Avante la Academia Naval Granma

Por Sonia Regla Pérez Sosa / 15-10-2014

Con la misma función de hace más de cincuenta años, pero mayor número de travesías y navegantes, la Academia Naval Granma ha elevado su línea de flotación a nivel internacional al convertir a muchos “terrestres” en amantes de “la mar”.

Este octubre, la “universidad de los marinos cubanos” celebra el aniversario 55 de su primera promoción revolucionaria, de ser Academia en Revolución.

Hasta ella seguro llegarán compañeros en la ruta rendida y las tripulaciones enteras hechas a golpe de tiempo, experiencias, tradiciones, desde aquel que sacrificó sus anhelos por completar especialidades, hasta quienes tendieron sus manos en abundancia de corazón al satisfacer ilusiones.

No hará falta el canto de las gaviotas, el sonido de las cuatro dobles campanadas, ni el del silbato para avisar la llegada. Descubrir los blancos uniformes dará la certeza de tocar puerto seguro.

Por ello, a pesar del tiempo, es fácil reconocer al buque estudiantil que hace casi dos décadas arribó al este de La Habana después de varias travesías por áreas cercanas a la capital.

Aquí se forman especialistas de nivel medio, para cubrir necesidades del país a través de cursos de dos años, así como los futuros ingenieros y licenciados de nivel superior en Máquina, Cubierta, Artillería, Construcción y Armamento Naval, Hidrografía-Geodesia, Servicio Radiotécnico y Radioelectrónica.

Además, se superan oficiales, suboficiales y los profesionales de los ministerios del Transporte, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, del Interior, del Turismo, de la Industria Alimenticia, de Salud, entre otros, a través de cursos, maestrías y diplomados.

Historias de marinos

El triunfo revolucionario del 1º de enero de 1959 trajo la proletarización de su alumnado y el inicio de una transformación radical en las estructuras de la institución naval existente desde 1906.

Meses después, el surgimiento del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias permitió el nacimiento de la Academia Naval de la Marina de Guerra Revolucionaria (MGR).

Inicialmente situada en el Mariel, su desarrollo consintió que poco a poco sus egresados invadieran los mares del planeta en buques de la Marina Mercante y de Pesca, mientras otros quedaban a bordo de las unidades de la Marina Revolucionaria y Tropas Guardafronteras.

El crecimiento de la matrícula, exigió la ampliación de las capacidades del centro, la modernización de la base material de estudio y el perfeccionamiento de la instrucción, a la vez que se elevaba el nivel científico del claustro de profesores.

Entonces se iniciaron las obras en la desembocadura del río Santa Ana, colosal proyecto arquitectónico encaminado a crear las condiciones necesarias en la formación de los hombres del mar.

A partir de 1982, esta institución educativa constituye un símbolo emblemático al graduarse aquí ingenieros y licenciados con el más alto nivel técnico, científico y político, especialistas en las faenas y cultura marinera.

Puede afirmarse que se han graduado en esta institución, todos los marinos que hoy laboran en las distintas unidades cubanas dedicadas a cuidar las aguas jurisdiccionales de nuestra Isla.

En 1987, la Academia Naval de la MGR cambia su denominación por Academia Naval Granma, ratificado este apelativo por el entonces Ministro de las FAR, General de Ejército Raúl Castro Ruz, durante la primera reunión de dirigentes y militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas en la institución armada.

Once años después, se decidió trasladarla para áreas de la Academia de las FAR General Máximo Gómez, Orden Antonio Maceo, Orden Carlos J. Finlay, mientras, su unidad de buques de instrucción era trasladada para el puerto de La Habana.

Hacia el mar de las Antillas

Tal vez saberse “solos” por largos períodos de tiempo durante las navegaciones, impone ansiedad por aprender, mientras dure su estancia en tierra.

Como el desarrollo de las embarcaciones, así se forman en la institución docente los hombres de mar: primero nadan, después reman en los botes, trabajan en lanchas auxiliares, motoveleros, hasta llegar a los diferentes buques.

Entonces, se moderniza constantemente la base material de estudio según las necesidades del centro y los requerimientos avalados por la Organización Marítima Internacional (OMI) y otros organismos.

Para ello cuentan con 27 aulas especiales; 7 simuladores, 14 laboratorios, 4 polígonos, un planetario, así como la unidad de buques de instrucción y el buque escuela Carlos Manuel de Céspedes.

En estos espacios los guardiamarinas desarrollan actividades vinculadas con las especialidades. Muchos de los medios y locales contemplan hasta los más mínimos elementos y tienen en común imitar partes de embarcaciones, unidades...

Al mismo tiempo, de las 16 cátedras del centro, 9 están certificadas en el Sistema de Gestión de la Calidad para la formación y posterior titulación del marino.

“Comenzamos con materias básicas y preparación militar, las cuales permiten alistarnos para enfrentar posteriormente las asignaturas”, explica el teniente de corbeta guardiamarina Eliberto González Castro de segundo año de Ingeniería Mecánica en Armamento Naval.

