GIRÓN: Marionetas y Mercenarios I

Por capitán de fragata (R) Lic: Pedro A. Goizueta Vichot / 13-04-2016

Para llevar a cabo la invasión por Playa Girón, la CIA crea una organización pantalla que representaría al exilio cubano, pero que no debía intervenir en los preparativos, según le exigía la propia Agencia, a menos que se le pidiera. La Central organizaría todo, al margen de ella, y establecería canales, vías y mecanismos particulares y directos, para abastecer los grupos que actuaban clandestinamente en el país, y preparar las fuerzas que se entrenaban en el exterior, lo que demuestra, desde el principio, el carácter dependiente y subordinado de las organizaciones de la oposición cubana en el exterior. Se trataba del Frente Revolucionario Democrático (FDR), que vería la luz en Nueva York, el 12 de mayo de 1960, al que se sumarían, por interés de la Central de Inteligencia, el Movimiento Demócrata Cristiano (MRC) y el Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), aunque no se aceptaba el ingreso pleno de este último, por sus ideas consideradas reformistas.

En representación de las organizaciones, integrarían la dirección del FDR: José Ignacio Rasco, Aureliano Sánchez Arango, Manuel Artime Buesa y Manuel Antonio de Varona Loreto, incorporándose luego, Rafael Sardiñas, en representación de los grupos del sector más reaccionario de la burguesía cubana; pero sin concordar por su ideología, los métodos, las rivalidades y discrepancias existentes, entre las organizaciones que conformaban la coalición.

Las fuerzas que intervendrían directamente en el proyecto de invasión, se comenzaron a preparar de inmediato, el 19 de mayo de 1960 en la isla Useppa, en el Golfo de México, perteneciente a los Estados Unidos. De ahí las trasladaron hacia Fort Gulich, zona del Canal de Panamá, y después a la Base Trax, situada en la finca Helvetia muy cerca del pueblo de Retalhuleu, ambas en Guatemala. Nacían de un embrión que ya existía.

Los grupos formados por unos trescientos hombres, aportados por la Organización Social Cristiana, Movimiento Revolucionario del Pueblo, MRP sin vínculos con las demás organizaciones contrarrevolucionarias, se preparaban para realizar sabotajes y atentados, una vez infiltrados en Cuba.

De las fuerzas que se alistaban, fueron sustituidos, los viejos oficiales del anterior Ejército batistiano, que fungían como jefes, por otros más jóvenes, que ya venían entrenándose bajo el control de la CIA.

Los militares rechazados estaban dirigidos por el excoronel Eduardo Martín Elena, que también sería marginado y relegado.

En el libro, Girón, preludio de la invasión, el rostro oculto de la CIA, Manuel Hevia Frasquieri y Andrés Zaldívar Diéguez, citan los enjuiciamientos de Howard Hunt, en sus memorias, un oficial de la CIA muy ligado a los sucesos de Girón “Justo Carrillo1 nominó y el Comité Ejecutivo del FDR aceptó, al coronel Martín Elena como jefe de asuntos militares […] yo veía al coronel como un líder que debía mantenerse ocupado en Miami con los planes militares. En cualquier caso, los planes cubanos no serían los usados el Día D, sino los planes que estaban siendo desarrollados por la CIA y el Pentágono. […] La planificación militar cubana era un inofensivo ejercicio y podría probar una doble utilidad tangencial si fuera conocida por los agentes de Fidel Castro y sirviera como material de desinformación. Parafraseando el sermón: esto era demasiado importante para dejarlo en manos de los generales cubanos_ Mientras que por otra parte, decía_ ”Hemos tomado casi todo de manos cubanas a pesar de la comprensión original. Sánchez Arango fue lo suficientemente astuto para predecir esto y Martín Elena renunció cuando comprendió que no tenía autoridad alguna. Hemos pisoteado fuertemente el orgullo de esos hombres que en su propio país han sido ciudadanos distinguidos […] Esos hombres […] comprenden que ya no son más que títeres” […]2 En el mes de noviembre resultaba evidente que una insurrección general en Cuba fracasaría. Se desarrollaba exitosamente la primera limpia de bandidos en el país.3

