Sobre los pasos de los héroes

/ 10-12-2012

Con el toque de atiendan todos comenzó, a las seis de la mañana de este 7 de diciembre, el homenaje al aniversario 116 de la caída en combate del Mayor General Antonio Maceo Grajales y su ayudante, el capitán Panchito Gómez Toro.







La colocación de la ofrenda floral ocurrió en San Pedro,
donde perdió la vida el Titán de Bronce en 1896. Foto: Boris F. Atiénzar Viamontes

En horas de la tarde de aquel día siete de diciembre, Maceo se encontraba reposando en una hamaca cuando le sorprenden en el campamento de La Montiel los disparos del enemigo, no muy lejos de allí.

La diana agramontina dispone el inicio de la marcha. Miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR),
el Ministerio del Interior, la Federación Estudiantil Universitaria
y Unión de Jóvenes Comunistas son los protagonistas. Foto: Boris F. Atiénzar Viamontes


Un siglo y dieciséis años antes, Maceo buscaba entre la tropa un corneta disponible, pero nadie aparecía. Recuperados de la primera sorpresa, marcharon unos metros hacia el lugar donde se reúnen este día numerosos jóvenes. El Titán, a pesar de no conocer bien el terreno, decide enfrentar a los españoles. Una cerca de alambre le impide continuar el camino que se había trazado para sorprenderlos. Los mambises que le acompañaban comenzaron a tumbarla, cuando se escucharon sus últimas palabras: Esto va bien.

Lombillo, sito en Bejucal, occidental provincia de Mayabeque.
Lugar donde se limpiaron y prepararon los cadáveres de Maceo y Panchito para velarlos.
Foto: Boris F. Atiénzar Viamontes

Súbito, un disparo le cercenó la vida al Mayor General y lo volvió inmortal entre los héroes. El desconcierto se apropió de los demás combatientes, quienes regresaban al campamento desmoralizados. Panchito, quien se encontraba de rebaja de servicio, marchó dispuesto a encontrarse con Maceo y rescatarlo, o morir en el intento.

El sol sorprende entre las hojas, ahuyenta a la neblina.
Vamos rumbo a La Ceiba, poblado pequeño de la zona. Allá esperan los pioneros,
y una abanderada representa la valía de las mujeres durante la guerra de independencia.
Foto: Boris F. Atiénzar Viamontes

Pionera abanderada. Foto: Boris F. Atiénzar Viamontes
La marcha continúa. Foto: Boris F. Atiénzar Viamontes
Panchito encontró muerto a su jefe. No pudiendo rescatar el cuerpo, decidió quitarse la vida. Pero el joven tenía el brazo en cabestrillo, y la herida que se proporcionó no fue lo suficientemente grave para acabar con su vida. Unos prácticos españoles que se acercaban, terminaron a machetazos con su existencia.
Mientras en el campamento, el coronel mambí Juan Delgado, presto a defender la honra de su líder, llamó a los suyos a las armas: ¡El que sea cubano y tenga valor, qué me siga!
Rescataron, pues, los cadáveres de Maceo y Panchito. Un periplo de tres kilómetros los llevó hasta Lombillo. Permaneció oculto durante los próximos años, el lugar de enterramiento. Es el mismo recorrido que este 7 de diciembre rememoran los participantes en la marcha.

Los camilitos, jóvenes estudiantes de las FAR, eran el nacimiento del río
verde que semejaba aquella marcha. Foto: Boris F. Atiénzar Viamontes

Bejucal recibe a los marchantes, porque ellos representan la vigencia histórica de los ideales de Maceo.
Muy cerca del lugar donde se encuentran, se sitúa la tumba actual del Mayor General y su ayudante,
en el mausoleo del Cacahual. Foto: Boris F. Atiénzar Viamontes

Un pequeño acto homenaje a la efeméride. Se conmemora, además, el aniversario 23 de la Operación Tributo,
cuando llegaron a la Isla, en 1989, los restos mortales de los combatientes internacionalistas,
principalmente, los caídos en África. Foto: Boris F. Atiénzar Viamontes


Según el teniente Jorge Arce Martínez, recordar esta fecha mantiene viva la historia Patria. “Para mí es un honor, porque marcho no solo como militar, lo hago también en nombre de todos los jóvenes cubanos”.
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