Máximo Gómez en Fidel Castro

Por coronel (r) René González Barrios / 28-11-2016

El 20 de agosto de 1998, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, visitó la República Dominicana. Admirador sincero del Generalísimo Máximo Gómez Báez, el ilustre dominicano que hiciera de Cuba su Patria adoptiva y de su independencia el sentido de la vida, viajó a Baní, cuna del prócer, para rendirle tributo.

Conocía Fidel la identidad de pensamientos que unía al ilustre banilejo con el humanismo martiano, y que este combatiente, un hombre de paz quien odiaba la guerra, soñaba con la creación de escuelas y la formación del pueblo, como forja de las generaciones futuras y fragua de la nueva nación.

Ningún reconocimiento más leal a la memoria de Máximo Gómez, que el anuncio oficial de la donación por Cuba de un politécnico en su ciudad natal. Se trataba de un viejo sueño, cuya noticia adelantó por vez primera en 1996 el entonces Ministro de Educación Superior de Cuba, Fernando Vecino Alegret, durante la visita a Baní. En la ocasión refirió que tal obra constituía un merecido homenaje del pueblo y Gobierno cubanos, al pueblo banilejo y al Gobierno dominicano.

Como obra de amor, el instituto quedó fundado el 14 de febrero del año 2000. Dotado de modernos equipos entrega- dos por las autoridades de la Isla para los talleres y labora- torios que garantizan los entrenamientos y preparación de los alumnos. La escuela es hoy una institución modelo en la formación técnico profesional, y un símbolo de la hermandad entre los dos países. Hasta el 2015 graduó cerca de cinco mil alumnos.

El general Máximo Gómez Báez, ha sido tema recurrente en el pensamiento político del Comandante. A su llegada a la República Dominicana el 20 de agosto de 1998, en la ceremonia de recibimiento en el propio aeropuerto internacional Las Américas, refirió:

Hubo el hecho que quedó grabado de manera indeleble en el alma de nuestro pueblo: la participación de los dominica- nos en la lucha por nuestra independencia, el papel de aquel genial hijo de este país que fue y es Máximo Gómez, quien llegó a convertirse en una de las fi guras más extraordinarias de nuestra historia. No sabemos, o mejor aún, no me atreve- ría o no intentaría discutir si era cubano o era dominicano.

Dos días después, al recibir la Orden del Mérito de Duarte, Sánchez y Mella en el grado Gran Cruz Placa de Oro, reconoció Fidel en el Generalísimo, el símbolo imperecedero de la hermandad entre los pueblos de Cuba y República Dominicana, al colocar en el pecho del presidente Leonel Fernández la Orden José Martí:

Hay un nombre que sintetiza esa hermandad: Máximo Gómez. Hijo humilde de este pueblo, supo convertirse en hijo insigne y entrañable del pueblo cubano por derecho ganado en su lucha por la independencia de Cuba, a la que aportó su brazo y su machete, su genio militar y su coraje, un notable talento político y un profundo pensamiento revolucionario. Sudiario de campaña, sus arengas y sus conmovedores relatos desafortunadamente escasos, dada su azarosa vida de combatiente infatigable por la libertad, sugieren que de aquel humilde campesino pudo surgir también un genio de las letras.

Son conocidas las circunstancias en que culminó, hace ahora exactamente un siglo, aquella lucha heroica de más de treinta años, cuando la intervención de un vecino poderoso frustró el ideal de independencia al que consagró Gómez su vida. Entonces el guerrero invencible sintió el cariño y el reconocimiento de todo un pueblo que agradecía infinitamente su noble, abnegado e inolvidable aporte a nuestra libertad; pero en aquellas circunstancias en que nuestro país no era todavía verdaderamente independiente al pasar a ser una neocolonia de Estados Unidos que le impuso a nuestra ley constitucional hasta el derecho a intervenir militarmente en sus asuntos internos, no pudo concederle los honores de una Revolución triunfante y una nación libre a lo que era tan merecedor. Hoy Cuba quiere de alguna manera, aunque solo sea simbólicamente, reparar esa injusticia.

Por eso, estimado Presidente, por lo que significó Máximo Gómez en la historia de luchas del pueblo cubano; por lo que aportaron tantos hijos e hijas de esta tierra quisqueyana que dieron a Cuba su esfuerzo, su sacrificio y no pocas veces su sangre; por la sangre cubana derramada también en defensa de la libertad dominicana, cuando su- fría todavía varias décadas después la sombría herencia de opresión y tiranía que dejó sobre esta tierra la humillante e injustificable intervención de Estados Unidos entre 1916 y 1924; por el amor que sintió José Martí hacia esta tierra hermosa que fue también su patria, y hacia sus hijos admirables, que igual que los cubanos y todos los hijos de Nuestra América fueron para él como hijos suyos, el Consejo de Estado de la República de Cuba me ha encomendado poner sobre su pecho la Orden José Martí, por haber sido el Jefe de Estado que, en tiempos difíciles y de grandes presiones exteriores, restableció las relaciones diplomáticas entre nuestros dos países, que tan dolorosamente y durante tan largos años fueron interrumpidas; y rogar a la vez que se nos permita expresar y se nos permita soñar que en este mismo acto, en este mismo instante, desde lo más íntimo de nuestros corazones, nuestro pueblo agradecido concede y coloca sobre el pecho inmortal de Máximo Gómez y sobre el pecho heroico del pueblo de Duarte, de Sánchez, de Mella, de Luperón y de Caamaño, esta insignia máxima que puede otorgar el Estado cubano. De pueblo a pueblo; de hermano a hermano; pequeños como David, capaces de luchar y de vencer contra gigantes.

