Aviones de Patria o muerte (I)

Por Isaura Diez Millán / 17-04-2013

Un racimo de balas se dirige hacia ellos. Él maniobra, pero continúa hacia su objetivo. En el aire no hay cabida para inseguridades. Las lanchas están justo al frente. Vibra el avión cuando el artillero abre fuego en el primer pase. El timón quiere soltarse de los puños del piloto, mas este los comprime y domina la situación. Diálogo de fuerza entre controles y hombre, el B-26 responde. La luz amarilla intermitente indica sobrecalentamiento. Es abril de 1961, la tripulación se prepara para entrar otra vez en la mira del enemigo. Cubadefensa les ofrece cada día el curso de los acontecimientos.

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Al triunfo de la Revolución en 1959, el país contaba con una fuerza aérea reducida y dispersa. El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz le asigna al entonces capitán Enrique Carreras Rolas la organización de los escasos efectivos que la componían. A partir de entonces, la base aérea de San Antonio de los Baños, en La Habana, deviene centro principal de operaciones.

El patrullaje constituía la misión fundamental en los inicios. Para ello la Isla fue dividida en dos: los pilotos del aeropuerto Antonio Maceo, en Santiago de Cuba, cubrían las costas norte y sur de la provincia de Oriente y la mitad de Camagüey; de igual forma, otro grupo se responsabilizaba por el resto del país, incluida Isla de Pinos.

Dicha actividad se realizaba cada día al amanecer y anochecer, a pesar de los insuficientes recursos materiales y humanos. Aunque la ayuda de la otrora Unión Soviética aliviaba la carencia de combustible, la falta de piezas y agregados dificultaba el mantenimiento de la técnica.

Bajo tal situación, el 15 de abril de 1961 tres escuadrillas de B-26 denominadas Puma, Linday Gorila, bombardearon casi al unísono las bases aéreas de Ciudad Libertad y San Antonio de los Baños, así como el aeropuerto de Santiago de Cuba. Causaron numerosos estragos: aviones destruidos o averiados, edificaciones arruinadas, compañeros muertos y heridos.

“Todo ocurrió muy aprisa, los de la artillería antiaérea reaccionaron ágilmente e impidieron que los daños fueran mayores”, comenta el entonces cadete bombardero José González Roche, quien se encontraba en el Antonio Maceo.

Afirma el técnico de vuelo Eloy Veravento, que los mercenarios quisieron poner de baja a todos los aviones del hangar, pero ninguna bomba le caía justo encima a las naves. “Al 909 lo averiaron con balas, un B-26 cogió candela y a otro se le prendió la cola. A este último el mecánico Idelio Consuegra se lo llevó encendido para la cabeza de la pista y lo apagó solo”.

Según Veravento, todos los simulacros de desembarco realizados del enemigo fueron en la zona oriental. “Al parecer llamaban la atención con barcos situados en la costa norte de Oriente y otros lugares próximos, con el fin de que todas las fuerzas se concentraran en esa zona. Allá hicimos patrulla en varias ocasiones”.

El 16 de abril, el máximo líder cubano despedía el duelo de las víctimas de la agresión. Los ciudadanos se movilizaban en la céntrica esquina capitalina de 23 y 12, Fidel Castro Ruz declaraba el carácter socialista de la Revolución. Fusiles en alto, el pueblo se comprometía a resguardar la Patria. La invasión mercenaria era inminente.

Alberto Fernández, piloto protagonista de estos momentos recuerda el patrullaje aéreo efectuado durante todo el día. El plan de vuelo abarcó de veinte a treinta millas más allá de la costa y comprendía el empleo de dos sea fury al norte de la Isla y dos B-26 al sur.

Día 17

Inicia el desembarco en la madrugada. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias disponen rápidamente las acciones combativas para las unidades aéreas. La jefatura de estas le fue asignada al capitán Raúl Curbelo Morales, entonces ministro de Comunicaciones.

En principio se contaba con nueve pilotos, solo tres poseían instrucción completa. Luego del 15, gran parte del personal y naves situados en Santiago de Cuba se trasladan hacia San Antonio de los Baños, con lo cual incrementa el número de fuerza y medios.

A las 04:45 horas, el Comandante en Jefe se comunica con dicha base y da una de las primeras órdenes al piloto Silva Tablada: A las 05:20 horas dos sea fury y un B-26 deben despegar y atacar a los barcos que están en Bahía de Cochinos; después regresan a La Habana e informan.

