Siempre Camilo

Por primer teniente Sonia Regla Pérez Sosa / 09-11-2012

“[…] una noticia se extendía como reguero de pólvora y hacía lucir radiante los rostros entristecidos, ‘Camilo Cienfuegos había aparecido’, la ola de alegría se convirtió en locura general, el pueblo se lanzó a la calle en pleno y gritaba eufórico: Apareció Camilo”.

Ante esta situación, el nueve de noviembre de 1959, la revista Verde Olivo ocupó sus primeras páginas para aclarar que el Comandante Camilo Cienfuegos seguía desaparecido.

De esta manera, se desmentían las noticias difundidas con crueldad por alguna planta de radiodifusión trujillista o batistiana, las cuales, una vez más quisieron jugar con los sentimientos del pueblo y aprovecharon la tristeza de toda la Isla, ante la ausencia indescriptible del Héroe de Yaguajay, para propagar la falsa esperanza de su hallazgo.

La revista apuntaba cómo los militares sentían la misma desesperación que el pueblo ante la falta prolongada del jefe de Estado Mayor del Ejército Rebelde, mas admitía la imposibilidad de su muerte.

Basaba su postura en que “… solo desaparecen de su pueblo los traidores y, los vendidos, […] porque los hombres de esta tierra indómita, los hombres que comprenden los verdaderos sentimientos que lo animaban en la lucha, que lo impulsaban a dar su vida en aras del ideal sagrado de la patria, no se resignan a perderlo, nosotros siempre comprenderemos su obra, su vida, sus acciones y veremos en la cimentación de la República la mano experta y desinteresada del líder Camilo Cienfuegos”.

Entonces expuso cómo, a pesar de que la mentira redobló el dolor y la angustia mostrada en cada rostro cubano, el pueblo no se resignaba a contemplar pasible la desaparición.

Por tal motivo, la publicación llamó a marchar hacia la muerte o el triunfo definitivo, para demostrar la firmeza del pueblo al “defender esta obra que hombres como el Comandante Camilo Cienfuegos, contribuyeron con su esfuerzo y su sangre a forjar”.

A partir de aquí, aumentaron las horas de la población frente al mar en espera del regreso. Tal vez ahí cayó la primera flor al agua. Al principio, como forma de intercambio, después, en honor al hombre del sombrero alón.

Poco a poco esta acción se volvió costumbre y cada octubre, el relevo más joven de su ejército de rebeldes junto al pueblo, le rinden homenaje al jefe de la columna Antonio Maceo.

Mantienen, sin saberlo, una de las ideas del editorial de hace cincuenta y tres años al conservar “en cada pecho honrado y viril […] el recuerdo de la obra meritoria del líder y […] de uno de los más grandes hombres de nuestros tiempos”.

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