“Solo le halé la barba para ver si era de verdad”

Por Bega / 28-10-2013

Emma Mas Espinosa tiene 96 años. Me recibe en su apartamento en Línea y F, Vedado, La Habana. Desde el piso 22 la capital cubana parece más tranquila de lo cotidiano. Son las dos y media de la tarde, el azul intenso del cielo despierta los deseos de tocarlo.

Hay datos que no recuerda bien. “Hace mucho tiempo de eso” –dice. En el transcurso de la conversación descubro una historia ajena al propósito de la entrevista, y para colmo, afirma ser joven todavía.

Esta señora conoció al comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán a principios de 1959, en el Hotel Habana Hilton, hoy Habana Libre.

–Lo vi una vez.

– ¿Era alto? –pregunto para provocarla.

–Mediano, muy simpático –realiza una pausa, deja caer las palabras distanciadamente porque las fuerzas y la voz también envejecen.

–No hablé con él, solo le halé la barba para ver si era de verdad. Él se reía de todo.

Un año después, en el primer aniversario de la desaparición del guerrillero –28 de octubre de 1960– ante la convocatoria de recordar al héroe con el lanzamiento de flores al mar, Emma camina envuelta por la multitud, acompañada de su hijo mayor y de los colegas de trabajo de él, quienes al saber que ella había escrito un poema dedicado a Camilo, la invitaron para que lo leyera.

–“Ofrenda a un Héroe”, aunque no posea grandes valores literarios me salió del alma. Lo leí subida en el muro del malecón donde finaliza la calle 23.

– ¿Se puso nerviosa?

–Sí, no estaba acostumbrada a eso, se reunió mucha gente. Después, en los años siguientes lo seguí leyendo. Escribí lo que sentía sobre Camilo, fue algo que me nació ese día parada en el balcón mirando el mar.

Enmudece como quien desea decir mucho, pero no sabe cómo. “Siempre he sido revolucionaria, la muerte de Camilo fue muy dura”, agrega. Antes de volver el silencio expresa algo, lo cual no atino a escuchar con claridad. ¿Eras fidelista?, indago creyendo que habían sido las últimas palabras.

–¿Que si era? ¡Lo soy! ¡Patria o muerte! ¡Venceremos! –su risa, aunque no llegue a las carcajadas, suena a orgullo desmedido.

–Yo hice revolución, pertenecí a la clandestinidad en Santiago de Cuba, porque soy santiaguera.

–¿Puso bombas? Aprovecho su entusiasmo para indagar sobre la información brindada inesperadamente.

–No, eso no, transportaba armas.

– ¿Cómo lo hacía?

–Ya no me acuerdo de eso.

El hijo, Augusto Rivero Mas, destacado arquitecto, le rememora: “Tú nos dabas las maleticas”.

–¡Ah! Ustedes no sabían nada. Se las daba a ti y tu hermano cuando salíamos de la casa para coger la guagua, a la niña le ponía paqueticos en la saya.

Emma, luce sencilla con su bata de flores recostada en el sillón. Pero la historia narrada no es tan simple como la hace ver. Al finalizar me habla de la admiración por Camilo, y de haber nacido el 5 de enero de 1917.

–Voy a cumplir 97, soy joven todavía…

Sonríe. Esta vez su risa es atrevida como sus actos.

OFRENDA A UN HÉROE

Mar inmenso,
Profundo y misterioso mar.
Tú, que envidioso nos quitaste a Camilo.
Tú, que celoso y egoísta lo tienes escondido.
Tú, que nos has dejado sin el consuelo de saber
En qué parte de tu seno lo atesoras.

Llévale estas flores a nuestro Comandante.
Haz llegar a él esta ofrenda de cubanos
Que lo lloran todavía.

Camilo Cienfuegos.
Eros invasor.
Héroe de la Sierra Maestra y de todas las sierras.
Héroe inmortal e inolvidable.
Recibe estas flores de los que te vitorearon
Y aplaudieron en tu paso triunfal.
Que hicieron plegarias por tu aparición y lágrimas derramaron
A tu irreparable pérdida.

Hoy, como dijiste un día, nos ponemos de rodillas,
Y con la frente inclinada a ti, te decimos Camilo:
Que no has muerto para los buenos cubanos.
Tú vives entre nosotros,
Y, al arrodillarnos, buscando tu figura en la profundidad del mar,
Te pedimos:
Tú, que en vida aparecías a la espalda de Fidel como ángel guardián,
Hoy, como Miguel Arcángel, con su espada vencedora,
Protégelo, no te apartes de su lado,
Ayúdalo a vencer,
Para ver a nuestra patria querida
Libre y soberana, como la soñara Martí, realizada por Fidel,
Y así, a cada triunfo
Oigamos gritar desde allá, donde estás:
“VAS BIEN FIDEL”.

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