“El Programa de Acciones Encubiertas hacia Cuba” adolecía del mismo defecto que todos los demás planes que el Gobierno estadounidense ha urdido contra la Isla, falta de base social. El propio general Taylor lo reconoce en su informe de la comisión que presidió para investigar el fracaso de la invasión de Playa Girón, cuando dice que para el verano de 1960 se apreciaba “una disminución de la confianza en la eficacia de que solo con la guerrilla se podía derrotar a Castro”.4 Para tal circunstancia el Gobierno de los Estados Unidos, decide entonces, crear la brigada de desembarco y asalto 2506, que estaría integrada por 1 511 efectivos y se denominaría con el código citado porque ese número había servido de identificación, al mercenario Carlos Rodríguez, que murió en uno de los entrenamientos.

No faltaban ambiciones en los opositores de la Revolución Cubana en el exilio. También en el libro “Girón, preludio de la invasión, el rostro oculto de la CIA,” se revela el carácter de asalariados de los dirigentes del FRD, al citar a Howard Hunt, oficial de la CIA, encargado de dirigir a los integrantes de la dirección del frente, en documentos desclasificados, cuando dice: […] “Fue fácil lograr una reunión con ellos, lo fatigoso fue el regateo que establecieron con respecto a los fondos financieros que debía entregarle la CIA. Pedían 435 mil dólares para actividades en el extranjero; 200 mil para incrementar las operaciones dentro de Cuba (las que rectoraría la CIA, no ellos) y unos 105 mil para gastos imprevistos, salarios y mantenimiento de las oficinas del Frente. Todo esto serían unos 740 mil dólares”.5

De igual forma, se señala en la citada obra, cómo en un análisis de Richard Bissell, subdirector de planes, de la CIA, se valora el limitado y pobre papel jugado por el FRD. Según criterios del alto funcionario al declarar abiertamente: “A medida que se acercaban los preparativos […] en el otoño de 1960, se hizo cada vez más evidente que cualquier análisis sobre la efectividad […] requería un mayor grado de control y dirección del movimiento anticastrista por parte de la Agencia […] los cubanos nunca tuvieron éxito en la creación de una organización cubana […] libre de divisiones internas y con el personal suficientemente competente como para desempeñar tareas operativas que pudieran expandirse rápidamente. Era necesario organizar las transmisiones radiales, coordinar las publicaciones y preparar el material de propaganda. Era necesario reclutar, seleccionar y entrenar personal paramilitar. Conseguir, mantener y organizar las tripulaciones para los barcos. De igual forma había que seleccionar y entrenar las tripulaciones de los aviones y preparar las operaciones aéreas […] El FRD nunca se acercó al lugar de la capacidad de tomar la iniciativa principal en la planificación, dirección o conducción de estas actividades. La esperanza que primaba en el verano de 1960 de que el FRD muy pronto evolucionaría hasta convertirse en una organización que pudiera asumir una mayor responsabilidad […] resultó ser completamente ilusoria”.6

Sin embargo, resulta innegable que el FRD no dejó de ser útil en las actividades de reclutamiento, inteligencia, propaganda, la realización de acciones encubiertas contra Cuba y sobre todo para que el Gobierno norteamericano pudiera actuar en nombre de él y del exilio cubano, a quien el citado frente decía representar.

Referencias

1- Justo Carrillo Hernández, economista, había sido miembro del Movimiento 26 de Julio y luchado contra Batista. Al triunfo de la Revolución fue nombrado presidente del Banco Nacional de Fomento Agrícola Industrial. N del A.

2- Tomado de Manuel Hevia Frasquieri y Andrés Zaldívar Diéguez: Girón, preludio de la invasión, el rostro oculto de la CIA, Editora Política, La Habana, 2006, p. 113.

3- Limpia de bandidos fue la ofensiva de las fuerzas revolucionarias contra las bandas de alzados en los campos y montañas del país. Se realizaron una primera y una segunda limpia. N del A

4- Tomado de Jesús Arboleya: La contrarrevolución cubana, Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 2000 pp.85.

5- Tomado de Manuel Hevia Frasquieri y Andrés Zaldívar Diéguez: Ob.cit., p.112 y 113.

6- Ibídem, p.114.

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