Es que para ser marino se requiere de una gran voluntad. “La paciencia, la entrega total debe caracterizarnos”, continúa González Castro, “el trabajo en las aulas nos lleva a querer ser cada vez mejores y más exigentes. El interés puesto en cada clase es trascendental”.

Disponer de simuladores, por ejemplo, les permite trabajar en tiempo real; ejecutar las maniobras del buque: remolque, trasbordo, atraque, desde todas las especialidades; observar y realizar el control digital y físico de la embarcación al enfrentarse a diferentes dinámicas.

“Poco a poco se observan los resultados en la experiencia, hábitos y habilidades de los alumnos sin estar a bordo. Así, la interacción profesor-alumno es mayor”, anuncia el capitán de corbeta Frank Acosta Chipi, segundo jefe del Centro de Simuladores.

“Además, constituyen una herramienta que permite al estudiante ser más precavido y formar reflejos ante una determinada situación en diferentes escenarios según el objetivo de la clase, continúa el profesor Acosta Chipi.

Mas “cuando encontramos el equilibrio entre teoría y práctica, es cuando realmente el equipamiento rinde sus frutos y elevamos la preparación”, manifiesta el capitán de navío (r) Sabino Fernández Goyenechea, exdirector de la Academia Naval Granma.

Para ello está destinada la Unidad de Buques de Instrucción (UBI), la cual “garantiza la praxis del proceso docente educativo al adiestrarlos en los departamentos de combate de acuerdo con las especialidades. Desde aquí comienza el amor y sentido de pertenencia por la técnica y la mar”, puntualiza el capitán de corbeta Lázaro Arango Rodríguez, segundo jefe de la UBI.

El desarrollo les ha marcado la diferencia, no solo por la calidad de los medios adquiridos, sino del claustro de profesores. Licenciados, másteres, doctores, con gran experiencia y desempeño en las unidades, así como dominio de las asignaturas que imparten, actualizan y perfeccionan los medios con los cuales sus discípulos trabajan.

Asignaturas como Inglés, apoyan el proceso docente educativo. Ellas han adaptado sus planes de estudio a “la terminología marinera, al trabajo con cartas náuticas, manuales, medios de cabotaje, instrumentos, indicaciones de la OMI, por estar estrechamente relacionados, pues los preparan para desempeñarse competentemente, expresa la profesora Adalgisa Durán Vargas, licenciada en Inglés.

Estas condiciones permiten disponer de los equipos y conocimientos necesarios en las unidades y embarcaciones a las que se incorporarán una vez graduados.

Desde la quilla

Como formadora de “hombres de mar”, a la Academia Naval Granma, se le hace imprescindible que la vida en esta institución se asemeje a las condiciones de una embarcación.

Identificarse cuando se ven es casi innecesario, los temas de conversación y las terminologías con las cuales se comunican representan un sello distintivo en cualquier sitio donde se encuentren.

Así logran una comunicación rápida y clara entre los tripulantes, teniendo en cuenta los cortos períodos de tiempo en que ocurren los sucesos; y para los que somos de afuera, les permite “dejarnos colgados”.

Muchos creen que la vida del mar es solitaria, mas esta escuela inculca el valor del compañerismo a sus discípulos para que, lejos de tierra, sobrevivan a las inclemencias del tiempo y el medio.

De este modo lo declara el teniente de navío guardiamarina Yoendis Almaguer Calunga, de quinto año de Ingeniería Radioelectrónica en Servicio Radiotécnico e Hidroacústico: “Aquí nos enseñan a ser más responsables, tener sentido de pertenencia, velar por nuestra vida y la de los demás, así como el rigor de la disciplina militar al forjarnos como futuros cuadros de las FAR y la MGR”.

Mas la ayuda está presente en todo momento “aunque tenemos tareas específicas, unos dependemos de otros y la unidad es lo principal”, manifiesta la guardiamarina Maidelis Clavel Corona, cursa segundo año de Ingeniería, en Hidrografía-Geodesia.

Sin embargo, la formación es un sistema íntegro. “Tiene gran influencia actividades del programa de estudios como la instrucción de infantería, entrenamientos matutinos, actividades patrióticas-militares, las prácticas de mando en unidades, donde tomarán experiencias al doblar los cargos de los miembros de su especialidad, y se relacionarán con los marineros y las tropas a quienes mandarán una vez graduados”, apunta el capitán de fragata Federico García Leyva, subdirector general de la academia.

Mantener la calidad en las acciones vinculadas con la educación e instrucción marítima les proporciona un alto nivel de competencia para el desempeño de sus funciones a bordo de los buques. Así lo manifiestan en cada tarea.

Partiendo del criterio de que una unidad de la marina tiene la misma cultura que una embarcación, unos de los primeros símbolos que se encuentran al llegar a la academia es el mástil (réplica del palo de mesana ubicado en la popa del buque) con el pabellón Nacional y la bandera del Director izados; cerca, esa campana que no cree en años y brilla como nueva, orgullo de los hombres de mar cubanos.

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