Marinos en la mar

Por teniente Sonia Regla Pérez Sosa / 28-05-2012

Como parte de sus prácticas de navegación, dos grupos de guardiamarinas de la Academia Naval Granma de la Marina de Guerra Revolucionaria (MGR) se hicieron a la mar en el buque escuela Carlos Manuel de Céspedes.

La navegación alcanzó las cuatrocientas sesenta y nueve millas náuticas al bordear la costa norte cubana, desde la bahía de La Habana hasta el Cabo de San Antonio, de ahí hacia Matanzas y de retorno a la capital.

Bastaron ochenta y siete horas con treinta y siete minutos para que los guardiamarinas pudieran aplicar de forma práctica, los métodos de navegación de estima y costera y astronómica.

“Aplicar la asignatura Geografía Naval, nos ayudó a reconocer y estudiar la cayería por donde navegamos y las elevaciones. Del mismo modo, los diferentes métodos de posicionamiento: marcación y distancia, GPS o marcaciones corridas, nos permitieron calcular la hora de través con los faros y algunos accidentes geográficos”, manifiesta el guardiamarina de cubierta MGR Dino Ricardo Sol Pedroso, jefe de compañía.

“Además, apunta el teniente de navío Mauricet Navarro Pichardo, primer profesor de la Cátedra de Cubierta, se impartieron clases relacionadas con la meteorología, el Reglamento Internacional para Prevenir los Abordajes (RIPA), los hábitos y habilidades sobre marinería, el trabajo de recorrida, las maniobras y la documentación de su departamento de combate”.

Los futuros oficiales de cubierta que protagonizaron esta “salida”, se forman para integrar la MGR unos, y la Marina Mercante otros. “Mas como las prácticas las realizaron sobre navegación, una asignatura base para todas las especialidades, ambos grupos compartieron las horas de guardia en el cuarto de derrota y realizaron los ejercicios planificados”, explica el capitán de fragata Ricardo Hernández Galego, segundo jefe de la Cátedra de Cubierta.

El plan de prácticas ayudó a que los marinos de guerra de segundo año y los mercantes de tercero se complementaran en todas las actividades a bordo.

“Y cuando en ocasiones los guardiamarinas mercantes realizaban ejercicios astronómicos y los de guerra observaban por no haber recibido esta teoría, también fueron aprendiendo. Eso quiere decir que el año próximo, cuando les dé este método, llegarán a las clases más preparados y se motivarán por la asignatura”, refiere el profesor Navarro.

La navegación también sirvió para mostrarles la realidad de la vida en el mar, de lo difícil que resulta este medio adverso y solitario. Pero como para ser osados se forman, solucionaron cada problema enfrentado, según la guardiamarina Patricia Zamora García, de la especialidad de Marina Mercante, gracias al apoyo de compañeros y jefes, lo cual es muy importante a la hora de desempeñarse en el cargo.

“Además, la tripulación nos auxilió con los elementos de marinería, las tareas en el buque, los medios de seguridad a bordo, y el arranche”, especificó Zamora García.

Crear sentido de pertenencia por la Academia, la marina y la navegación constituye uno de los valores fundamentales de estos viajes, afirma el teniente de navío Navarro, pues “ellos se llevan de aquí la experiencia de la vida a bordo del buque, del tiempo de servicio de guardia, del trabajo con los instrumentos, las cartas y los software de navegación”.

A los profesores, en cambio, la travesía les permitió mantenerse vinculados con la especialidad, renovar las habilidades adquiridas en otros viajes y hacer prácticas las teorías.

Vista como arte o ciencia, la navegación enseñó que trasladar un buque de un punto a otro con seguridad resulta una mezcla de las experiencias de todos los navegantes, fundamentada en leyes matemáticas, físicas, meteorológicas, incluso, literarias, por ser una aventura marítima incierta y casi inenarrable.

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