GIRÓN: Marionetas y Mercenarios II

Por capitán de Fragata (r) Licenciado Pedro A. Goizueta Vichot / 14-04-2016

A finales de 1960 nada quedaba por hacer o que no estuviera en vía de ser realizado, pero sin que fuera preciso la inmediata eliminación del FRD, la CIA decidió echarlo a un lado y crear el Consejo Revolucionario Cubano (CRC). Una organización, que aún menos, tendría que ver o hacer con los preparativos de, la ya inminente invasión.

Es que había otra innegable verdad, además de la inutilidad, los prejuicios, la subestimación y la ineficacia, por lo que no debía existir el frente. Se trataba del marcado interés de la CIA, algo que demostrarían los propios hechos, de establecer solo nexos individuales con personas, y de eludir todo tipo de compromisos políticos con organizaciones y grupos.

Razón esta última más que por cualquier otra cosa, por lo que la CIA, decidió, deshacerse del FRD y en su lugar, crear en marzo de 1961 el CRC, una organización integrada por individuos que en muchos casos, carecían de representatividad o no poseían filiación política de ningún tipo, por lo que la marionética agrupación solo tendría que dejarse guiar, sin tener que inmiscuirse en los últimos preparativos de la invasión, que de forma acelerada, se ejecutaban por los expertos militares y de inteligencia del Pentágono y la CIA, encargados de llevarla a cabo.

La creación del CRC tendría un primordial objetivo: Dar vida al “Gobierno Provisional que se instauraría en Cuba”, después de resultar, “victoriosa la invasión”.

El titiritesco Gobierno estaría integrado por: José Miró Cardona, Manuel Antonio de Varona Loredo, Manuel Artime Buesa, Antonio Maceo, Manuel Ray Rivero y Justo Carrillo Hernández. Quedaban fuera muchos de los antiguos miembros de la dirección del desaparecido FRD y del Frente de la Unidad Revolucionaria, FUR, que la CIA trataría de crear para actuar en Cuba en apoyo a la invasión.

Sobre el penoso papel jugado por el CRC y los criterios que mereció su efímera y triste existencia, nada más elocuente que lo planteado en el informe del Inspector General de la CIA, Lyman Kirkpatrick, sobre el fracaso de la invasión: […] “muchos de los oficiales del proyecto […] consideraban que los cubanos eran indignos de confianza y que era difícil trabajar con ellos. Los miembros del Consejo Revolucionario fueron descritos como idiotas”.1

Por otra parte, agregaba Kirkpatrick: “He aquí el incidente culminante que demostró públicamente el papel insignificante de los líderes cubanos y el desprecio que merecían al momento de la invasión. Aislados en una casa de seguridad en Miami, “voluntariamente pero bajo vigorosa persuasión”, los miembros del Consejo Revolucionario esperaban los resultados de una operación que no habían planificado y de la cual sabían muy poco, mientras se publicaban en todo el mundo y a su nombre boletines redactados por la Agencia”.2

Como jefe Político de las fuerzas de la invasión fue nombrado Manuel Artime Buesa, considerado el “Golden boy de la CIA” quien siendo miembro de la Juventud Católica se había presentado en la Sierra Maestra el 29 de diciembre de 1958 con un mensaje del obispo. Incorporado Artime al Ejército Rebelde, y ascendido a teniente, al triunfo revolucionario por el comandante del Ejército Rebelde Humberto Sorí Marín, desempeñó tareas de la Reforma Agraria en Manzanillo, a las órdenes del ministro de la agricultura que era el propio Sorí Marín, con quien conspiró, y traicionó a la Revolución marchándose a los Estados Unidos.

Como jefe Militar, se nombró a José Antonio Pérez San Román, Pepe San Román, excapitán del Ejército de la tiranía, que se había entrenado en la Base Fort Belvoir y Fort Benning, en Estados Unidos, pero en la realidad, el verdadero jefe de la operación, era el coronel del Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos, alto oficial de la CIA, Jack Hawkins, el jefe de Operaciones, un oficial estadounidense de apellido Jacob Esterline, y el de Inteligencia otro oficial norteamericano de apellido Bill, diez días después, derrotada la invasión, al ser capturado San Román expresó que había sido engañado, y más tarde diría:

“La mayoría de los cubanos estaban allá porque sabían que toda la operación iba a estar dirigida por los americanos, no por mí ni por nadie más. No confiaban en mí ni en nadie.”

Constituido la víspera, en Miami, el “encumbrado y flamante futuro Gobierno Provisional” que sería trasladado a Cuba “victoriosa la invasión”; pero que permanecería recluido en una casa-motel de la ciudad floridana y después en la Base Aérea de Opa-Loka, sin conocer en realidad lo que ocurría en Cuba. Por último, también en marzo de 1960 la CIA decidiría crear el Frente de la Unidad Revolucionaria, FUR (Frente Interno), la cual actuaría en Cuba como apoyo al desembarco, formado por las redes subversivas existentes en la Isla y compuesta su dirección por simples agentes de la Agencia, algunos infiltrados y otros de los pocos dirigentes de organizaciones contrarrevolucionarias que quedaban en el país. Antes, Ángel Fernández Varela, viejo agente de la CIA, quien fuera uno de los artífices de la “Operación Peter Pan” por órdenes de la propia Agencia, había reclutado a la mayoría de los dirigentes de las distintas redes, enviándolos a entrenarse a Norteamérica quienes regresarían como invasores; pero perdidos los nexos con sus grupos y afiliados, sin que nada pudieran hacer valer.

De esa forma, la Central había venido moviendo las cartas, para al final, “quedarse en la manga con las de ganar”. Nadie tendría nada que reclamar después de la “victoria”. La orfandad marionética, y mercenaria sería total. Se consumaría así una completa traición, por parte del Gobierno de Estados Unidos y la CIA, a sus aliados.

Pero a lo anterior hay que agregar, que de resultar victoriosa la invasión, desembarcaría una brigada terrorista en la que vendría Luis Posada Carriles, para hacer un criminal ajuste de cuentas, a los revolucionarios cubanos.

La historia es impredecible, pero si se parte de hechos que han tenido lugar, o que se ha previsto que ocurran, es posible vaticinar, aceptablemente, sus consecuencias. Con el triunfo de los invasores, en Cuba, sería instalado en el Gobierno, un supertítere, y Estados Unidos no sería la primera vez, se declararía dueño y señor de la Isla, si no cumplía su sueño dorado: anexársela.

La moraleja es: Quien haga algún trato con los Estados Unidos, no puede dejar de ser perspicaz.

Referencias

1 Ibídem, p 113.

2 Ibídem, p 114.

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