En la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Primada de América, reconocería Fidel que los homenajes realizados hasta entonces a Gómez, eran “[…] menos que el enorme tributo que merece” y recordaba la estancia de Gómez y Maceo en aquella hospitalaria tierra, la confianza de los jefes cuba- nos en Máximo Gómez, los inmensos sufrimientos de este en pos de la causa cubana, para concluir afirmaría que “[…] Los revolucionarios siempre lucharon para el futuro. Máximo Gómez y Martí lucharon para el futuro”.

La pasión de Fidel por este gran estratega militar y su Patria, la encontró en sus lecturas de historia y su vocación justiciera. En su alegato de autodefensa por el juicio del Moncada, La historia me absolverá, había manifestado: “[…] Vivimos orgullosos de la historia de nuestra Patria; la aprendimos en la escuela y hemos crecido oyendo hablar de libertad, de justicia y de derechos. Se nos enseñó a venerar desde temprano el ejemplo glorioso de nuestros héroes y de nuestros mártires. Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez y Martí fueron los primeros nombres que se grabaron en nuestro cerebro […]”.

Gómez será referencia permanente en sus discursos políticos.

Destacaba la invasión de Gómez y Maceo a Occidente el 26 de julio de 1962 en Santiago de Cuba.

Durante la velada solemne por el centenario de la caída en combate del mayor general Ignacio Agramonte Loynaz, efectuada en la plaza San Juan de Dios, Camagüey, el 11 de mayo de 1973, lo recordaba como “[…] uno de los más grandes y más capacitados jefes de nuestra lucha por la independencia”, y destacaba en 1975 “[…] aquella extraordinaria campaña de Máximo Gómez en Las Villas”. Refería en la ocasión que “[…] Máximo Gómez con su natural inhibición —porque, pese a sus extraordinarios méritos, él siempre actuaba con la timidez de que no había nacido en territorio cubano […]”.

Inauguró el primero de septiembre de 1976, Fidel en la ciudad de Camagüey, la Escuela Vocacional General Máximo Gómez. En las palabras fundacionales expresó:

[…] Máximo Gómez, que luchó en las dos guerras de in- dependencia durante muchos años, estuvo muy vinculado a la historia revolucionaria de Camagüey. Cuando esta provincia, en la Guerra de los Diez Años, sufrió la terrible pérdida de Ignacio Agramonte, Gómez fue enviado para ocupar el mando de las fuerzas patrióticas en la provincia de Camagüey, y estas tierras fueron escenario de numerosas acciones de armas de Máximo Gómez. Como un justo tributo a su espíritu revolucionario y a lo que luchó por nuestra patria a pesar de no haber nacido en esta tierra, se decidió que esta escuela llevara su nombre.

La conmemoración del centenario de la Protesta de Baraguá, el 15 de marzo de 1978, reconocía que “[…] Máximo Gómez puede decirse que fue maestro de magníficos combatientes cubanos […]”, y recordaba las circunstancias que llevaron al héroe dominicano a salir de Cuba tras el Pacto del Zanjón:

[…] Porque entre Maceo y Máximo Gómez existió siempre un gran cariño, una gran admiración y un gran respeto. Máximo Gómez fue maestro de Maceo, y Maceo fue el más brillante alumno de Máximo Gómez.

Y fue dramática aquella entrevista, en que Máximo Gómez estaba absolutamente convencido de que no existían —en esas circunstancias— posibilidades de continuar la guerra por todos aquellos factores que se habían producido, y Maceo que estaba decidido a continuar la guerra. Maceo quería que Gómez se quedara. Incluso le preguntó si lo iba a dejar solo en aquellas circunstancias. Ambos eran hombres de profundas convicciones, Maceo tenía la suya, Gómez la suya y además una gran experiencia, era el más experimentado de todos los jefes militares cubanos y estaba convencido de que no existían condiciones para continuar la guerra; se despidió y se marchó del país.

Fidel recordaba que en aquellas circunstancias que “[…] todavía Máximo Gómez seguía sintiendo el complejo de ser extranjero”. Y se preguntaba: “¿Y qué hombre hizo tanto por nuestra Patria como Máximo Gómez?” Explicaba como él y su familia habían pasado hambre en Jamaica y lo dura de su vida de emigrado.

Asimismo en el acto central por el XXXII aniversario del asalto a los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, en Guantánamo, el 26 de julio de 1985, destacó a Máximo Gómez, como “[…] una de las fi guras internacionalistas más prestigiosa de la historia de América Latina”. Años después, en un intercambio con periodistas de la Televisión Cubana, en el programa Hoy Mismo , el primero de marzo de 1993 meditaba: “[…] Es muy dramático recordar la historia de Martí y de Gómez organizando su viaje a Cuba y venciendo quién sabe cuántos obstáculos: vigilancia, espionaje. Todavía a uno le cuesta trabajo imaginarse cómo pudieron llegar, descendiendo del barco en aquel botecito para desembarcar por Playitas […]”.

Se cumplen 180 años del natalicio, el próximo 18 de noviembre, del ilustre dominicano a quien Fidel, nacido 90 años después, soñador, desafiante, humanista y retador como él, ha rendido especial y permanente culto.

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