¿Por qué no me mataron?

Por Bega / 13-09-2016

¿Por qué no me mataron? Fue una de las interrogantes que se hizo el entonces joven oficial cubano Orlando Cardoso Villavicencio al caer prisionero en manos somalíes mientras cumplía misión internacionalista en Etiopía, en 1978, ya que esa era una práctica común del contrario.

Veintiocho años después de su liberación, el Héroe de la República de Cuba y coronel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, compartió la interrogante y otras vivencias con jefes y oficiales del Minfar y el colectivo de la Casa Editorial Verde Olivo en la sala de actos del Memorial José Martí, ubicado en la histórica Plaza de la Revolución de La Habana.

Villavicencio, graduado de artillero, resultó ser el único sobreviviente de la emboscada que sufrió su tropa. Quizás por haberlo confundido con un oficial de la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el enemigo no le dio el tiro de gracia. Lo mantuvieron encarcelado casi once años.

Con apenas dos décadas de vida se enfrentó al gran reto de la soledad, a miles de kilómetros de su Patria y en manos hostiles. La ausencia de comunicación comenzó a afectarlo, los carceleros eran la única compañía por segundos. Con la fantasía logró vencer la tristeza y con los principios, la juventud, fortaleza física y preparación política al miedo e intentos de suicidio.

Inicialmente, le entregaron para cinco años un jabón, que se le caería por el tragante y empezaría así otro tormento, y cuatro sábanas, parte de las mismas las emplearía en la obsesiva limpieza de la celda. Pasaría el día entero caminando de un lado para otro. Los carceleros pensarían que estaba loco.

Después del contacto con los compañeros de la Cruz Roja Internacional pudo acceder a los libros y enriquecer su cultura, aprender idiomas que le facilitaron el intercambio secreto con prisioneros; con ellos compartiría el 70 % de los productos recibidos desde Cuba.

Oriundo de la provincia de Camagüey y de origen muy humilde Orlando Villavicencio es sinónimo de resistencia y valor.

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