Vuelve a llamar el líder a las 05:10 horas para definir las prioridades de los objetivos: aviones, barcos y cualquier movimiento de camiones cerca de Girón. Los pocos aviones cubanos se emplearon para atacar, en primera instancia, los puntos de desembarco y las embarcaciones.

El libro Fidel: Días de Girón, refiere que a las 05:20 horas la torre de control daba la autorización de despegue para el B-26. Poco después, dos sea fury también reciben el permiso. En uno de ellos va Enrique Carreras, quien recuerda la orden del Comandante minutos antes: “[…] me tienes que hundir los barcos” .

Localizado a bordo del buque Houston, el batallón enemigo No. 5 inicia las operaciones de desembarco; mas el sea fury de Carreras le propina una descarga de cohetes que provoca el hundimiento casi total de la embarcación, la desmoralización de los ocupantes y la frustración de su misión. Este buque transportaba los principales medios de comunicación.

Completan la escuadrilla las naves pilotadas por Silva y el teniente Bourzac, las cuales ametrallan el Houston y lo obligan a encallar. También el buque Río Escondido es hundido por la aviación revolucionaria frente a Playa Girón. Este trasladaba la principal planta transmisora que permitiría las comunicaciones entre la jefatura de la brigada mercenaria, las unidades subordinadas y el mando superior norteamericano.

Eloy Veravento, quien se encontraba en Oriente, rememora: “Como técnico de vuelo, debo auxiliar al piloto en la maniobra del avión, manipular los controles, además de la preparación de la máquina para salir.

“Cuando comienza el desembarco, por la madrugada, todavía oscuro, el piloto Jaquet Lagas me despierta: ‘¡Arriba que vamos a salir!’ En la torre de control no hay ni luz, el personal busca en el mapa a Girón. Como yo vivía cerquita de allí los ayudo a ubicarlo enseguida.

“Como mi primera misión, me ordenan tirarle bombas al aeropuerto de Girón para evitar aterrizajes mercenarios; sin embargo, no batimos el blanco. Teníamos bombas de combate de 500 libras y las tablas de bombardeo eran para bombas de práctica de 100 libras, por lo tanto no correspondían. Después llegan Adriano Sánchez y Juan Suárez Plaza, y comienzan a corregirlas. Debemos recordar que en la base todo el personal se concentra en arreglar los aviones. El día 17 se llegan a poner once de alta para el combate. Existía una moral muy elevada”.

Por su parte, Alberto Fernández explica que en San Antonio permanece un grupo de pilotos cadetes y mecánicos traídos del Mariel. “Ellos cargan a mano, desde el suelo, las bombas activadas de 500 libras. Los cohetes del sea fury también. La gente corre por las calles y taxiway (pista de rodaje) con las cintas de bala, por falta de carro. Se respiraba unión entre los compañeros, todos queríamos hacer algo”.

Ese día, se derriban además dos bombarderos medianos B-26 y se averían otros tres. Asimismo, la fuerza aérea daña tres barcazas de los tipos LCU y LCVP, y hunde una con enemigos dentro.

Desafortunadamente, mientras cumplían misiones de combate, mueren el capitán Silva Tablada con su tripulación, integrada por el cadete navegante Alfredo Noa, el sargento artillero Martín Torres y el mecánico Reinaldo González. También perece el primer teniente Carlos Ulloa (nicaragüense), quien a bordo del sea fury No. 543, resulta derribado por un B-26 enemigo.

“Silva era muy humano, excelente compañero, revolucionario, fidelista. Venía de capitán desde el Ejército Rebelde, tenía buena formación de piloto. Muy accesible para los demás, eso sí, no se le podía decir mentiras; si le hablabas siempre con la verdad lograbas lo que fuese”, recuerda su compañero de vuelo, el técnico Sánchez.

El desarrollo de los acontecimientos y la reacción de los mercenarios durante el 17 son explicados por el Comandante el 23 de abril de ese mismo año:

“Cuando llega la noche realmente ellos se han encontrado con una sorpresa que no esperaban de ninguna manera, y es nuestra fuerza aérea. Ellos calculaban que estaba fuera de combate por completo. La fuerza aérea les hunde más de la mitad de los barcos, les derriba cinco aviones y le brinda protección a nuestra fuerza. El primer día finaliza de esa forma (…)”

Otras fuentes consultadas:
- Suárez Pérez, Eugenio y Acela Caner Román. Fidel: Días de Girón. Ediciones Verde Olivo, La Habana, 2001.
- Hernández Garaboto, Jorge y Felipa Suárez. La fuerza aérea en revista Verde Olivo edición especial 45 años de Girón, La Habana, 2006.

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