Vietnam: Otra vez olvidó usted pedir disculpas, señor Presidente

Por José Ramón Rodríguez Ruiz / 14-06-2016

“Nuestras montañas siempre existirán, nuestros ríos siempre existirán, nuestro pueblo siempre existirá, con los invasores norteamericanos derrotados, reconstruiremos nuestra tierra hasta hacerla diez veces más bella”

Ho Chi Minh (10 de mayo de 1969)


Barack Obama visitó Vietnam. No caben dudas que los acontecimientos más interesantes de sus dos períodos de mandato presidencial han sido reservados para el final. Aunque el público estadounidense ni siquiera los note, atontado como estan entre tanto afán de consumo y tanta campaña, su presidente se ha asegurado un lugar en el devenir histórico, no solamente por haber patentizado renovados métodos para derrocar gobiernos adversos, al estilo Libia o Ucrania, sino también, por sus acciones en política exterior, que incluyen el cambio de estrategia hacia Cuba y otras acciones análogas, orientadas hacia la nación asiática en cuestión.

La similitud de agendas y comportamientos del presidente de EE. UU. en Cuba y Vietnam, obliga a este articulista a subrayar el hecho, notando de paso que tales coincidencias no son ni remotamente, objetos de la casualidad.

¿Mismo libreto?

La puesta en escena que tuvo como escenario la patria de Ho Chi Minh ha de haber sido dirigida por los mismos directores que supervisaron la temporada caribeña.

Sin menosprecio al valor político y diplomático de ambos sucesos, y a la importancia que poseen para los pueblos de Cuba, Vietnam y EE. UU., y sus respectivos gobiernos, roza lo risible que en suelo asiático Obama haya hecho casi exactamente lo mismo que en Cuba, adaptándose, eso sí, a las particularidades nacionales del país anfitrión y a su contexto político y económico actual.

Desconozco sinceramente si habrá llamado por teléfono al Pánfilo de allá, aunque algo de eso no debió faltar, pero sí repitió su discurso al pueblo y su correspondiente encuentro con representantes de la “sociedad civil”. Habrá que ver si también a Vietnam le sucede como a Cuba, cuando se trata de incluir a mercenarios de manera frecuente, dentro de esta relevante categoría política.

La juventud y los empresarios (o “emprendedores”) también fueron el centro del cortejo presidencial allá. Bueno, la Estrategia de Seguridad Nacional no ha cambiado entre un periplo y otro, así que para EE. UU., “la gente joven y los empresarios”, siguen siendo los “promotores del cambio en el siglo XXI”.

El 24 de mayo, el presidente de EE. UU. emitió su discurso al pueblo de Vietnam, desde el Centro Nacional de Convenciones de Hanoi. En la lectura de la transcripción¹ publicada por la Casa Blanca, encontré los puntos en común con las palabras dirigidas al pueblo cubano el 22 de marzo, desde el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

El manejo familiar de sencillas frases del idioma anfitrión; la referencia al potencial de la gente joven; el énfasis en las costumbres y las tradiciones del pueblo vietnamita; la marcada solicitud de concentrarse en el futuro, que pudiera ser genuina, si el pasado no fuera tan doloroso.

Paralelamente, la cita a poetas, cantores y filósofos, en la búsqueda del método para tocar la fibra más sensible de los pueblos, que en el caso de Cuba se intentó con la figura de José Martí. Sin embargo, del genio del Maestro los cubanos recibimos una caracterización exacta del discurso de los líderes imperialistas. Durante las sesiones del Congreso de Washington, fueron estas sus impresiones de las palabras de un político estadounidense: “Cuanto podía hacerlo amable dijo. Rebanó del discurso cuanto confirmase lo que se pudiera temer de él. Del encanto de su persona fue de lo que quiso dejar impresión duradera. Con un gesto magnánimo de su mano derecha ofreció el país, en la última frase de su discurso, como bienvenida de americanos a americanos. Y desapareció por una puerta a la espalda con el eco de su voz”.²

El comportamiento de Barack Obama en Cub1a y Vietnam cumple con exactitud los rasgos descritos por Martí.

Libertad de expresión, prensa y de acceso a Internet, también fueron temas abordados por el mandatario en tierra vietnamita, donde EE. UU. sostiene, como en Cuba, discrepancias en cuanto a estándares de derechos humanos y modelos políticos, que Obama no dejó de subrayar durante su estancia en aquel país.

Las coincidencias en las características del periplo presidencial por ambas tierras no son fruto de la casualidad. Son dos versiones de una misma estrategia. Ambas versiones se apuntalan en un enfoque no convencional de uso de la fuerza, que se apoya en los componentes diplomáticos, económicos y comunicacionales del poderío nacional de EE. UU., con una importante contribución del elemento cultural y sin dejar detrás, como posibilidad perenne, la agresión militar directa.

Obama ha convertido en regla una antigua costumbre imperialista orientada a derrocar gobiernos por vías ilegítimas, modificando las realidades nacionales de los países objetivo, con métodos cada vez más perfilados.

Obama salió de Cuba a apuntalar a un monigote neoliberal recién electo, en una de las economías más importantes de América. Un presidente que al recibir a su h
omólogo de EE. UU., ya contaba con cien mil despidos en su aval. De Vietnam se retiró Obama hacia Japón, hacia una cumbre de potencias. Dudo que lo tratado en la cumbre del G-7 favorezca en medida alguna al pueblo vietnamita o a los pueblos de Asia en general.

Pero pese a todo lo anterior, es opinión de quien suscribe estas líneas que lo más penoso del periplo presidencial por ambas naciones está en lo que no se hizo.

Nadie ha pedido a Cuba disculpas por las epidemias, los sabotajes, los atentados, las carencias de todo tipo; como nadie ha pedido perdón a Vietnam por sus cuatro millones de muertos, sus mutilados y deformes, por las tierras arrasadas, por el agente naranja o por los miles de toneladas de bombas que los aviones yanquis arrojaron en una guerra que tuvo entonces, las mismas intenciones de la diplomacia que se esgrime hoy a la luz de una visita, como la de Cuba, sin dudas histórica: Conquistar a un pueblo indomable.

Sirva eso a Vietnam y a Cuba. La disculpa estará siempre pendiente, así sabremos que nada ha cambiado y no bajaremos la guardia.

Referencias.

1. https://www.whitehouse.gov/the-press-office/2016/05/24/remarks-president-obama-address-people-vietnam

2. Martí, José. Congreso de Washington, Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, T 6; p 43.

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