En la búsqueda de la prosperidad, los derechos humanos

Por Katherinne Díaz Pérez / 26-12-2015

Hace algunos días lleva recorriendo la red de redes la entrevista realizada por el periodista de Yahoo News Oliver Knox al presidente de Estados Unidos (EE.UU.) Barack Obama, quien expresó su interés de viajar a Cuba.¹

Analizando el hecho de que Obama en el primer año de restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU. no ha concedido muchas entrevistas ni ha sido muy asequible a los medios de comunicación, incluso, no ha ofrecido declaraciones a la prensa de manera exclusiva sobre nuestro país –en comparación con otras figuras políticas estadounidenses–; estamos ante unas declaraciones bastante singulares tanto por su contenido como por sus intenciones.

Indiscutiblemente, el Presidente de la Casa Blanca está buscando trascender en la historia, pasar a la posteridad como el primer mandatario estadounidense que después de más de cincuenta años rompió las fronteras de 90 millas, la de la Guerra Fría, la del “imperialismo aplastante” que no se codea con una Isla socialista y revolucionaria. Sería un acto demasiado simbólico, que serviría con el apoyo de las transnacionales de producción simbólica para tener un retiro exitoso y agradecido del poder.

No solo ha sido Obama quien desea marcar hitos en la humanidad, en EE.UU. se cumple la máxima de que las últimas acciones presidenciales son las “más benevolentes, las más generosas”, y los últimos actos se vuelven los más increíbles y asombrosos para dejar un legado positivo al país y al mundo. En este caso, tuviera mayor repercusión el hecho porque estaría cumpliendo con una de las promesas presidenciales que ha sobrevolado en los ocho años de administración, usada indistintamente cuando la alta cúpula política lo necesitaba.

Entonces, Obama ha escogido un medio de comunicación en extremo popular y unos días de publicación que son la antesala del primer año de “cambio de política” entre ambos países para dar a conocer una de las mayores novedades con que cerraría/cierra el 2015; y arrastrar de esa manera, a que millones de personas comiencen el año nuevo con la expectativa del suceso. Algunos en sus corazones, otros en la mente.

Sin embargo, el Presidente de EE.UU. ha condicionado su visita en el territorio cubano al encuentro con contrarrevolucionarios. No son sus palabras, pero el asunto se esconde detrás del tema de la democracia, los derechos humanos, la sociedad civil, la gobernanza, la libertad de expresión, asociación, etc.

Este tópico ha sido al que con mayor frecuencia se ha referido la Casa Blanca y el Departamento de Estado ante cada nuevo pronunciamiento respecto a Cuba. Constituye la temática que siempre el Gobierno estadounidense ha reconocido como de “profundas diferencias” con el Estado cubano. Además, resulta un asunto recurrente para criticar y culpar al Gobierno de Cuba de supuestas acusaciones y arbitrariedades que lleva a cabo contra el tipo de personas que desea reunirse Obama.

Y paulatinamente se ha convertido en una condicionante para el desenvolvimiento y desarrollo de las relaciones bilaterales. De hecho, el discurso se ha construido de manera gradual hasta llegar a declaraciones de EE.UU. más explícitas sobre ello.

Incluso, ese asunto apareció desde la primera alocución del Presidente de EE.UU. el propio día 17 de diciembre de 2014 así como en las declaraciones del secretario de Estado John Kerry ese mismo día. La alusión a la democracia y los derechos humanos en el primer aniversario de este nuevo capítulo no es más que una prolongación que se ha mantenido en más de cincuenta discursos sobre Cuba que el Gobierno estadounidense ha emitido.

La pregunta sería ahora ¿por qué el énfasis en estas cuestiones? Al reconocer públicamente que nuestro país no promulga el terrorismo, Washington perdió una fuerte justificación que sirvió para agredirnos todo estos años. Ahora, en el nuevo contexto, la supuesta violación de derechos humanos y la falta de democracia –que siempre vienen acompañadas con profundas campañas mediáticas de demonización contra gobiernos– se han convertido en los pretextos que usarán y potenciarán en caso de una agresión contra Cuba; ya no desde grandes operaciones sino desde una campaña de Guerra No Convencional que trae consigo subversión, guerra psicológica, mediática,…

Además, el tema de los derechos humanos posee el aura de que en la Organización de Naciones Unidas existe un consenso de rechazo y denuncia contra los países que “violan” tales derechos universales; una circunstancia que sería favorable y aprovechable para las decisiones en este sentido del Gobierno de EE.UU.

Y no es que el Estado y pueblo de Cuba rechazamos tales asuntos: es que las políticas liberales y neoconservadoras manipulan y tergiversan de acuerdo con sus intereses las concepciones sobre cómo deben funcionar las administraciones gubernamentales al respecto.

Al final, tanto los derechos humanos como la democracia pertenecen a un imaginario, donde casi siempre se escucha también aludir a las afectaciones a la seguridad nacional, el estado del derecho, los derechos universales, etc. En fin, un grupo de temas que se flexibilizan de acuerdo con los intereses y objetivos de EE.UU.

Referencias

(1) Entrevista realizada a Obama por Oliver Knox, jefe de la corresponsalía de Yahoo! News en Washington, publicada el 14 de diciembre de 2015, disponible en https://www.yahoo.com/politics/obama-really-wants-to-go-to-cuba-but-only-if-the-101913219.html

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