“Lo más importante son las imágenes”

Por Olivia Marin Alvarez / 20-09-2012

Con más de tres décadas de experiencia como fotorreportero, participante en la lucha contra bandidos y en los conflictos armados de Angola y Nicaragua en el rol de corresponsal de guerra, Juan Luis Aguilera Herrería, laureado con la Réplica del Machete Mambí del Generalísimo Máximo Gómez Báez, nos cuenta su historia.

Nacido en Manzanillo, Granma, en el oriente del país, se vinculó con las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) a principios de la Revolución e inició los estudios para corresponsal de guerra.

“Terminé la escuela en La Habana, y de ahí fui para Guantánamo, a la frontera. Estuve un año aproximadamente, y entonces me enviaron a la lucha contra bandidos”.

Posteriormente se desempeñó como fotógrafo en la fílmica de las FAR y en 1975 comenzó en la revista Verde Olivo.

Verde Olivo. fue lo mejor que me pudo pasar. En aquella época era muy joven, tenía un poco de fotógrafo y camarógrafo, pero no poseía la experiencia desde el punto de vista periodístico. Allí, en realidad, aprendí esa técnica”.

Durante su permanencia en la publicación, desarrolló trabajos sobre los más disímiles temas: la zafra, la construcción de comunidades, entre otros.

Más adelante, llegaron las misiones internacionalistas. Estuvo en Angola, en 1976 y luego, durante dos meses, en Nicaragua. “Se combatía todos los días contra los grupos que venían desde Honduras o Costa Rica”.

Para Aguilera la profesión de fotógrafo es muy diferente a la de reportero. Con la misión de captar en su gráfica cada momento trascendental, el fotorreportero de guerra debe lograr que su trabajo refleje el contexto histórico vivido en ese lugar.

“Yo me sumerjo en la realidad, y así le sucede a muchos corresponsales que van detrás de los disparos buscando las instantáneas, sin importar el riesgo. Lo más importante son las imágenes, pero si uno no sale, metido en un hueco no las vas a obtener”.

Después del cierre de la revista, como consecuencia del Período Especial, Aguilera trabajó durante un tiempo en el periódico el habanero y luego pasó a Tribuna de La Habana, donde se desempeña como fotorreportero.

Merecedor de numerosos premios y distinciones, asegura que mientras recibe cada uno piensa en el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque.

“Hace unos años me encontraba en Santiago de Cuba, en la cobertura de un recorrido del ministro de defensa de Vietnam por el país y arribamos a la Granjita Siboney. En el transcurso de la visita, tras algunas fotografías, observo a Almeida y Raúl conversando debajo de un árbol, y voy hacia allá para tomar una foto. Es entonces que al Comandante Almeida le llama la atención un sello José Martí que yo tenía puesto y que otorgaban por resultar periodista destacado durante cinco años consecutivos. Antes de retirarme, me lo quité y le digo: 'Mire Comandante, yo quiero regalarle el sello'. Pero Almeida no lo aceptó, me dijo que lo conservara”.

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