Vigías de la paz

Por Susana Pérez Gil / 15-03-2013

El 13 de marzo de 1963, en la escalinata de la Universidad de La Habana el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz convocó a la juventud del país para integrar tropas especializadas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Al llamado del máximo líder respondieron con efusividad más de dos mil jóvenes de todas partes del territorio nacional.
Entre ellos estaba el hoy teniente coronel (r) Miguel Gonzáles Fontanills. “En esa época arribaron a Cuba procedentes de la URSS, una serie de complejos coheteriles antiaéreos considerados entre los más modernos del mundo. Urgía reunir compañeros con amplios conocimientos técnicos.

“Por tal motivo, Fidel extendía la invitación fundamentalmente a aquellos que cursaban carreras técnicas o ingenieras, así como oficiales de las milicias o miembros del Ejército Rebelde con condiciones para asimilar el empleo de estas armas estratégicas para la defensa. La reacción fue masiva”, rememora.
Así, surgiría el embrión de las Tropas Coheteriles Antiaéreas (TCAA). Luego sucedieron varias etapas esenciales para su consolidación. El proceso de aprendizaje y asimilación de las nuevas armas continuó hasta finales de 1964. A partir de ese momento se convirtieron en guardianes celosos de nuestro cielo.
Al coronel (r) Rafael Fonseca Raga, le dieron la noticia en el corte de caña. Durante esos días cumplía la misión de apoyar la zafra azucarera en el central Augusto César Sadino. Junto a otros miembros del ejército revolucionario, fue seleccionado para formar los primeros grupos enviados a estudiar en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. “Cuando terminé la preparación me ubicaron en una unidad cerca de La Habana. Nuestra principal misión consistía en proteger los actos celebrados en la Plaza de la Revolución”.
Las TCAA cumplieron además misiones en Angola y Etiopía. Fonseca Raga guarda en su memoria entrañables recuerdos. “Los años que estuve en la república angolana fueron de mucho trabajo y gran tensión. Los complejos coheteriles siempre estaban en posición uno, alertas ante cualquier ataque”.
Por su parte Miguel alega: “Jugaron un rol muy importante sobre todo en Angola durante la última etapa de la guerra. Los aviones sudafricanos restringían el vuelo en las zonas donde estábamos porque conocían la efectividad y potencia de nuestras armas”.
Cuando estos fundadores rememoran el pasado advierten el desarrollo de la especialidad a la cual han dedicado su vida. “Hace cincuenta años las tropas nacieron con un ingeniero principal, la mayoría eran técnicos y estudiantes –afirma González Fontanills. Hoy están más consolidadas. Existen gran cantidad de ingenieros en todo el país, además cada año se gradúan oficiales con mayor preparación y dominio de las nuevas tecnologías”.

Con nuevos bríos
La facultad de Defensa Antiaérea (DAA) y tropas radiotécnicas del Instituto Técnico Militar José Martí (ITM), Orden Antonio Maceo, Orden Carlos J. Finlay, ostenta entre sus objetivos principales la formación de los futuros ingenieros y técnicos en la especialidad.
El programa de estudio garantiza la integralidad en la preparación de nuestros estudiantes –apunta el coronel Víctor Rosell Zayas.
Única en el país, en esta facultad los alumnos cursan asignaturas básicas como Matemática, Física, Electrónica, Ondas de Radio, Circuitos Eléctricos…, hasta el tercer año. Posteriormente, comienzan a especializarse en diversos perfiles, entre ellos las TCAA.
“El proceso docente educativo comprende la teoría y la práctica. Además de las salidas en campaña que son las maniobras tácticas realizadas en el terreno con tiro real de combate. Como parte de la preparación, también realizamos prácticas de mando en las unidades”, señala el coronel Rosell Zayas.
Ante el vertiginoso avance de la tecnología y su impacto en la carrera armamentista, la institución proyecta sus esfuerzos hacia el perfeccionamiento constante tanto de los medios de combate como de los métodos de enseñanza.
Al respecto el profesor titular, Doctor en Ciencias Técnicas, teniente coronel Jorge Lázaro Martínez Díaz, sostiene: “Los proyectos de curso y trabajos de diploma están dirigidos al perfeccionamiento del desarrollo tecnológico de la especialidad en las FAR. Incluso, como parte del programa general se ha incluido el estudio de la electrónica digital avanzada y otras asignaturas vinculadas con esta rama”.
Y agrega: “Los últimos conflictos militares han demostrado que la defensa antiaérea es vital para la protección del país. Con nuestros recursos y la capacidad creativa de los ingenieros, hemos logrado modernizar las armas con el fin de volverlas más ágiles y efectivas en su actividad”.
El cadete de quinto año Jesús Manuel Maquintoche Sánchez se prepara en el perfil Estación de conducción de cohetes y aspira, una vez graduado, continuar su preparación en las unidades.
“La preparación recibida en clases es excelente. Nuestros profesores poseen gran experiencia, en su mayoría, ostentan el grado académico de másters y doctores en ciencias. También contamos con todos las herramientas necesarias para el estudio y con nuestros trabajos investigativos realizamos valiosos aportes al desarrollo de las tropas”, declara.
Al observar una batería de despegue parecería que semejante artefacto jamás podría ser manejado por una mujer. Sin embargo para Lilian Mendoza Cadrelo, cadete de cuarto año, ser rampera no disminuye sus virtudes como fémina.
“No somos menos delicadas por dirigir una rampa de lanzamiento, sino todo lo contrario. Siempre intentamos estar bien arregladas y damos nuestro toque femenino a estos complejos”.
Orgulloso de su especialidad, el coronel Rosell Zayas afirma que el cielo está seguro. “Estos cincuenta años han servido para consolidar nuestras tropas, transformar estructuras, elevar la capacidad combativa. En este proceso, los complejos coheteriles han pasado por diversas etapas de modernización y adaptación a las nuevas condiciones. Pero lo más importante, el desarrollo ha sido fruto del intelecto y la creatividad cubanas”.

Sincronización perfecta
“Todo funciona como un sistema, si uno falla, fallan todos”, afirma la subteniente Greisy Danay Hernández Medero, oficial de Radiodirección en el complejo coheteril Pechora. Luego de su graduación en el ITM se incorporó a una unidad de TCAA en el Ejército Occidental y confiesa que aunque su labor “no tiene fechas ni horarios” ama cada instante invertido en la cabina de conducción.
Junto a otras especialidades, las tropas coheteriles antiaéreas tienen el compromiso de velar por la seguridad de nuestro espacio aéreo. El empleo efectivo de estas armas puede rechazar cualquier intento de ataque enemigo. En este sentido la vigilancia activa en las unidades de combate garantiza la invulnerabilidad del cielo cubano.
“Nosotros somos los primeros en salir al combate –expresa el teniente coronel Luis Ángel Arias Gimeno, jefe de la unidad. Cada integrante del grupo depende del trabajo del otro. Desde la localización del objetivo hasta que se efectúa el disparo, todos los miembros del complejo deben estar preparados y en completa sincronización”.
“Durante los ejercicios combativos –narra–, el momento más emocionante es la salida del cohete y su impacto en el blanco. Cuando sucede, sentimos una gran satisfacción, porque significa que el tiempo invertido en el mantenimiento de los equipos en alta disposición combativa no fue en vano”.

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