar. Entonces se preparan tres dotaciones para efectuar el disparo por si ocurre alguna interrupción. Aquí las manos y ejecuciones son solo las necesarias.

A treinta segundos, se ordena el número de dotación que efectuará el disparo, porque se realiza una sola salva. “Y pensamos que la detonación muestra nuestra decisión de continuar la línea trazada por el invicto Comandante en Jefe desde 1959, la cual continuaremos reafirmando”, señala el capitán Camejo Hernández.

Restando un segundo, todos los sentidos están concentrados. Cuando el jefe de la batería baja su bandera roja se efectúa el disparo. Para unos constituye el fin de la ceremonia, sin embargo, otros lo ven como el comienzo de la que le sucede.

Se ordena alto al fuego y ¡Detrás de la pieza formar! Entonces, la batería sale en tres filas, manteniendo su composición de pelotón. A paso ordinario se retiran y ocupan nuevamente el área de espera. Dentro de otros 45 minutos volverán.

Todos repiten el mismo pensamiento: “Esta actividad nos forma y es la misión más importante que cumpliremos en nuestras vidas. Estamos convencidos de ello”. La emoción solo les permite pensar en sus compañeros de armas de Santiago de Cuba, que a la misma hora realizan esta descarga de honor.

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