Contra sombras enemigas

Por Bega / 16-04-2012

El amanecer del sábado 15 de abril de 1961 no iluminó con rayos solares el suelo cubano. Fueron estallidos de bombas, el haz resplandeciente en el cielo. Aviones embusteros atacaron casi simultáneamente los aeropuertos de Santiago de Cuba, la base de San Antonio de los Baños y el campo de la aviación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en Ciudad Libertad, La Habana.

Los estremecedores estruendos pusieron en pie de guerra a una nación, víctima de una operación concebida y sincronizada por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, y con ayuda del Pentágono.

A pesar de la sorpresiva ofensiva, jóvenes de manos obreras y campesinas empuñaron las piezas de artillería, impidiendo que continuara el ataque a los aeródromos.

Dos días después, entre las 02:00 y las 02:45 horas, cerca de 1 300 a 1 500 huestes usureras desembarcaron por Playa Girón, Playa Larga y la playa de Buenaventura, en la provincia de Matanzas.

Miembros de las Milicias Nacionales Revolucionarias, que vigilaban aquellos lugares, dieron la alarma al mando central y junto a los pobladores, expusieron sus vidas al intentar frenar el avance enemigo.

Mujeres, niños, ancianos suspiraban por última vez sobre la arena o se incineraban en sus bohíos por causa de bombas despiadadas. Todo el pueblo se movilizaría en defensa de la Patria. ¡Había que acabar con la barbarie!
La presencia de las baterías antiaéreas en el frente, y de los morteros, tanques y cañones, auguraban la precipitada derrota del invasor. En menos de setenta y dos horas las fuerzas aéreas y antiaéreas de la naciente Revolución derribarían diez aparatos. El fuego de estas armas resultó decisivo durante la acción.

Tanto la aviación como la artillería antiaérea fueron tareas primordiales de la naciente Fuerzas Armadas Revolucionarias. Con el triunfo de 1959 el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz encontró una reducida y dispersada fuerza aérea. Inmediatamente asignó al capitán Enrique Carreras Rolas la misión de organizarlas.

En cuanto a la artillería antiaérea surge a fines de 1960 con la instrucción de combatientes, en el manejo de las ametralladoras 12,7 y 14,5 milímetros, y de cañones antiaéreos de 37.

Desde entonces, su valía no solo quedó demostrada ante la intentona mercenaria por Girón. Las participaciones exitosas, en la ayuda solidaria a otros pueblos, han dejado bien claro, la preparación y audacia de los cubanos con estas armas.

La Defensa Antiaérea de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba (Daafar) no envejece. Soldados adiestrados en la rejuvenecida técnica, portan la certera visión de abatir el blanco que ose privarnos de un rayo de sol.

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