Un relato de medio siglo

Por Analía Ferreira / 04-05-2012

Quienes nacieron después del triunfo revolucionario de 1959, difícilmente comprendan la connotación de términos tales como desigualdad social, analfabetismo, pobreza, inanición. Posiblemente para ellos solo sean palabras cuando la maestra, en las clases de Historia de Cuba relacionadas con la liberación nacional, insistía en que la única oportunidad de victoria era la lucha armada.

Defender a ultranza nuestro presente significa el más alto honor de las nuevas generaciones. Sin embargo, para concientizarlo es indispensable conocer el pasado.

En la actualidad, se torna imprescindible enamorar a los jóvenes con buenas narraciones. Más, si todavía coexisten muchos de los participantes de aquella gesta emancipadora. A través de anécdotas cargadas de sensibilidad humana y coraje, en las voces de los protagonistas o en letras plasmadas en libros, revistas, folletos, crece también la manera de motivar el amor a la Patria.

De ahí el enorme valor histórico que posee el relato Cuidando heridos, en Pasajes de la Guerra Revolucionaria, publicado en la revista Verde Olivo hace cincuenta años. En dichas líneas, el comandante Ernesto Che Guevara narra las vicisitudes sufridas por su tropa horas después de la toma del cuartel del Uvero en 1957, así como los disímiles obstáculos vencidos durante días para el traslado y cuidado de los lesionados.

En el texto convergen sucesos descritos con un lenguaje sencillo y atractivo. Se aprecia el extraordinario sentido de humanidad y respeto que caracterizaban al guerrillero heroico. Asimismo, permite descubrir la lealtad de muchos campesinos, quienes apoyaron incondicionalmente la causa de los rebeldes.

Cuenta el Che: “(…) nuestra capacidad de transporte solamente alcanzaba para un herido puesto que, en las condiciones difíciles del monte, hay que llevar los heridos en hamaca colgadas de un tronco fuerte que literalmente destroza los hombros de los portadores, que tienen que turnarse cada 10 ó 15 minutos, de tal manera que se necesita de 6 a 8 hombres para llevar un herido en estas condiciones (…)”.

Emociona conocer cómo a pesar del cansancio, la mayoría de las veces sin bocado alguno en el estómago y malheridos, aún contaban chistes, ofrecían consejos u olvidaban el agotamiento propio a fin de auxiliar a un compañero. Mas prevalecía un sueño, un objetivo común más allá de los problemas y las necesidades particulares: la libertad de Cuba.

Todos aportaron un pedazo de sí en aras de construir y fortalecer la nación cubana. Y como asevera el Che en las últimas líneas: “De muchos esfuerzos sinceros de hombres simples está hecho el edificio revolucionario (…) Los que hoy vemos sus realizaciones tenemos la obligación de pensar en los que quedaron en el camino y trabajar para que en el futuro sean menos los rezagados”.

Cuidando heridos trasciende hasta nuestros días porque permite redescubrir la historia desde la perspectiva de sus protagonistas. Desata aún más la admiración hacia aquellos hombres y mujeres, hoy héroes, pero ante todo, seres humanos.

Artículos relacionados

Trabajos del Che en Verde Olivo

Enlaces directos